Argentinos en Nueva York que buscan sentirse como en casa
Hay artistas, cocineros, heladeros, diseñadores y bailarines de tango.El dulce de leche y la denominación "Patagonia", marcas de origen.
NUEVA YORK.- «Lástima que esté tan lleno de argentinos», repiten los argentinos, cada vez que regresan de algún destino lejano. Y sí: argentinos hay en todas partes. Puede al viajero gustarle o no el encuentro con sus compatriotas. Pero, en general, es inevitable. A veces alcanza con pedir un café en un bar, en un inglés confuso para que el vecino de al lado, en rioplatense puro, pregunte: «Sos de Argentina, ¿de qué ciudad sos?».
Nueva York, la capital del mundo, no es la excepción. Además de los ocasionales turistas, en esta enorme ciudad es posible regodearse, o enfurecerse, con productos, comercios, restaurantes, diseñadores y hasta chantas nacionales, que mudaron sus esperanzas bastante más al norte. Usted podrá aprender a bailar el tango con profesores argentinos, podrá comer carnes criollas, podrá comprar electrónicos baratos en Broadway atendido por rosarinos. En Nueva York, es posible sentirse cerca de casa.
Dulce satisfacción
¿Los mayores orgullos? Allí, poco escuchará hablar de Maradona; a los norteamericanos sigue sin interesarles el fútbol. En ciertos ambientes, el arquitecto César Pelli, egresado de la universidad de Tucumán, es muy mencionado. El World Financial Center, su diseño más famoso en esta ciudad, es considerada la obra civil más admirada de las últimas décadas.
Pero es nuestro dulce de leche lo que podrá ver más seguido. Finalmente, luego de varios fracasos, el manjar argentino se impone en Manhattan. En cualquier supermercado se encuentran viles copias norteamericanas. Si es un original lo que se busca, en las sucursales de las exquisitas tiendas Dean & Deluca habrá un frasco de La Salamandra, entre la colección de tés de India y el azúcar morena importada de Mali. En los restaurantes de comida «nuevo latino», estilo fusión muy de moda este año, es obligatorio disponer en la carta de postres de un panqueque con dulce de leche. Los restoranes Patria (en Chelsea) y Vandam (en Tribeca) son buena alternativas.
Cualquier heladería ya cuenta con el dulce de leche entre sus gustos predilectos. Está, por caso, en Starbucks, en Ciao Bella, en Artso y en Mangia, todas cadenas de cierta importancia. La marca de helados más vendida del mundo, HÑagen-Datz, lanzó al mercado hace dos años el sabor «caramel» (un sinónimo trucho), pero no tuvo mayor éxito. En 1999 le cambió la denominación. Ahora en los tarritos dice, sin medias tintas, «dulce de leche». Hoy, en Nueva York, el gusto compite por el primer puesto de los más pedidos con el chocolate. Por cierto, el diario New York Times eligió a una heladería de argentinos como la mejor de la ciudad. Se llama Cones y está en el bohemio Greenwich Village.
El dilema de quedarse o partir
El escaso grado de confianza en la actuación del Gobierno con vista al futuro parece ser el factor decisivo para que la gran mayoría de los argentinos piense que lo mejor para un joven profesional es emigrar al exterior.
Tal afirmación se desprende de la encuesta realizada por «Demoskopía» -Instituto para la Investigación de Mercado y Estudios Políticos- cuyos estudios y trabajos ha utilizado frecuentemente «Río Negro».
La pregunta disparadora fue: «Si usted tuviese que aconsejar a un joven profesional si le conviene más vivir y trabajar en la Argentina o vivir y trabajar en el exterior, ¿qué le aconsejaría usted?».
De acuerdo a los resultados, publicados en el boletín Nº 138, del 6 del corriente, La gran mayoría, un 42,2% de una muestra representativa en el ámbito de la Capital Federal y del Gran Buenos Aires aconsejaría a un joven profesional vivir y trabajar en el exterior. La franja opuesta que le recomendaría desarrollarse en la Argentina abarca sólo un 26%. El resto de los encuestados se muestra indeciso (6,8%) o responde con un «depende» (25%).
Otra de las observaciones indica que más «fieles» a su país son las mujeres. De ellas, un 37% recomendaría la radicación en el exterior, porcentaje que en el segmento de los varones trepa a un 49%.
Entre los jóvenes se destacan, en ese clima general de opinión, los estudiantes que están formándose en una carrera profesional. Los datos reflejan el gran escepticismo que tienen respecto de su futuro. Sólo un 8,1% recomendaría la Argentina. Más que cualquier otro segmento poblacional, un 63% piensa que es más conveniente desarrollarse personal y profesionalmente en otras regiones del mundo.
Del estudio surge otra información que se refiere directamente al accionar político. Habitualmente se supone que la situación económica y social de las personas es el factor que más alienta la emigración. No obstante entre los que consideran su situación económica como «mala» o «muy mala», sólo levemente sobre el promedio (42%), un 46% recomendaría a un joven profesional vivir y trabajar en el exterior. Lo que más influye en esa cuestión son las expectativas en cuanto al desarrollo económico del país y el grado de confianza en la política económica del Gobierno. Sólo un 23% de la población opina que la política económica del Gobierno actual es un paso en la dirección correcta. Más que el doble, un 52% manifiesta una opinión opuesta. De ese segmento muy fuerte que está en desacuerdo con la política económica, casi la mitad aconsejaría a un joven profesional abandonar el país.
Lo mismo recomendaría un 54% de quienes no tienen ninguna confianza en que el Gobierno solucionará los problemas económicos. De ese grupo poblacional, sólo un 18% recomendaría a un joven profesional que se quede en el país.
«En este sentido -concluye el informe- no es tanto la situación real actual la que influye sobre la opinión pública con respecto a la emigración sino, con vista al futuro, la confianza/desconfianza en la actuación del Gobierno. Por eso, crear confianza parece ser el nuevo rumbo que debería imprimir a su gestión un Gobierno que quiere evitar la partida de ciudadanos potencialmente valiosos».
Pequeños refugios para tomar café o leer el diario
A los neoyorquinos, casi sin excepción, les suena más la denominación «Patagonia» que «Argentina». Cuando se les menciona que Río Negro es un estado de la Patagonia, abren bien grandes los ojos y preguntan si el pasaje es muy caro. Todos quieren conocer el sur argentino.
Explotando ese anhelo, Alejandro Pellicari abrió, a pasos de la sede de la ONU, el Patagonia Café. Allí se pueden hojear revistas argentinas mientras se desayuna con un café al gusto nacional y un alfajor Havanna. Eso sí, si quiere enterarse de las noticias frescas del país, deberá ir a Newstand, al 1500 de la avenida Broadway, donde «Clarín» y «La Nación» llegan con un día de retraso.
En el oultet (ofertas) de la disquería Tower Records, en East Village, hay CDs de Mercedes Sosa a mejores precios que en la Argentina. Y cualquier librería cuenta con ejemplares de Manuel Puig (muy seguido en los Estados Unidos desde el éxito de «El beso de la mujer araña») y de Jorge Luis Borges.
Pero si su melancolía llega a límites insospechados, diríjase al local de ropa de alta montaña «Patagonia», en el Soho. Allí no hay argentinos, pero apenas ingrese a la tienda, se encontrará con una enorme foto de un paisaje sureño: un Renault 12 surca una meseta con fondo montañoso.
Hay para elegir. Si es de los que, por curiosidad, quiere saber como les va a los compatriotas en la ciudad más competitiva del mundo, aquí tiene un humilde listado. Si le tocan en suerte unas vacaciones en Nueva York y su intención es evitar a los argentinos, ya sabe donde no tiene que ir. (G.A.G.)
Gonzalo Alvarez Guerrero
NUEVA YORK.- "Lástima que esté tan lleno de argentinos", repiten los argentinos, cada vez que regresan de algún destino lejano. Y sí: argentinos hay en todas partes. Puede al viajero gustarle o no el encuentro con sus compatriotas. Pero, en general, es inevitable. A veces alcanza con pedir un café en un bar, en un inglés confuso para que el vecino de al lado, en rioplatense puro, pregunte: "Sos de Argentina, ¿de qué ciudad sos?".
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