Así reaccionó cuando su expareja publicó fotos de ella desnuda

La activista feminista Emma Holten fue víctima de “revenge porn”, un tipo de venganza sexual en la cual, exparejas suben fotografías o videos de personas desnudas sin su consentimiento a la web. En la mayoría de los casos lo hacen, luego de una ruptura o una infidelidad. Ella cuenta cómo reaccionó.

FEMINISTA SUECA

Emma Holten es una activista feminista sueca, que como muchas mujeres, fue víctima de un exnovio que subió fotos de ella desnuda a sitios porno.

Según narra en un ensayo publicado www.hystericalfeminisms.com una mañana del 2011 se levantó y no podía chequear su cuenta de Facebook, ni correo electrónico. En cambio empezó a recibir mensajes con links donde encontró que sitios porno tenían fotos de ella desnuda.

“Lo que sucedió era un hecho: las fotos estaban ahora en línea. Me había transformado en una de los cientos, cientos de miles, de chicas que entran en la industria del porno contra su voluntad. Pensé ´¿Qué tan malo puede ser esto?´, los chicos en el colegio lo encontrarían hilarante, probablemente; hablarían por diez minutos: “A la m…, ¿Has visto a Emma? Era humillante, por supuesto, pero nunca me he sentido avergonzada de mi cuerpo o mi sexualidad. Sin dudas deseé que nunca hubiese sucedido, pero no imaginé lo que sucedería durante los siguientes dos años”, explica en el ensayo.

Las semanas pasaron y Emma empezó a recibir mensajes sobre sus fotos de hombres desconocidos, padres de familia hasta adolescentes, todos hombres que eran conscientes que las fotos habían sido publicadas contra su voluntad y que de alguna manera encontraban erótico eso.

Según explica Holten, de esa manera se acepta la idea de la mujer como un objeto y se valida el acoso hacia las mujeres.

“Buscar mis fotos, y las fotos de las víctimas como yo, es participar activamente en la deshumanización del cuerpo femenino. Hacer esto es olvidar el sentido de esas mujeres, quien sexualizándose a sí mismas para una persona, no se han convertido en objetos sexualizados. Hacer eso olvida que ninguna persona se merece ser reducida a un objeto”, sentencia.

Cómo recuperarse de semejante ataque

Luego de haber “odiado” su cuerpo mucho tiempo, Emma llegó a una solución. Le pidió a la fotógrafa Cecilie Bodker que la fotografiara desnuda. “Las fotos son un intento de hacerme un sujeto sexual en lugar de un objeto. No me avergüenza mi cuerpo, pero es mío. El consentimiento es la clave. Así como la violación y el sexo no tienen nada que ver, las fotos con y sin consentimiento son cosas completamente diferentes”, explica. raíz de ello, esta joven de 20 años creó una campaña en contra de la “porno venganza”, fotografiándose desnuda, pero bajo su voluntad, haciendo cosas cotidianas en su hogar, como lavándose los dientes, echándose crema en la cara o leyendo un libro. Incluso una de ellas muestra una cicatriz en su pierna.

Sus imágenes fueron publicadas en el sitio “Friktion Magasin”, una revista danesa “para el sexo, cuerpo y cultura”.

“Los hombres que veían mis fotos sabían que era contra mi voluntad, que yo no quería estar ahí. La falta de mi consentimiento les resultaba erótica, disfrutaban de mi sufrimiento. Saber que eso les excitaba me hacía sentir como si tuviera una soga alrededor del cuello”, cuenta Emma.

“Es un acto de activismo, para crear conciencia, para subrayar la cantidad de gente que ni siquiera ve la diferencia entre una imagen compartida con o sin consentimiento”, agrega.

En el texto cuenta que una mañana de octubre no pudo acceder ni a su e-mail ni a su cuenta de Facebook. Sin embargo no le dio importancia ya que solía olvidar las contraseñas. Cuando pudo entrar tenía cientos de mensajes y correos electrónicos con imágenes de ella desnuda en la habitación de su ex novio. “Me convertí en las decenas de miles de personas que entran a la industria del porno sin su consentimiento y pensé: ‘¿Qué tan malo podría ser?’ Probablemente los chicos en la escuela lo encontrarían gracioso y lo comentarían por unos 10 minutos. Fue humillante, obvio, pese a que nunca me he sentido avergonzada de mi cuerpo o mi sexualidad. Sin duda que quise que nunca hubiese sucedido, pero no pude imaginar los próximos dos años en la escuela (en Uppsala, Suecia)”, escribe.

Una interpretación de lo que le ocurrió a Emma

La sexóloga Constanza del Rosario explica que las personas que se enfrentan a estas situaciones muchas veces lo evidencian como si fuera un abuso sexual.

“Se sienten violentadas y agredidas por parte de alguien con quien tuvieron un vínculo, lo cual agrava el trauma porque hay una irrupción de su intimidad contra su voluntad”, dice.

Pasaron las semanas y los mensajes seguían apareciendo en sus redes sociales y web junto a otras víctimas de revenge porn, mujeres que nunca quisieron que sus fotografías fueran publicadas y que nunca quisieron la atención de más de una persona que no fueran sus parejas.

“Las feministas somos señaladas y ridiculizadas por nuestra crítica a los piropos”

Algunos de los hombres que le escribieron, que por cierto eran de todo el mundo, preguntaban si sus padres sabían que era una prostituta. “Ellos disfrutaban de mi sufrimiento, la ausencia de mi consentimiento lo encontraban erótico”, comenta Emma. Y agrega: “Una cosa es ser sexualizada por gente que te atrae, pero una cosa muy distinta es la falta de un ‘tú’, cuando la deshumanización del cuerpo es el factor principal”.

“Me di cuenta que si hubiera sido una modelo cuya función es sexualizar, habría sido de poco interés. Mi cuerpo no fue el factor atractivo, además vi que mi pérdida de control legitimó el acoso. Era una mujer caída que cayó en el juego de nadie”.

Bajo este punto, la sexóloga indica que aquellas personas que fueron violentadas de esta manera deben ser tratadas igual que a las personas que son abusadas y violadas. “Lo que se tiene que trabajar es el trauma para que vuelva a retomar la confianza y autoestima porque la seguridad se ve trastocada y la sensación de vulnerabilidad aumenta”, asegura.

Y Emma se decidió a publicar sus propias “creepshots”

Ya cansada de su situación y de las miles de mujeres que son utilizadas como un objeto sexual, Emma comenzó a publicar una especie de propias “creepshots”, un fenómeno mundial en donde le sacan fotografías a los pechos y traseros de las mujeres sin que ellas se den cuenta, para ver cómo se comportan los hombres al ver estas imágenes.

Pese a que los hombres no sabían que eran a propósito, igual les generaba una cierta excitación y en su mayoría preguntaban dónde se podían conseguir más fotos de la mujer.

“Las feministas a menudo somos señaladas y ridiculizadas por nuestra crítica a los piropos, la sugestión es que no podemos manejarlo. Por supuesto que podemos, más bien nuestra crítica se dirige a cómo se posiciona el cuerpo de la mujer en los espacios públicos y se trata de un objeto para ser sexualizado, incluso si está trabajando, esperando un taxi o recogiendo a sus hijos. Se trata de una notificación de que, lo que sea que esté haciendo, una persona pasa y la sexualiza”, manifiesta.

Lo que Emma busca con sus fotografías consensuadas es una participación activa de las mujeres en la deshumanización del cuerpo femenino ya que cree que los hombres no se excitan viendo una foto artística de una mujer desnuda, sino que lo hacen cuando es “clandestina”.

Al contactarse con Cecilie Bødker y explicarle la idea que tenía, la fotógrafa le dijo que hacer imágenes de mujeres desnudas sin que a los hombres les llamara la atención y sexualizarla como un objeto era casi imposible.

Pero le dieron una oportunidad y probaron. Efectivamente no tuvo gran repercusión ni la misma viralización que las fotos publicadas por su ex novio.

“Las fotos son un intento de hacerme un tema sexual en lugar de un objeto. No me avergüenzo de mi cuerpo, pero es mío. El consentimiento es clave. Así como la violación y el sexo no tienen nada que ver entre sí, las imágenes compartidas con y sin consentimiento son cosas completamente diferentes”, afirma.

Agencias

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“Las feministas somos señaladas y ridiculizadas por nuestra crítica a los piropos”

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