Calavera chilla en las vidrieras

Discretas o enormes, oscuras o coloridas, las calaveras forman parte imprescindible de la temporada 2013. ¿Cómo fue que un signo punk o relacionado con la muerte se transformó en un objeto de moda?

fotos: Hebe Rajneri diseño: Andrea Marrazzo.

Aunque ahora haya hasta enteritos para bebés con calaveras estampadas, el cráneo no siempre fue moda, ni tuvo tan amplia aceptación entre todos. Fue símbolo de rebeldía, allá por los 70, cuando la verdadera madrina del vestuario punk, Vivienne Westwood (la diseñadora británica que vistió a los Sex Pistols en su momento) le plantó una calavera, entre hojas de afeitar y ganchos, a la cara de la rebeldía. Pero lo suyo, al menos en aquel momento, no fue la masividad (ahora tampoco, a juzgar por los precios de sus diseños, mucho más recatados). Las calaveras se mantuvieron al margen de la tendencia con mayúsculas aunque aparecían en camperas de cuero y de jean, o en remeras, siempre negras, siempre gastadas, y casi siempre acotadas al duro estilo heavy metal. Hubo que esperar hasta el 2003 para que esos huesos empezaran a abrirse camino en las vidrieras de la boutiques. Fue cuando el enfant terrible de la moda británica, Alexander McQueen (que terminó suicidándose por depresión en 2010), hizo sus ahora clásicos pañuelos y los llevó por su pasarela para presentar la colección de primavera-verano de ese año. Las celebrities se lo anudaron al cuello y de a poco hicieron crecer las cuentas de la industria de moda a fuerza de imponer esas calaveras en todos los rincones. Unos años más tarde, McQueen se alió al siempre polémico (y discutido) artista Damien Hirst (famoso por su obra “La imposibilidad de la muerte física en la mente de alguien vivo”, del tiburón en formol). Juntos idearon una campaña de anteojos. ¿El tema en común? La calavera, claro (la promoción de sus lentes es la imagen que se ve sobre esta columna). Hirst ya había hecho, en 2007, su célebre calavera de platino incrustada con 8.601 diamantes, que fue vendida en 100 millones de dólares, probablemente la obra más cara de un artista vivo. Que McQueen y Hirst le vieron la veta comercial a ese símbolo, nadie podrá ponerlo en duda. Esa imagen que invocaba a la muerte se vació de sentido. O adquirió otro. Y ganó protagonismo en las vidrieras.

moda

Para dejar huella. Un trajecito de Ríe, para usarlo a la noche y después combinarlo, por separado, con jeans o un suéter. Audaz y divertido. Amoríos.


fotos: Hebe Rajneri diseño: Andrea Marrazzo.

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