¿El cambio climático y el fenómeno de El Niño expanden la transmisión del hantavirus?
Investigadores de la Fundación Bariloche y el CONICET en Esquel hicieron un estudio. Se basaron en más de 25 años de datos de campo. Analizaron la relación entre los fenómenos climáticos y la distribución del roedor que puede ser reservorio del patógeno. Qué proyecciones presentaron sobre las ciudades de Patagonia con más riesgo para la población
Las lluvias y el calor que trae El Niño generan más alimento y mejores condiciones de supervivencia para el ratón colilargo, lo que dispara su población y aumenta el riesgo de contagio.
El cambio climático y los episodios del fenómeno meteorológico El Niño como el que ya se está desarrollando en el mundo desde fines de mayo pasado pueden combinarse y crear condiciones cada vez más propicias para la expansión del ratón colilargo, el principal portador del hantavirus en Argentina.
Esa confluencia de factores podría ampliar las zonas de riesgo de transmisión del síndrome pulmonar por hantavirus en la Patagonia argentina hacia el este y zonas de mayor altitud, con consecuencias directas para la salud pública.
“No queremos ser alarmistas, pero hicimos una investigación por la cual identificamos que si se suman varios factores negativos al mismo tiempo y en el mismo lugar se podría dar como una tormenta perfecta. Ninguno de ellos por separado generaría un brote de hantavirus, pero juntos crean las condiciones ideales para que el riesgo de transmisión del virus se dispare”, afirmó en diálogo con Diario RIO NEGRO el ecólogo Adrián Monjeau, de la Fundación Bariloche.
El investigador llevó adelante un trabajo con Trinidad Ruiz Barlett y Gabriel Martín del Centro de Investigación Esquel de Montaña y Estepa Patagónica (CIEMEP) del CONICET. Contaron con financiamiento del Ministerio Federal de Asuntos Económicos y Acción Climática de Alemania (BMWK).
Pudieron identificar la combinación de factores pueden favorecer el aumento de las condiciones de clima y hábitat que favorecen la proliferación de los roedores que pueden ser reservorios de hantavirus, un cambio que a su vez puede subir el riesgo de transmisión del patógeno:
● Inviernos más cálidos por el cambio climático, que reducen las heladas y aumentan la supervivencia del ratón colilargo
● Episodios de El Niño, que traen más lluvias y temperaturas mínimas más altas, especialmente en los valles bajos, lo que beneficia aún más a los roedores
● Mayor cobertura de arbustos invasores como la rosa mosqueta, que ofrecen refugio y alimento al ratón colilargo cerca de las casas
● Aumento de la población rural y de la actividad humana en zonas de alta aptitud ambiental para el roedor, lo que eleva la exposición al virus
● El reemplazo de bosque nativo por ambientes alterados crea condiciones de hábitat que favorecen el predominio del roedor colilargo. Esa especie no es tan abundante en bosques en buen estado
Además, los investigadores aclararon que la cepa Andes de hantavirus, que es endémica en la región y puede transmitirse persona a persona, puede influir en que los casos se multipliquen una vez que el brote comienza.

Invierno y roedores
El patógeno que causa el síndrome pulmonar por hantavirus se adquiere al inhalar partículas de excremento, orina o saliva de roedores infectados. En la Patagonia, el responsable es el virus Andes, transmitido principalmente por el ratón colilargo (Oligoryzomys longicaudatus), un pequeño roedor muy frecuente en bordes de bosque y arbustos, principalmente en sitios alterados e invadidos por arbustos espinosos. Durante los brotes, la mortalidad llegó al 50% de los casos.
El problema que motivó la investigación fue la falta de modelos actualizados que integraran los nuevos escenarios climáticos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) con la distribución del ratón colilargo y otros factores.
Los trabajos previos no habían analizado el efecto de El Niño sobre el reservorio del virus ni cruzado esos datos con la presencia humana y tipos de uso de la tierra para estimar zonas de riesgo real. Se analizaban los efectos por separado y no de un modo integral.
Los investigadores se propusieron generar modelos de distribución potencial del roedor para el período 1970-2000 y para escenarios futuros de 2030 y 2050, bajo distintos niveles de emisiones de gases de efecto invernadero.
Para eso, cruzaron la distribución del animal con el Índice de Huella Humana (IHH), una medida que cuantifica la presión de las actividades humanas sobre los ecosistemas, con el fin de identificar las zonas de mayor riesgo epidemiológico.
Inviernos más cálidos
Para construir los modelos, el equipo usó una herramienta que predice dónde puede vivir una especie a partir de datos de presencia y variables ambientales con 88 registros confirmados del ratón colilargo entre 1980 y 2014, y dieciocho variables bioclimáticas de la base de datos mundial WorldClim y otros indicadores satelitales.
Los modelos se proyectaron hacia escenarios del IPCC de bajas emisiones (SSP1) y altas emisiones (SSP5) para 2030 y 2050. Para analizar el efecto de El Niño y La Niña, compararon dos años extremos (1997, con lluvias por encima del promedio, y 2007, con lluvias por debajo).
El hallazgo central fue que la variable con mayor peso en todos los modelos fue la temperatura mínima del mes más frío. Cuanto más cálidos son los inviernos, menos heladas hay y mayor es la supervivencia del ratón colilargo. El calentamiento global actúa como un «supresor del supresor»: al elevar las temperaturas mínimas, libera el freno natural que limitaba el crecimiento de las poblaciones de roedores.
“Los modelos mapearon que las zonas aptas para el ratón colilargo se expandirán hacia el este de Río Negro y Chubut, y hacia altitudes más altas en la cordillera”, señaló Monjeau.
En el escenario de altas emisiones para 2050, el más extremo, la especie podría alcanzar zonas por encima de los 2.300 metros (frente a los 2.100 metros del período 1970-2000), incluyendo refugios de montaña y centros de esquí sin riesgo epidemiológico registrado hasta ahora.
En los años de El Niño, las zonas aptas para el roedor aumentaron en el sur de Neuquén, Río Negro y el norte de Chubut, las mismas provincias donde ocurrieron los brotes históricos de El Bolsón (1996) y Epuyén (2018-2019).
El estudio identificó como zonas de mayor riesgo a ciudades como Bariloche, Villa La Angostura, El Bolsón, Lago Puelo, Epuyén, Cholila y Esquel. Los investigadores señalaron que los programas de vigilancia deberían concentrarse en esas áreas durante los períodos de El Niño intenso, y advirtieron que reducir la cobertura de rosa mosqueta cerca de las viviendas es una medida concreta para bajar el riesgo.

Cuál es el roedor que vive en los bordes del bosque y cuál es el riesgo que representa
El ratón colilargo (Oligoryzomys longicaudatus) es un roedor silvestre pequeño, de pelaje pardo grisáceo, patas finas y una cola que supera en longitud al resto del cuerpo. Se mueve con agilidad entre el suelo, los arbustos y las ramas bajas, y su presencia suele pasar inadvertida.
No vive en zonas urbanas. Su hábitat natural son las áreas rurales y periurbanas próximas a los bosques andino-patagónicos de Argentina y Chile. Puede acercarse a los depósitos de leña, galpones y corrales de las viviendas cuando el frío o la escasez de alimento lo empujan a buscar refugio cerca de los humanos.
La transmisión no requiere contacto directo con el animal. Basta con inhalar el aire de un espacio cerrado donde el colilargo dejó heces, orina o saliva. Primavera y verano son los períodos de mayor reproducción y dispersión del roedor, lo que incrementa la circulación viral en el ambiente.
El cambio climático y los episodios del fenómeno meteorológico El Niño como el que ya se está desarrollando en el mundo desde fines de mayo pasado pueden combinarse y crear condiciones cada vez más propicias para la expansión del ratón colilargo, el principal portador del hantavirus en Argentina.
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