“Como las esquirlas de una bomba”

Por Redacción

Aunque las valijas con dinero tiradas por el exsecretario de Obras Públicas de la Nación, ingeniero José López, cayeron en un monasterio, sus efectos tuvieron similitud con las esquirlas de una bomba de alta potencia que diseminadas fueron a dar en diferentes ámbitos políticos e institucionales, dejando al descubierto responsabilidades y complicidades, por acción u omisión, de políticos, funcionarios, empresarios y otros partícipes en un latrocinio al patrimonio público que por su magnitud no tiene antecedentes en un país que, como el nuestro, conoce mucho sobre la corrupción. Sin perjuicio de las responsabilidades políticas y jurídicas que le corresponden a los integrantes de los poderes Ejecutivo y Legislativo, aparece en lugar destacado el rol que han jugado, entonces y ahora, jueces, fiscales y demás integrantes del Poder Judicial, teniendo en cuenta la manera con que se han tratado las incontables denuncias por corrupción, en algunos casos desechándolas con tratamientos “exprés” –como en el caso de la DDJJ de la expresidente– y en otros dilatándolas con demoras tan prolongadas que hacían recordar al general Alais, aquel militar que comandaba las tropas que debían reprimir a los sublevados de Semana Santa y que nunca llegó a Campo de Mayo. Tal vez el caso más concreto es el Dr. Daniel Rafecas, en cuyo Juzgado Federal existía una denuncia por enriquecimiento ilícito contra López desde el 2008 sin que se hubieran conocido resultados concretos, hasta que el fortuito episodio del monasterio obligó activar el quehacer judicial deteniendo a López y ordenando numerosos allanamientos. Paradójicamente, el Dr. Rafecas en la introducción de su documentado libro sobre la Shoa afirma que en la aproximación de la verdad, tarea propia del juez, “la indagación judicial es un ejercicio cotidiano”(1). En el caso del secretario López ese concepto del “ ejercicio cotidiano” parece haber entrado en crisis, ya que ese trámite estuvo paralizado o al menos suspendido durante ocho años; flagrante contradicción entre el decir y el hacer del juez. Esa lenidad, desidia o negligencia, tanto en la causa López como en otros tantos casos, con la participación de otros jueces, en los que tampoco hubo avances a pesar de las evidencias notorias, han sido funcionales para un sistema de corrupción al asegurarles impunidad a sus responsables por un lado y por el otro al desmerecer ante el resto de la sociedad a quienes tuvieron el valor de denunciar los ilícitos. Anemia judicial en las prácticas correctivas y debilitamiento de las facultades de control del Estado afirmaron la corrupción durante la llamada “década ganada”.

“Un país al margen de la ley”, escribió Carlos Nino analizando el período de Menem con su secuela de corrupción resultante de la reforma del Estado, los indultos y la colonización de la Justicia. Los jueces tienen mucho que hacer para que este deshonroso título no tenga vigencia en la realidad Argentina. Para ello deben cumplir con las obligaciones que su importante cargo les exige y honrar aquello que decía Piero Calamandrei (2): el nombre de “juez” es un nombre digno y austero.

(1) D. Rafecas, “Historia de la Solución Final”, 2012, Ed. Siglo XXI

(2) P. Calamandrei, “Elogio de los Jueces”, 1956, Ed. EJEA

Carlos Segovia

LE 7.304.065

Carlos Segovia

LE 7.304.065


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