Cambio en Washington
Puede que la decisión de reemplazar a Jorge Argüello en la embajada nacional en Washington por Cecilia Nahón, una joven militante camporista que se graduó en la London School of Economics, una institución prestigiosa que es célebre por la heterodoxia de muchos docentes, no se haya debido al enfrentamiento que semanas atrás el diplomático protagonizó con el secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno, un funcionario que se ha hecho notorio por su forma pendenciera de tratar a sus interlocutores sin preocuparse en absoluto por el lugar que ocupan en el organigrama gubernamental o en el mundo de los negocios, pero en vista del clima imperante en la Cancillería es natural que, no bien se difundieron detalles sobre el virtual relevo de un diplomático considerado eficaz hayan proliferado las versiones periodísticas en tal sentido. Según los enterados de los detalles de las reyertas internas que son rutinarias en el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el sorpresivo cambio fue consecuencia de las diferencias personales de Argüello no sólo con Moreno sino también con Timerman, aunque el embajador mismo, que se trasladará a Lisboa, una capital más tranquila y, en opinión de muchos, más agradable que Washington, ha procurado minimizar la importancia de las discrepancias así supuestas afirmando que en su caso ninguna resultó “determinante”. Sea como fuere, a Nahón, la que últimamente se ha desempeñado como secretaria de Relaciones Económicas Internacionales, le ha tocado emprender una tarea bastante difícil. Para extrañeza de los no familiarizados con la política norteamericana, el reemplazo del republicano George W. Bush en la Casa Blanca por el demócrata progresista Barack Obama no mejoró la tirante relación del gobierno de Cristina con Estados Unidos. Además del impacto negativo de episodios como el supuesto por la incautación por Timerman en persona de “material sensitivo” que llevaba un avión militar estadounidense que aterrizó en Ezeiza en el marco de un programa de colaboración con la Policía Federal, han sido muchos los roces económicos, algunos vinculados con las medidas proteccionistas ideadas por Moreno y otros con la costumbre del gobierno de desconocer los fallos de los tribunales internacionales. Como resultado, el gobierno de Obama ha votado en contra del otorgamiento de créditos del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo a nuestro país. Por lo demás, los norteamericanos no ocultan el fastidio que sienten por la decisión de Cristina de acercarse al régimen islamista de Irán. Puesto que en cualquier momento Obama podría verse forzado a elegir entre ordenar un ataque militar contra instalaciones iraníes por un lado y, por el otro, resignarse a la presencia en Oriente Medio de una nueva potencia nuclear, es comprensible que quiera que resulten suficientes las sanciones económicas que Estados Unidos está aplicando en combinación con la Unión Europea. Para conservar su nuevo cargo por mucho tiempo Nahón tendrá que mantener cierto equilibrio entre su presunto deseo de mejorar la relación de la Argentina con “el imperio” que, bien que mal, sigue siendo el país más poderoso de la Tierra, y la necesidad política de contar con el aval permanente de Cristina, el apoyo del viceministro de Economía, Axel Kicillof, que es su principal aliado en el gobierno, y, mientras sea canciller, la simpatía de Timerman. Lograrlo no le será del todo fácil. Además de procurar convencer a los norteamericanos de que, las apariencias no obstante, el “modelo” kirchnerista es menos precario de lo que suponen y ayudarlos a entender el significado real del “proyecto” oficial y del papel en él de La Cámpora, la joven funcionaria se verá obligada a defender las extravagancias estadísticas del Indec, la resistencia del gobierno de Cristina a negociar con los “fondos buitre” o pagar una compensación justa a Repsol por la expropiación de sus acciones en YPF, las razones por las cuales no presta atención a los fallos del Ciadi, lo imprescindible para la democracia que es desmantelar el Grupo Clarín y muchos otros temas urticantes. Hacerlo sin formular afirmaciones que caigan mal en el círculo áulico presidencial podría resultarle imposible pero, a menos que tenga éxito, su estadía en Washington será breve.