El valor de la palabra
Daniel E. Gutiérrez Contador Público – Auditor Interno Certificado
NEUQUEN
Días pasados, este diario tuvo la deferencia de publicar una carta mía, relacionada con las mentiras que, casi a diario, se observan por parte del Sr. Presidente de la Nación.
Eso me hizo reflexionar sobre el título de esta carta: “El valor de la palabra”.
Cuando yo era chico y por la educación que recibí en los colegios que estudié (sistema público) y de mis padres, dar la palabra implicaba un compromiso que había que cumplir como fuera, y salvo algunos atorrantes de los que siempre existen, el valor de la palabra contenía un intangible importante.
Era una cuestión de respeto y honor.
Hoy vemos con absoluto desagrado que la palabra no sirve para nada; ha sido -en el curso de los años- devaluada por todos, empezando por la clase política (toda), la clase dirigente, sindical, etc.
A esto se le suma el desastroso sistema educativo que tenemos, donde -parafraseando al tango Cambalache- vale lo mismo un burro que un gran profesor…
Si nuestra ciudadanía respetase e hiciese respetar la palabra empeñada, posiblemente no existirían tantos chantas hablando por hablar, prometiendo lo que no se puede realizar, etc, etc.
Sería bueno que los argentinos empecemos a demandar por la importancia de la palabra empeñada y que si ella no es cumplida existan sanciones a dichas transgresiones.
Resulta inaceptable escuchar que tal o cual persona se arroga el derecho de decir lo que se le ocurra sin que pase nada, en la medida que lo que exprese no se atenga a la verdad.
¿No les parece?