Bandoneón y saxo, puro aire de zamba y tango

Los dos notables músicos se presentan mañana.

Por Redacción

“Yo no conozco Neuquén, pero vale contar que el último disco que hicimos fue para conquistar a una bailarina neuquina”, cuenta Blas.

Luego de una extensa gira por Suiza, Turquía y España, Soplando Tango se presenta en varias ciudades de Argentina y en Río de Janeiro. El saxofonista Blas Rivera en saxofón y Fabián Carbone en bandoneón, unidos por el mismo aire. Buenos Aires y también aires de candombe, de zamba. Ahora rumbo al sur, más precisamente al Herradura Hotel Suites, Ruta 22 km 1.230, Plottier, donde tocarán mañana. Fabián Carbone nació en Buenos Aires, en una familia de bandoneonistas y músicos de tango. Fue parte, como compositor y arreglista, de diversas agrupaciones instrumentales tangueras y con el ensamble que lleva su nombre, grabó recientemente el disco “Milonguero” actualmente en gira mundial. Ha trabajado con Fito Páez, Joaquín Sabina, Shakira, Enrique Morente, Plácido Domingo, Pedro Guerra, María Dolores Pradera, Miguel Cantilo, Diego El Cigala, Imperio Argentina, Guillermo Fernández y Nacha Guevara. Blas fue Revelación en el Festival de Jazz de Montreux 1999. Compositor y saxofonista, ha grabado siete CD con notable diversidad temática y policromía de arreglos. “Yo no conozco Neuquén, pero vale contar que el último disco que hicimos “Canción para conquistar a la bailarina” (con Pablo Agri en violín, el bandoneón de Walter Castro, Diego Gonzalo en piano, el contrabajista Juan Pablo Navarro y Carlos Rivero en bombo) fue para conquistar a una bailarina neuquina que anda por todo el mundo y no podrá verme en Plottier porque está en Estados Unidos ahora. Pero voy a estar con la mamá, en su chacra, sus dulces caseros… Es una situación muy linda, muy afectiva”, cuenta a “Río Negro”. –¿Cómo ves la relación con Fabián y su bandoneón? –Muy bien porque estamos enamorados todavía… No, fuera de broma, yo toco con él en quinteto o cuarteto desde hace unos ocho años y nos surgió hacer esto solos porque son dos instrumentos muy llamativos, muy fuertes y cuando se juntan es puro viento para todos lados. Viéndolo desde otro ángulo, ninguno de los dos es americano: el saxo lo creó un belga y el bandoneón es alemán y sin embargo son los instrumentos míticos de las dos puntas de América. Y nosotros dos nos encontramos afuera, así que es como una vuelta. Bandoneón y saxo calzan muy lindo. Yo estuve haciendo algo parecido con otro bandoneonista (Héctor “Tito” Cartechini) hace tres años, en gira por Europa y Brasil. El integró la orquesta de Pugliese, Osvaldo Piro, durante once años, Horacio Salgán, Miguel Caló, José Basso y Piazzolla, con quien grabó como segundo bandoneón. Tenía obras originales de Astor que ni siquiera habían sido grabadas, manuscritas algunas, otras sin editar. Tito me llamó y nos juntamos por primera vez en un espectáculo llamado Pantaleón, segundo nombre de Piazzolla, mostrando el lado desconocido del gran maestro. Ahí me enganché, parecen instrumentos hechos el uno para el otro. Conversan muy bien. –Astor se juntó con Gerry Mulligan en “Reunión cumbre”. –En el 74, hicieron otro tanto. Fue el disco de jazz más vendido en Europa. Yo siento que nuestros instrumentos son como dos pulmones conversando, y no es solo una metáfora… El saxo es cuerpo puro, con saliva que va y viene, administración del aire. Bueno, ahí estamos apasionadísimos con el dúo, soplando tango. Hacemos Gardel, Piazzolla, obras mías, algún jazz, tangos tradicionales, andamos por todos lados. Aparte, el Fabián viene del tango-tango, es de Morón, y yo soy cordobesazo y vengo del jazz, viví muchos años en Estados Unidos. Esto lo construimos juntos. Hace mucho que ando por afuera hablando francés, portugués, lo que sea. Hace casi veinte que vivo en Río de Janeiro y desde el 2005 en Madrid. Voy y vuelvo. Y Fabián reside en la capital española hace unos quince. Allá nos conocimos y empezamos a meterle aire y a soplar para recuperar el útero, para volver al patio, haciendo música argentina. Después de andar tantos años fuera, una novia argentina arrastra, vuelve a la casa. Es una forma de golpear la puerta para que nos hagan un lugarcito acá.

Eduardo Rouillet eduardorouillet@gmail.com


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