Barreras y desafíos para el desarrollo de la cereza en la región

La apertura del mercado chino sobre la oferta exportable de los valles de la norpatagonia es un paso importante para la actividad, pero no es lo que definirá su futuro.



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Inspectores chinos verificando la producción regional.

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Los funcionarios aseguran que Mercosur acota mucho las posibilidades de firmar acuerdos bilaterales de libre comercio que beneficien al país.

La apertura formal del mercado chino para la cereza argentina es sin duda una muy buena noticia para la región. El trabajo de la Cámara Argentina de Productores de Cerezas Integrados (CAPCI) fue muy importante para agilizar el acuerdo comercial entre ambos países.

Todo indica que el potencial de crecimiento que pueden tener los valles de la norpatagonia con el desarrollo de este tipo de actividad no tiene techo. El presidente Mauricio Macri señaló, semanas atrás, con un optimismo algo desbordado que, en poco tiempo más el sector demandará alrededor de 100.000 nuevos puestos de trabajo.

Desde la oferta del negocio se observa que en los Valle de Río Negro y Neuquén existen hoy más de 10.000 hectáreas, con toda su infraestructura de riego intacta, en estado de abandono y que en poco tiempo pueden ponerse en producción. Desde la demanda, la apertura de China y los mercados asiáticos abre un negocio para abastecer a más de 500 millones de personas, ávidas por adquirir este fruto. Las dos puntas, demanda y oferta, como en muy pocos negocios, muestran todo su potencial de crecimiento. Pareciera que no hay forma de torcer los acontecimientos, pero no nos olvidemos que estamos en la Argentina, con todo lo que eso significa dentro de la historia de las economías regionales.

Si bien los astros están alineados, mucho es el trabajo que queda por hacer. Existen antecedentes con grandes triunfos en la materia. Chile, que ya en varias oportunidades fue mencionado en estas mismas páginas, es un ejemplo para imitar. Las estadísticas avalan el excelente trabajo realizado en ese país. Durante la temporada 1997/ 98 logró exportar al mundo 2.720 toneladas de cerezas. Dos décadas después, durante la cosecha 2017/18, los niveles de ventas externas alcanzaron las 186.702 toneladas, es decir las colocaciones se multiplicaron por 70 (ver infograma adjunto). Esto refleja a las claras que, si el país se lo propone, se puede.

Hoy la norpatagonia (donde están concentradas las explotaciones de cerezas) exporta algo más de 4.600 toneladas, niveles similares a los de Australia y Nueva Zelanda, pero lejos de nuestro vecino trasandino.

¿Qué necesitó Chile para dar semejante salto?

– Una producción de cerezas competitiva, de calidad y con variedades que demande el mundo.

– Acuerdos entre el sector público y privados para lograr la mejor forma de abrir los mercados externos.

– Reglas económicas locales de largo plazo claras para una actividad que necesita lograr rentabilidad en sus ciclos de producción.

Tres variables que deberían ser claves para una actividad con potencial de desarrollo. Pero estamos en la Argentina, un lugar donde ser empresario es un tema complejo.

Sobre el primer punto que mencionamos, la norpatagonia está en condiciones de producir calidad y variedades que demanda el mercado. Eso ya se demostró en estos últimos años con los proyectos puestos en marcha.

Los ruidos ya comienzan en el requisito siguiente. Es poco lo que se avanza en la relación Estado sector privado a la hora de hablar de políticas públicas para abrir nuevos mercados. Los funcionarios aseguran que Mercosur acota mucho las posibilidades de firmar acuerdos bilaterales de libre comercio que beneficien al país. Pero también está la burocracia estatal que no termina de comprender la dinámica que presentan las economías regionales, lideradas por el sector privado, y no da señales claras tendientes a cambiar el rumbo de esta historia.

La tercera variable es la más complicada de esperar. Pareciera que el gobierno nacional, que ya lleva más de tres años en el poder, no quiere dar la discusión de fondo para sacar al país de la crisis en la que está sumergida. La producción es un pilar clave para esto. Y el caso de la cereza puede llegar a ser un ejemplo más de otro caso de fracaso argentino. Están dadas las condiciones edafológicas y climatológicas para desarrollar la oferta, está la demanda potencial en Asia para adquirir el producto, pero no llegan las inversiones (ni locales ni externas) para iniciar este salto en la región de la norpatagonia. Pensemos fríamente, sin desmerecer el enorme esfuerzo realizado para abrir el mercado chino, ¿quién puede asomarse a invertir en un país con una inflación estructural cercana al 30% para este año, tasas de interés arriba del 55% anual, un tipo de cambio altamente volátil, cambios en las cargas impositivas que modifican las ecuaciones de cualquier proyecto sustentable y un riesgo país que hace inviable el desarrollo de cualquier modelo económico? En definitiva, con la apertura del mercado chino la cereza argentina ha dado un paso importante pero lejos está de ser el definitivo para orientar el desarrollo del sector.

Seguir avanzando

Muchos son los empresarios y productores que apostaron en los valles de Río Negro y Neuquén a la producción de cerezas en todo este último tiempo. La mayor parte de ellos no pueden desensillar de estas inversiones y continuarán buscando todos y cada uno de los recursos para seguir ganando competitividad en los mercados mundiales.

El desafío que tienen por delante es enorme y sus expectativas se mantienen frente al complejo escenario económico del país.

El gobierno nacional debe tomar nota que poco aportó en estos tres años de pobre gestión para inducir a ingresar en un circulo virtuoso a las producciones de las economías regionales del país. Sin los cambios necesarios para revertir esta situación, la producción de cerezas pasará a ser parte de la larga lista de frustradas iniciativas generadas desde los valles de la norpatagonia. Los problemas de la Argentina no están afuera, los tenemos adentro.

Datos

Los funcionarios aseguran que Mercosur acota mucho las posibilidades de firmar acuerdos bilaterales de libre comercio que beneficien al país.

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