Huida hacia el blue

Por Redacción

Para los que quisieran creer que los mercados siempre reflejan la realidad con mayor precisión que las estadísticas oficiales, el que a fines de la semana pasada el dólar blue haya llegado a casi 12 pesos plantea un problema espinoso. Todos los economistas serios coinciden en que el blue debería valer a lo sumo 9 pesos, como el dólar tarjeta, pero sucede que son cada vez más los convencidos de que sería mejor comprarlo ahora, por exagerado que les parezca el precio, de lo que sería esperar algunas semanas. Se ha intensificado tanto el temor a que el país esté por sufrir un nuevo cataclismo económico que todos aquellos que son capaces de hacerlo tratan de aferrarse al dólar norteamericano que, a pesar de todo lo ocurrido en los años últimos en el exterior, sigue simbolizando la estabilidad. En cierto modo, el clima actual se asemeja al imperante a inicios del 2002, cuando el dólar cotizaba pasajeramente a más de 4 pesos, pero al restaurarse la confianza pronto bajaría a un nivel más razonable que mantendría durante los nueve años siguientes. ¿Podría repetirse la historia? No hay muchos motivos para creerlo. Mientras que en aquel entonces el país, que acababa de experimentar un ajuste brutal y caótico, no tardaría en verse beneficiado por el “superciclo” de los commodities atribuible a la irrupción comercial de China, se prevé que en los años próximos el valor de los productos del campo que exportamos se reduzca levemente. Asimismo, si bien los ingresos procedentes de la venta de la cosecha posibilitarían cierto alivio en marzo, no sería suficiente como para modificar mucho un panorama que se ve dominado por la sensación de que un gobierno extraordinariamente ineficaz se encuentra perdido en un laberinto sin salida visible. El salto del blue siguió a la caída de las reservas del Banco Central por debajo de los 30.000 millones de dólares. Desde enero del 2011, cuando alcanzaron un nivel récord, las reservas han perdido casi 23.000 millones, el 77% a partir de la aplicación del cepo cambiario. Pero no sólo se trata de la consecuencia de una suerte de protesta multitudinaria contra un gobierno que un buen día decidió, por razones supuestamente patrióticas pero en realidad porque necesitaba más dinero, impedir que la gente ahorrara en una moneda extranjera. Luego de agotar otras fuentes de ingresos, entre ellas las provistas por las retenciones al campo y los fondos jubilatorios antes privados, los kirchneristas optaron por incorporar el Banco Central a “la caja”. También se vio obligado el gobierno a gastar miles de millones de dólares en la compra de energía a precios internacionales. Puesto que al ritmo de drenaje actual el Banco Central se vaciaría antes de terminar la gestión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, no le queda más alternativa al gobierno que la de cambiar de rumbo, pero, por una mezcla de orgullo, ceguera ideológica y miedo a la reacción popular, se resiste a hacerlo. Hasta hace relativamente poco tanto los economistas “ortodoxos” como los políticos opositores miraban lo que sucedía con ecuanimidad. Suponían que habría muchos problemas pero que así y todo “el modelo” no se desplomaría de manera dramática, como hicieron otros que, por un rato, habían gozado del apoyo de los equivalentes contemporáneos de aquel 54% que respaldó en las urnas a Cristina en octubre del 2011. Pues bien, el estado de ánimo mayoritario está cambiando. Al darse cuenta más personas de que, por ser insostenible la situación actual, la opción ya no es continuar como antes o ajustar sino dejar todo en manos de los mercados para que hagan el “trabajo sucio” por un lado y, por el otro, exigirle al gobierno asumir plenamente sus responsabilidades indelegables, por ingratas que éstas sean a ojos de una presidenta que quiere limitarse a difundir buenas noticias, comienzan a oírse voces alarmistas. ¿Sabrá el gobierno reaccionar a tiempo para ahorrarnos una crisis institucional mayúscula? A juzgar por la forma letárgica de actuar que lo caracteriza desde que, por motivos de salud, Cristina tuvo que alejarse del centro del escenario, procurará demorar lo más posible la hora de la verdad, aunque ya debería serle evidente que no está en condiciones de controlar los acontecimientos.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.124.965 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Martes 24 de septiembre de 2013


Exit mobile version