Un mensaje perverso

Por Redacción

Entre otras cosas, los blanqueos sirven para confirmar que, a juicio de las autoridades de turno, la Argentina es un país tan congénitamente corrupto que sería inútil tratar de cambiarlo castigando a los evasores impositivos, poniéndolos en “trajes de rayas”, como propuso aquel dechado de honestidad financiera, Néstor Kirchner, cuando iniciaba su gestión presidencial. Lo mismo que tantos gobiernos anteriores, el de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner ha decidido que, puesto que no podrá derrotar a los evasores, sería mejor invitarlos a colaborar. De tomarse en serio a los voceros oficiales, en adelante quienes se han habituado a operar al margen de la ley serán el motor del “modelo” kirchnerista. Según el ministro de Planificación, Julio De Vido, el blanqueo es necesario porque sin él “enfriaría la economía y se paralizarían las obras”. ¿Y si los evasores, personajes cautos que no suelen confiar demasiado en las promesas gubernamentales, se niegan a arriesgarse? Parecería que el gobierno está convencido de que en tal caso el “modelo” se hundiría, ya que de otro modo no se le hubiera ocurrido abandonar la patriótica cruzada pesificadora a la que se entregó con entusiasmo desbordante hace menos de un año para probar suerte con una que, en opinión de ciertos opositores maliciosos, podría calificarse de dolarizadora. Sea como fuere, aun cuando resultara exitoso el intento de congraciarse con los infractores, los dólares así recuperados apenas llegarían a la mitad de los que huyeron del cepo cambiario. Es posible justificar los blanqueos con argumentos pragmáticos, realistas, si se quiere, como el ensayado el jueves pasado por el viceministro de Economía, Axel Kiciloff, al señalar que “nada ganamos ignorando esos dólares”, pero quienes piensan como él pasan por alto los costos a largo plazo supuestos por la violación consentida de las reglas. Premiar a los evasores impositivos que, conforme al esquema ideado por el gobierno, ahorrarán mucha plata, significa perjudicar a todos los muchos ciudadanos que siempre han abonado los impuestos aun cuando hayan previsto que el gobierno despilfarraría buena parte del dinero recaudado repartiéndolo entre sus amigos. Como dijo el socialista santafesino Hermes Binner, lo que el gobierno tiene en mente es legalizar el lavado, premiar a los corruptos y garantizar impunidad. En otras palabras, un equivalente local del notorio gángster norteamericano Al Capone no tendría motivo alguno para temer verse encarcelado por evasión de impuestos, como en efecto sucedió en Estados Unidos en 1931. Puede que tarden en aparecer los beneficios de una estrategia de tolerancia cero hacia la corrupción, la evasión y otros delitos económicos, pero sucede que la decadencia prolongada de la Argentina se debe precisamente a la negativa de la clase política a pensar en el futuro porque demasiados integrantes saben que de aplicarse la ley con rigor, ellos mismos o miembros del partido en que militan podrían terminar entre rejas. En una sociedad corrupta en que escasean los políticos que se han mantenido limpios, es mucho más fácil pactar con malhechores de lo que sería perseguirlos, con el resultado de que los dirigentes se acostumbran a privilegiar los intereses personales de sus compañeros o correligionarios por encima de los de la ciudadanía en su conjunto, de ahí el estado lamentable de la infraestructura, como acaba de recordarnos el tendal de muertos causado por la inundación de zonas extensas de La Plata, la inoperancia de tantas reparticiones públicas que están en manos de militantes improvisados y, huelga decirlo, las repetidas crisis económicas que, a través de los años, han depauperado la mitad de la población del país y que, tal y como están las cosas, continuarán estallando luego de haber disfrutado una parte de la población de una bonanza pasajera posibilitada por una coyuntura internacional favorable. Aunque un gobierno respetuoso de aquellas pautas morales básicas que todos reivindican no garantiza que por fin el país logre aprovechar plenamente no sólo sus recursos naturales sino también los humanos, uno que los desprecia tanto como el encabezado por Cristina no podrá sino provocar un desastre porque en última instancia siempre antepondrá las ambiciones, por lo común desmedidas, de personas determinadas, al bienestar común.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.031.695 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Domingo 12 de mayo de 2013


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