Enrico Montelpare, pionero en amar estas tierras
Asentado en Colonia Lucinda, en Cipolletti, Enrico fue, como sus coterráneos, de prolífica tarea desarrollada en el valle. Las familias pioneras asentadas en la Nor Patagonia trabajaron la tierra, emparejaron, sembraron y realizaron una labor tan fecunda que aún sigue dando frutos.
Enrico Montelpare (Rigo) y Cunegonda Perticarini, (Donina), vinieron de Italia por separado buscando mejores oportunidades en América. Se conocieron en Bahía Blanca, en Colonia Romana, durante una fiesta. Don Enrico nació en Fermo, Italia, el 15/01/1891 y Cunegonda en Sant ‘Elipidio a Mare el 13/11/1899. Enrico era hijo de Ángelo Montelpare y Catarina Scola, mientras que su esposa hija de Pedro Perticarini y María Scocco. Cunegonda vino desde Italia con sus padres y hermanos se radicaron en Bahía Blanca; creemos que Enrico vino acompañado, junto con sus hermanos, por alguna familia de la que no tenemos conocimiento, estableciéndose en primera instancia en Bahía Blanca.
En general, muchos italianos venían a Bahía Blanca a una comunidad de quintas llamada Aldea Romana, donde desarrollaban sus primeros trabajos y compartían sus experiencias. Posteriormente, Enrico se estableció con sus hermanos José y Eduardo en Cipolletti; su hermana María permaneció en Bahía Blanca. Los varones construyeron en Colonia Lucinda dos bodegas con sus respectivas chacras de vid y sus viviendas en el mismo lote, pero separados por una calle interna.
Aproximadamente en 1915, Enrico viajó a Bahía Blanca a una fiesta en Aldea Romana. Con quien sería su futura esposa bailaron; ella le contó que sus padres le enviarían a trabajar a Médanos en la estancia de unos alemanes para colaborar en los trabajos domésticos. Ante esa noticia, Montelpare le manifestó que “era muy linda para eso”, y le propuso casamiento. Luego de hablar con sus padres, se casaron a los pocos días de conocerse, el 29/04/1915, cuando Enrico y Donnina eran muy jóvenes.
El nuevo matrimonio se trasladó, a bordo de una “jardinera” tirada por caballos, a Cipolletti. El viaje fue muy largo, tardaron aproximadamente cinco o seis días y además tuvieron que sortear algunos obstáculos. Pero nada impidió el asentamiento de la pareja. Tuvieron siete hijos, cuatro mujeres y tres varones. Toda la familia trabajó de sol a sol sembrando, podando, cosechando y también en la bodega. Rigo, además de trabajar en la chacra y en la bodega, lo hacía en la construcción del puente viejo entre Neuquén y Cipolletti.
Algunos días no volvía a su casa y dormían en carpas con sus compañeros. Era tan difícil la vida en aquellos tiempos que Enrico salía a cazar liebres y palomas torcazas para que la nona cocinara polenta con pajarito (comida típica de los inmigrantes, particularmente de la región italiana de Véneto).
Por aquellos años el producido de la chacra y la bodega se lo entregaban en canje al almacén de ramos generales “El Diente de Oro” el cual le daba a cambio mercadería, por la producción.
Además, actuaba como un “banco” que recibía el depósito durante el resto del año. Los vinos los vendía en bordalesas y a veces los enviaba por tren a localidades cercanas, también a Olavarría y Bahía Blanca. Donnina, junto con sus hijas, atendían los quehaceres domésticos, cosían la ropa para toda la familia y también colaboraban en la chacra y en la bodega. Al visitarlos nunca faltaban las tortitas, los dulces caseros, las conservas y el vino patero. Con el tiempo, cuando la situación mejoró y los hijos crecieron y se fueron independizando, compraron una casa en el pueblo y otra chacra en Cinco Esquinas, a la que luego fue a vivir su hijo mayor Humberto, ya casado.
En 1950, cuando seis de los siete hijos se casaron, se fueron a vivir “al pueblo”, como ellos llamaban a Cipolletti.
Los hijos se casaron: -Humberto con Elvira Campetella.-Adina con Octavio Campetella. -Aída con José Robles. Ricardo con Beatriz (Pocha) Muanna. -Lía con Alberto Ferragut- Palmira con Rafael Luciani. -Armandito, fue el hijo que falleció cuando solo tenía 8 años a causa de una peritonitis”.
A pesar de vivir en “el pueblo”, Enrico iba en su bicicleta todos los días a la chacra. Tanto amor y compromiso era el que sentía por la faena, que partió de esta vida recorriendo ese trayecto un 20/12/60. “Tanta vida dedicada al trabajo nos dejó un legado del sacrificio, pensando en un mañana mejor para sus descendientes”, sostienen sus nietas. Sentidas palabras que, no sin algo de emoción, nos hacen agradecer eternamente a nuestros ancestros.
Beatriz Carolina Chávez.
Asentado en Colonia Lucinda, en Cipolletti, Enrico fue, como sus coterráneos, de prolífica tarea desarrollada en el valle. Las familias pioneras asentadas en la Nor Patagonia trabajaron la tierra, emparejaron, sembraron y realizaron una labor tan fecunda que aún sigue dando frutos.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios