Circunvalación de fe y devoción pagana

La ruta concentra la mayoría de las expresiones de culto popular a figuras del santoral profano, entre las que se destaca el Gauchito Gil.



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En la ruta de Circunvalación prolifera el culto popular. Foto: A. Leiva

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El Gauchito Gil, adorado en Circunvalación. Foto: A. Leiva

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San Pomelo también tiene su seguidores. Foto: M. Berdún

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En Chile, al otro lado de la frontera también rinden culto al Gauchito. Foto: M. Berdún

PAISAJE URBANO

MARCELA BERDÚN

mberdun@rionegro.com.ar

La avenida de Circunvalación, que une los tramos norte y sur de la ruta Nacional 40 bordeando el Alto de Bariloche, se transformó en los últimos años en el territorio elegido por los devotos de distintos santos paganos y religiosos para depositar sus ofrendas de fe y agradecimiento.

Ni el viento ni la aridez del paisaje desalientan la implantación de santuarios, altares y banderas entre las que predominan -con indiscutible supremacía- los estandartes rojos del Gauchito Gil. Quien se disponga a recorrerla con ojo atento podrá descubrir la docena de santuarios construidos en honor al Gauchito, los altares de San Expedito y El Maruchito.

Además el extraño sitio de culto a “San Pomelo” ubicado al suroeste del cruce con Esandi, luce abandonado y muy deteriorado y más parece una macabra ironía que un sitio de reunión y devoción. Ya no están la guitarra y algunas de las cacerolas depositada a mediados de año por los seguidores de “San Pomelo”, mientras que los peluches, las cruces y el muñeco colgado del renoval de pino donde se montó el altar exhiben los rastros del crudo clima patagónico.

La proliferación de cultos paganos en la zona Andina se hizo más notoria en la última década y ganó terreno incluso sobre las distintas religiones oficiales que tienen fuerte presencia en la región. Durante un diálogo informal, mantenido en los días previos a la procesión a la Virgen de las Nieves, el obispo católico Juan José Chaparro Stivanello reconoció a “DeBariloche” la difusión alcanzada por muchos de estos cultos que despiertan fervores multitudinarios en las provincias norteñas.

“La gente tiene necesidad de vivir un expresión religiosa y la Patagonia es un lugar especial para una búsqueda religiosa, pero el vínculo en estos casos es de ´te pido y me das´” explicó el prelado quien advirtió que ese tipo de vínculo no cambia mucho la vida del creyente ni contribuye a su crecimiento.

La fuerte penetración del Gauchito Gil –coterráneo de Chaparro Stivanello- se hizo notoria en los últimos cinco años cuando las banderas rojas que caracterizan sus santuarios comenzaron a jalonar la ruta 40 Norte y la avenida Luis Piedra Buena, para trasladarse luego a la ruta de Circunvalación, donde sus devotos multiplican las expresiones de adhesión al gaucho milagrero.

La ruta que rodea la ciudad por su periferia sureste exhibe una profusión de altares y santuarios de variado tamaño y lujo mientras que en Luis Piedra Buena solo subsiste la ermita de la Difunta Correa y una casita de culto a Gil, frente a la entrada del barrio Las Victorias.

Las ofrendas al Gauchito son de variada calidad. El primer santuario que asoma sobre la ruta ingresando a la Circunvalación desde el cruce al aeropuerto reúne las ofrendas de dos familias. Las típicas casitas rojas donde reside la figura del santo profano está cubierta con trozos de vidrios que fueron descartados en las banquinas de la ruta por algún desaprensivo comerciante del rubro.

Pero el santuario más imponente es el que se levanta en el otro extremo de la Circunvalación, un par de kilómetros al sur del cruce con Miramar, emplazado sobre una roca gigantesca pintada de rojo. Ocho familias convergen en ese sitio con sus ofrendas, distribuidas en ocho casitas rojas con sus banderas, carteles y caminos de acceso individualizados con piedras y maceteros de plantas ornamentales.

Gil tiene más adeptos que el milagrero regional Maruchito, que comparte un prolijo pero modesto altar con San Expedito, figura de culto de la fe Católica, sobre la margen Sur de la Circunvalación.

La fe en Antonio Mamerto Gil Nuñez (el Gauchito) traspasó la frontera Argentina y comenzó a instalarse entre los pobladores chilenos de la zona aledaña al Parque Nacional Puyehue. Sobre la ruta 215 que une el Paso Cardenal Samoré con Osorno dos altares con banderas y ofrendas dan cuenta del aprecio de sus devotos trasandinos.

El primero de esos santuarios -montado a metros de un sendero de trekking que recorre la bella foresta del Parque- luce visiblemente deteriorado, dañado por manos anónimas y sin las banderas argentina y chilena que lo adornaban en un inicio, sugiriendo cierta confraternidad binacional en torno a su figura.

El segundo, construido sobre la misma ruta, a unos 30 kilómetros del paso fronterizo, denota la cercanía de los fieles que le renuevan periódicamente las ofrendas y el agradecimiento por el milagro concedido que Claudia M. plasmó el 4 de febrero de 2012 en un cartel que lleva su firma.

Acercamiento al Gauchito Gil

Antonio Gil, popularmente llamado “Gauchito Gil”, es una de las figuras más populares del santoral profano nacional. En su Corrientes natal sus seguidores se cuentan de a cientos de miles, como en todas las provincias de la Mesopotamia

Existe más de una versión sobre su vida y las razones de su muerte y sobre los milagros que lo convirtieron en leyenda. Tampoco ha certeza sobre la fecha de su nacimiento que se estima fue en 1840, en la ciudad de Mercedes, y se sabe que fue un gaucho matrero que peleó en la guerra e la Triple alianza y, de regreso, se dedicó a robar a los estancieros para subsistir y ayudar a los necesitados de su entorno.

La leyenda cuenta que su primer milagro ocurrió el día mismo de su muerte, el 8 de enero de 1878. Antes de ser decapitado Antonio Gil le dijo a su verdugo que, una vez que lo matara, iba a ir a su casa y encontraría a su hijo muy enfermo, pero que si lo invocaba, sanaría, y así habría sucedido.

El coronel, de apellido Velázquez, que lo ejecutó volvió arrepentido a lugar donde había matado a Gil, lo enterró y plantó una gran cruz de espinillo para dar cuenta del milagro. Desde entonces sus seguidores le prenden velas rojas, le hacen ofrendas pero, sobre todo hacen visible su presencia en reconocimiento y agradecimiento por los milagros concedidos.

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