Biotecnología y mercado

Por Eduardo Basz

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a biotecnología ha dejado de ser ciencia ficción para convertirse en un negocio rentable. En el corazón de las selvas tropicales y en los desiertos africanos, los científicos buscan un nuevo El Dorado. Asistimos al nacimiento de una época bastante similar a la de los grandes navegantes de la época renacentista y su consecuencia: la conquista.

Existe, no obstante, una diferencia inquietante: la conquista se hará, esta vez en nombre de la ciencia. Como quedó demostrado en la reciente conferencia mundial sobre la ciencia celebrada en Budapest a mediados de año, la genética y sus posibilidades se centran en este momento en el eterno debate sobre los límites de la ciencia.

Lo novedoso de la polémica reside no sólo en las consecuencias de la aplicación de estas tecnologías sino también en sus implicancias económicas.

A diario leemos, oímos o vemos noticias acerca de la oveja “Dolly”, los alimentos transgénicos o el maravilloso mundo de la doble hélice de ADN de Watson y Crick.

Estos avances científicos no son sino producto de la existencia de una gran industria genética de la que numerosas ONGs alertan sobre las amenazas a la biodiversidad del planeta.

Nadie quiere quedarse afuera del negocio que crece a un ritmo frenético. La consultora Frost and Sullivan ha calculado que sólo el cultivo de tejidos produjo unos beneficios de 427,6 millones de dólares a firmas estadounidenses en 1996. La misma consultora estima que una ganancia crecerá a un promedio del 13% anual durante los primeros cinco años del siglo XXI.

La materia prima de esta industria es la vida misma. Y el lugar donde se encuentra la mayor variedad son, precisamente, los países atrasados. Allí está el 90% de la biodiversidad. En el sistema jurídico instaurado por la Organización Mundial de Comercio, se afirmaron los derechos de propiedad intelectual sobre microorganismos, procesos biológicos y usos de los vegetales. Dicho en otros términos: quien primero encuentre una aplicación específica de determinado gen o línea celular puede patentar ese afortunado hallazgo bajo su propiedad, lo que antes era simplemente patrimonio del Universo.

Para la ONG Grains (Acción Internacional para los Recursos Genéticos), esta disposición provoca “una mercantilización de unos bienes, unos dones y un conocimiento que antes no pertenecían a la esfera del mercado”.

Muchas veces, las firmas multinacionales ni siquiera necesitan invertir en tareas de investigación y desarrollo. Simplemente, deben observar qué usos medicinales hacen las comunidades aborígenes de algunas plantas para así patentarlas.

Un reciente estudio de la Rafi (Fundación Internacional para el Progreso Rural) revela cómo las patentes se están convirtiendo en el principal activo a la hora de calcular el valor de una empresa. Así es como la farmacéutica Novartis declaraba públicamente que su estrategia es disponer de cuarenta mil patentes.


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