Caída libre
Por ya estar «pesificada» la Argentina oficial, el valor fluctuante de la moneda nacional en los mercados cambiarios no debería preocupar demasiado al presidente Eduardo Duhalde, pero puesto que hay una diferencia muy grande entre el país oficial y el real que, nos guste o no, persiste en aferrarse a la dolarización cultural que lo ha caracterizado desde hace más de treinta años, era lógico que el colapso del peso, que ayer se cotizaba a 33 centavos de dólar estadounidense, hiciera que muchos comenzaran a preguntarse cuánto tiempo más en el poder le quedará al gobierno actual. Al fin y al cabo, la llegada del dólar a una nueva «barrera psicológica», la de 3 pesos, fue la forma en la que el mercado reaccionó ante la información de que el FMI demoraría bastante la eventual ayuda a la Argentina, que en opinión del gobierno es fundamental, y también ante las afirmaciones inoportunas de un vocero presidencial, José Pampuro, según las cuales, además de haber descartado definitivamente un nuevo tipo de convertibilidad, Duhalde se proponía «profundizar» la participación del radicalismo en la toma de decisiones.
Lejos de inspirar confianza en la férrea voluntad del gobierno de hacer cuanto resulte necesario para normalizar la economía y de ampliar su base de sustentación política, las declaraciones de Pampuro reforzaron la impresión de que en realidad no sabe muy bien qué le convendría hacer en la situación nada feliz que ha sido creada por la resistencia del FMI y de las grandes potencias económicas internacionales a respaldar medidas que a su juicio no son coherentes. Desde el punto de vista de los técnicos del Fondo, mientras no esté en marcha un plan «sustentable» el envío de cualquier cantidad de dinero sólo serviría para agravar aún más la corrida cambiaria. En cuanto a la mayor participación de los hombres de la UCR, entre ellos Raúl Alfonsín, no se trata de la especie de iniciativa que contribuiría a tranquilizar a los preocupados por el riesgo de que se produzca una nueva marejada hiperinflacionaria.
Otro motivo del debilitamiento del peso consiste en la conciencia de que el «corralito» tiene tantos agujeros que todos los días salen aproximadamente 80 millones de dólares. Los responsables principales de romperlo son aquellos jueces que, por razones sin duda muy dignas, han decidido que al país le convendría el derrumbe de varios bancos más que la ruina de todos los ahorristas, exceptuando a los pocos que, gracias a la ayuda de un magistrado, tengan la buena suerte de encontrarse a la cabeza de la cola. Aunque es poco probable que haya incidido directamente en el mercado de divisas el procesamiento del ex ministro de Economía, Domingo Cavallo, por haber instigado a delinquir al ordenar a los bancos negarse a cumplir los fallos judiciales contrarios al «corralito», el que la ofensiva legal contra la medida haya cobrado tanto ímpetu habrá alarmado a muchos al recordarles que el destino de la economía nacional dependerá no sólo de populistas recién reciclados y el radicalismo bonaerense, sino también de las actividades de diversos jueces de convicciones ideológicas excéntricas que, según parece, se sienten totalmente indiferentes hacia las consecuencias concretas de sus fallos para el país en su conjunto.
Por desgracia, el riesgo país ya no interesa a nadie. Desde que Duhalde inició su gestión, el índice clave es «el dólar». Su evolución depende menos de los datos financieros que de la confianza de un sector muy importante de la población en su capacidad para manejar la economía nacional con realismo y sensatez. Por una serie de motivos, la semana pasada muchos llegaron a la conclusión de que el gobierno no está en condiciones de solucionar los problemas más urgentes y que, para colmo, la intervención de jueces que están hostigando a banqueros tanto nacionales como extranjeros, yendo al extremo de ordenar su detención, y militando activamente contra la política económica oficial, está provocando estragos irremediables que perjudicarán a la mayoría abrumadora de los habitantes del país. Es de suponer que Duhalde se cree capaz de superar los reveses así supuestos. Es de esperar que pueda hacerlo, porque el colapso prematuro de su gobierno a causa de las presiones populistas internas y un desborde judicial no beneficiarían en absoluto al país.