Así será el Centro Cultural de Aluminé

Bocetaron la obra los arquitectos Enrique Speroni, Gabriel Martínez y Juan Flores.

arq.

Un nuevo paso en pos de lograr la construcción del Centro Cultural dio Aluminé: es que mediante una excepción, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BID-BIRF) aceptaron que el mismo estudio de arquitectos que diseñó el anteproyecto -elegido mediante un concurso nacional de ideas- sea el encargado de llevar adelante el proyecto ejecutivo que se requiere para poder licitar la obra. El Centro Cultural estará a la vera del río aprovechando así al máximo el sol. El predio establecido para hacerlo tiene 26.000 m² y la superficie cubierta será de aproximadamente 1.200 m², con un monto estimado de obra de $ 7.200.000. Las visuales que ofrecerá cuando esté realizado serán imponentes. Imponente es el paisaje que lo contendrá y con el que no va a competir si no a asociarse y distinguirse. Un espacio circular previsto en el anteproyecto propiciará el encuentro, informan desde el municipio de Aluminé. Su forma retomará la tradición mapuche. Será convocante, contenedor, cíclico. Así debe ser –según la concepción de sus autores- el espacio público en Aluminé, un pueblo abrazado por los Andes y el río del cual toma su nombre. Un pueblo que abraza y contiene a quienes lo eligen para vivir o ir de visita. La obra fue bocetada por los arquitectos Enrique Speroni, Gabriel Martínez y Juan Flores de La Plata y ganó el “Concurso Nacional de Ideas para el Desarrollo del Espacio Público y Anteproyecto de un Centro Cultural” que se hizo en 2010. Urbanistas de todo el país participaron de ese concurso. Hubo 36 anteproyectos. A partir del momento en que la idea fue elegida se pensó en cómo plasmarla. Al obtener el financiamiento para hacer el proyecto ejecutivo, el próximo paso que se presenta es gestionar los fondos para concretarla. El edificio propone un natural sentido de la secuencia, el recorrido y el uso del tiempo. Fue presentado al Concurso de Ideas bajo el seudónimo “Línea cultural” y procuró vincular a la ciudad con el río y el parque lineal costero a través de ejes conectores transversales que continúan la trama urbana, contribuyendo a la estructuración del espacio público. Al elegirlo, el jurado consideró que era “elogiable el tratamiento de la ribera con intervenciones sencillas, de mucha vitalidad y utilidad para el habitante de la ciudad como la bici senda y los senderos que recuperan el diálogo con el río”. EL EDIFICIO El acceso al edificio está previsto a través de un hall distribuidor que articule los dos sectores del centro cultural; por un lado, el Salón Multipropósito (que permitirá la ubicación de 500 personas sentadas, estará acondicionado acústicamente y equipado con sistemas de sonido, iluminación y proyecciones y contará con un sector destinado a escenario desmontable) y el resto-bar y por el otro lado, aulas y locales auxiliares. En el hall habrá un sector de recepción e informes. La planta es expansiva. Recintos menores se vuelcan a recintos mayores que se imbrican entre sí y remiten a una totalidad. Posee un sentido de la escala, donde el tratamiento minucioso de espacios menores “agranda”, por contraste, los espacios mayores. El punto de conexión entre lo público y lo privado, lo pequeño y lo grande, permite experimentar la capacidad de adaptación del espacio arquitectónico a las funciones del Centro Cultural y al entorno natural. Bajo una cubierta única, cobija la variedad de actividades requeridas. La explanada y el patio de ceremonias, con sus funciones de espacio público, actúan como complemento exterior del programa. El volumen limpio del edificio emerge expresado a partir de su estructura como expresión constructiva y espacial a la vez. La estructura de madera laminada a la vista de pino ponderosa, la cubierta de tejuelas de madera y los solados de piedra laja y hormigón integran un repertorio acotado de materiales. La ubicación que tendrá –en zona cordillerana, a la vera de un río- ha hecho que se contemplen desde el primer momento los aspectos ambientales como una de las ideas fuerza que debía tener la propuesta arquitectónica. Porque conocer las circunstancias particulares e irrepetibles de un clima, permite actuar con mayor grado de eficiencia. La coherencia con el entorno autóctono y cultural fue otra gran determinante en la decisión del proyecto. El edificio tiene la habilidad de asociarse y de distinguirse del paisaje natural y de la variada topografía. Toma el declive como recurso paisajístico y lo potencia. Su implantación y forma actúan como elementos de autoprotección y refugio guardando relaciones amables con el entorno. En el tratamiento de los espacios exteriores, reaparece la forma circular, presente en la cosmovisión y la cultura de los pueblos originarios, la forma del cultrún, como una expresión inequívoca de pertenencia al territorio. El anteproyecto paisajístico aborda los espacios exteriores del Centro Cultural proponiendo diversos tipos de plantaciones. Una de ellas, las barreras cortavientos (álamos y maitenes) con función bioclimática: con cortinas, sendas, relieve y masa preexistente que promuevan el uso de los espacios exteriores inmediatos del edificio para diversas actividades culturales, ferias y eventos. Otra, la consolidación del bosquecillo espontáneo con la incorporación de diversas especies nativas y “precursoras”. También se prevé un jardín de la biodiversidad patagónica con carácter educativo y recreativo. Estará conectado con el circuito de bicisendas y presentará especies de arbustos y herbáceas señalizadas con datos botánicos y ecológicos.


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