Con la magia de Fuerza Bruta

La compañía de Diqui James llegará el jueves a Neuquén y ya confirmó 8 funciones en el Ruca Che

Por Redacción

“Un espacio donde la presión de los sentidos afecte la mente; donde la velocidad de los estímulos que reciba el espectador supere a la reacción intelectual. Que la emoción llegue antes, siempre antes. Que pegue en el cuerpo, debajo de la ropa. Atrás de los ojos. Adentro”.

Eso es lo que espera que suceda Diqui James en los espectáculos que genera y dirige. Es que el director de Fuerza Bruta (ex De la Guarda) es una máquina de conmover. Y para eso despliega todos los recursos artísticos que tiene a mano. No se detiene. No se auto censura. Realiza todo lo que imagina.

Quienes lo conocen, afirman que este apasionado es capaz, además, de contagiar esa emoción. Eso parece haber sucedido con el actor Martín Buzzo, uno de los “veteranos” de la compañía, quien dialoga con “Río Negro” y detalla en qué consiste todo eso que le pasa con esta propuesta, que significa impacto puro, donde todos los sentidos están en juego, porque son incontables los estímulos audiovisuales que aparecen en escena.

–¿Requiere un entrenamiento particular ingresar en la compañía?

–Por la estética que tiene Fuerza Bruta, es un teatro físico y requiere cierta preparación, pero justamente por eso necesitás muy buenos actores, porque si no, termina siendo algo que no se sostiene, sino que ves destrezas que podés llegar a ver en un circo pero no están llenas de una carga emocional, que es lo más importante. De hecho, cuando Diqui deja De la Guarda y arma Fuerza Bruta, le da un giro más teatral, convoca a actores y ahí caigo yo. Tenemos entrenamiento, pero te diría que es lo menos importante. Primero está ser actores, segundo el “color” o la energía que pueda darle cada uno. Lo que se busca es que cada uno muestre un colorcito distinto y el entrenamiento viene después. El cuerpo se va acomodando.

Tienen tres elencos, uno en Nueva York y otro que gira por el mundo. ¿Cuántos artistas vienen en esta puesta?

–Los actores que vienen acá son entre diez y doce, además de los técnicos, así que seremos unos 60. Los locales estamos viajando todo el tiempo, medio “encerrados” en este mundo de Fuerza Bruta, que es bastante particular. (ver recuadro)

–En este mundo particular, imagino el vínculo artístico y el humano fuera de escena. ¿Cómo se da eso?

–Llama mucho la atención. Se lo adjudiqué a Diqui, a que el equipo está conformado por buena gente y los vínculos son increíbles. Viajás mucho, te alejás de tu familia y amigos, y tenés encuentros o choques como los que podés tener con un hermano. Trabajamos y vivimos juntos, tenemos nueve funciones semanales (catorce, a veces). Decís: “Estos tipos cuando terminan la función se va cada uno por su lado”. Pero no. Salimos a comer juntos o vamos a un bar juntos…Nos sentimos muy a gusto. Será que al ser un teatro corporal te conectás desde otro lugar.

El año pasado presentaron el “Wayra Tour” en el Luna Park y después siguieron… ¿Cómo es la propuesta que traen a Neuquén?

–“Fuerza Bruta” es la obra originaria, pero se sigue acomodando. El director quiso hacer como las bandas de rock, que tocan los temas de siempre y agregan un par de cosas nuevas. Venimos con la puesta matriz y las escenas troncales que nos gustan mucho.

–¿Cuánto tiempo les lleva armar cada espectáculo?

–La original tardamos más de dos años. Es un espectáculo extremadamente caro en producción.

–Al ser una compañía independiente, que apuesta a la autogestión, ¿cómo se hace para sostener el trabajo?

–Queriendo mucho lo que hacés. Entendiendo que la mayor satisfacción está en hacerlo y no en un ingreso económico. Agradezco tener un director enormemente artístico, inquieto, que sigue teniendo esa pasión.

Ésa parece ser la palabra que lo define. Diqui James es la pasión…

–Absolutamente. Le fascina el teatro y cree que es para la gente. Cree que lo tiene que hacer con la gente y se le vuela la cabeza por hacerlo así. Sigue yendo a ver teatro convencional porque quiere ver qué pasa y no se quiere encerrar, pero no lo disfruta tanto. Y yo me sumo. Terminan las obras y me dan ganas de llamar el psicólogo y decirle: “Explicame qué carajo me quiso contar, porque no se entiende. Vengo a ver la obra y no se entiende nada. ¿Para quién estás haciendo esto?”. Diqui va a ese lugar: hacerlo para la gente. El Bicentenario para él fue tocar el cielo con las manos (ver recuadro).

No sólo es “para”. Es “con” la gente. El público está involucrado en el hecho artístico. No hay escenario, no hay distancia. Sólo emoción.

PAULA GINGINS

pgingins@rionegro.com.ar


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