Barriletes en el Lácar

En estos espléndidos días del verano cordillerano, frente a la puntilla de Quila Quina, los deportistas experimentados y los que hacen sus primeros deslizamientos bajo la guía de un instructor disfrutan del viento mientras la vela del “kite” los arrastra con fuerza sobre las cristalinas aguas del lago.

El kite surf es un deporte que toma cada vez mayor impulso en las playas del lago Lácar, donde las ráfagas de viento suelen permitir a todo el grupo familiar disfrutar de la actividad en un marco natural de ensueño.

Las características de esta práctica la hacen posible para casi cualquier persona de buena aptitud física, siempre y cuando los recién iniciados cuenten con un maestro que les indique las nociones mínimas para llevarla a cabo sin asumir riesgos.

En el enorme espejo de agua cristalina del que se vale la ciudad de San Martín de los Andes, el lugar preferido por los riders es la puntilla de Quila Quina, donde se ven chicos desde los 12 años hasta mayores de 60 divirtiéndose.

Allí se agrupan casi todos los días para aprovechar el verano los amantes de un deporte característico por los saltos en el agua y la adrenalina que genera el dominio de los vientos, así como también por la relativamente poca exigencia física y técnica que se requiere para practicarlo.

De la treintena de fanáticos que residen en esta ciudad, uno de los que más lo demuestra es Juan Pablo Poggi –conocido como “Chommpi”– quien a la postre cuenta con título habilitante como profesor de kite expedido por la Organización Internacional de Kite (IKO, según su sigla en inglés).

Para aprender, de acuerdo a la escuela a la que pertenezcan los instructores, se ofrecen clases diarias o bien por módulos, los cuales llevan varias horas de práctica divididas a lo largo de una serie de días, que pueden ser más o menos de acuerdo con el dominio que vaya adquiriendo cada alumno de las técnicas del kite.

El primer módulo abarca el contacto inicial con los equipos, su armado, conocimientos básicos atmosféricos, manejo de la vela en tierra y en agua sin calzado de tabla.

El segundo módulo implica las primeras prácticas de navegación, es decir el ir y venir sobre el agua. Y el tercer módulo ya sería el de perfeccionamiento de la técnica de traslado.

El valor del curso completo individual es de 3.500 pesos o de 3.000 por persona si se toman de

a dos, lo que incluye además de los equipos, la asistencia de una lancha par hacer frente a cualquier eventualidad.

Para los turistas, que acaso dispongan de poco tiempo, se organizan cursos intensivos en la medida que lo permitan las condiciones meteorológicas.

Un juego de niños

Como deporte, se puede decir que el kitesurf (“Barrilete” + “Tabla” en inglés) parece un juego de niños llevado a lo grande.

Se trata de un gran barrilete impulsado por el viento que otorga fuerza de tracción para transportar al sujeto adonde quiera, con una tabla en sus pies que sirva de deslizante.

Además, el kite permite aprovechar la fuerza del viento para saltar bastantes metros sobre el agua, lo que genera gran cantidad de adrenalina.

En términos sociales, este deporte es parecido al surf y similares, donde los kiters se reúnen y comparten la práctica en grupos de amistad, ya que siempre hay momentos para la reflexión y la evolución de nuevos trucos.

Según la fuerza del viento y el peso de cada persona se utilizan barriletes de distinta dimensión. Normalmente, por los vientos locales se usan kites de 12 metros cuadrados y de 9 para los días de ráfagas de mayor intensidad.

En cuanto a las tablas, las que mejor se adaptan al lago Lácar son las de tipo bidireccionales (muy parecidas a las de wakeboard) y alguna que otra vez la de surf, ya que cuando sopla fuerte se generan buenas olas.

Además, es necesario un traje de neoprene, dado la temperatura de las aguas. Uno de 4/3 es lo más recomendable.

“Los equipos no son baratos y no esta bueno verlos enganchados de un árbol”, explica “Chommpi” con un dejo de humor ácido. “Peor sería, igualmente, darse un golpe feo”, agrega.

“Es un deporte con algo de riesgo, la fuerza del viento nos puede sorprender en cualquier momento y de no aprender a controlarlo puede ser peligroso. Se requiere práctica y conciencia… pero una vez que lo empezás a manejar se transforma en un vicio”, asegura. (ASM)

Más info:

www.kitepatagonia.com

Los “kites” que más se usan en el Lácar son los de 12 metros cuadrados.

San Martín de los Andes


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