Crónica de una caída anunciada

La renuncia de Luis Bertolini, elegido hace dos años por la mayoría de los vecinos, expone la fragilidad de un municipio que, volvió a quedar a la deriva. La crisis no es solo una cuestión de nombres, sino de un sistema de control que falló en sus mecanismos básicos, que son la red que debe filtrar desprolijidades.

Por Mario Rojas

El caso político de Luis Bertolini no sorprendió a quienes observan de cerca la dinámica del poder en Plottier.

Durante meses, el intendente eligió un camino de aislamiento progresivo, distanciándose no solo de sus opositores, sino de los propios ediles que integraban su bloque.

Esta falta de diálogo alcanzó su punto de mayor tensión cuando se niega sistemáticamente a la comparencia de la subsecretaria de Hacienda, una pieza clave en medio de una administración bajo sospecha.

La negativa a transparentar la gestión fue el preámbulo de una salida inminente, acelerada por una presión que, eventualmente, se volvió insostenible.


Gestión bajo sospecha

Resulta llamativo cómo ciertos sectores, aglutinados bajo la lógica de la “ex-neuquinidad”, lo usaron como un plafón político para trasladar culpas.

Se intenta instalar la idea de que la búsqueda del enemigo es la explicación total de la realidad, como si la política fuera simplemente un ajuste de cuentas entre facciones.

Sin embargo, este relato maniqueo ignora la complejidad de una ciudad que es, por su importancia demográfica y económica, el segundo municipio de la provincia.

La desprolijidad administrativa no es un invento del fiscal Pablo Vignaroli, sino una realidad palpable que erosionó la confianza vecinal.


Antecedentes y rupturas

Aunque, hay que decirlo, no la de los tres gremios municipales que, otrora, fueron el eje del mal en la localidad.

En la historia política de Neuquén, estas rupturas no son nuevas.

La memoria colectiva recuerda cómo el propio Movimiento Popular Neuquino (MPN) inauguró un estilo de destituciones en la capital provincial, que terminó forzando la salida de quien fuera la primera intendenta mujer de la historia neuquina.

Aquel antecedente marcó un hito en la relación entre el poder municipal y el provincial.


Fracaso de los controles

En el caso de Plottier, existe el trasfondo de la animosidad derivada del quiebre en la alianza de Comunidad con Desarrollo Ciudadano, su partido original.

Aun así, reducir la caída de Bertolini a una simple vendetta política desenfoca el análisis.

La política no explica, por sí sola, el descubierto en las formas municipales.

El hecho de que el conflicto haya escalado hasta las esferas de la justicia provincial evidencia un fracaso sistémico.


Maniobras de supervivencia

Los recursos intermedios -el Tribunal de Cuentas, las auditorías internas y los mecanismos de control que consagra la Carta Orgánica- fallaron o fueron ignorados.

Si la justicia debe intervenir para poner orden en el gasto o en la legalidad administrativa, es porque los filtros municipales fueron permeables a la discrecionalidad.

Bertolini desde hace un año y cuatro meses practica maniobras de supervivencia política.

Fue el primero en “sacar los pies del plato” apenas advirtió que la suerte de Gloria Ruiz estaba echada.


El costo de la desconfianza

Se despegó de su mentora para salvar su propia investidura.

Pero la jugada y la demostración pública de lealtades cambiantes no bastó para calmar las aguas.

La institucionalidad de una ciudad, una vez dañada, es difícil de reconstruir en el corto plazo.

El vecino de a pie, más allá de banderas partidarias, demanda respuestas concretas: alumbrado, recolección de residuos, obras públicas y, sobre todo, certidumbre.


El desafío de Plottier

Cuando el Palacio Municipal se convierte en un escenario de intrigas en lugar de ser un centro de soluciones, es el servicio público el que se resiente.

Ahora, el desafío para Plottier es restablecer la confianza.

La política es, en última instancia, un contrato con el ciudadano. Si ese contrato se rompe por el aislamiento del gobernante o por la ineficacia del administrador, el costo lo termina pagando una comunidad que exige, simplemente, la normalidad de un gobierno que funciona y que rinde cuentas a quienes lo eligieron.


El caso político de Luis Bertolini no sorprendió a quienes observan de cerca la dinámica del poder en Plottier.

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