Con su bebé amenazado entregó todos los ahorros
A la joven también la quemaron con agua caliente. Fue en el barrio Nuestras Malvinas de Bariloche.
Alfredo Leiva
BARILOCHE (AB).- “¿Quién es?”, preguntó María cuando golpearon la puerta de su casa. No quiso levantar mucho la voz porque su bebé de cuatro meses y su nena de 3 dormían. En un instante, dos sujetos encapuchados irrumpieron en la vivienda sin que ella pudiera impedirlo. “Dame la plata del pasanaku”, exigió el asaltante que portaba un pistolón. La mujer negó que tuviera dinero en la casa. Los asaltantes fueron por más. Sujetaron a la joven y le pusieron las manos en una olla con agua caliente que había sobre una salamandra para que revelara dónde estaba la plata. La mujer les pedía que por favor se vayan. Pero uno de los delincuentes tomó un cuchillo y se caminó hasta el lugar donde el bebé dormía. “¡Si no me das la plata lo voy a hacer boleta!”, le advirtió el encapuchado. Entonces María no pudo más y se quebró. Minutos después, los sujetos huían con unos 60.000 pesos, todos los ahorros de la familia, dejando a la mujer atada a un tirante de madera y amordazada. El hecho ocurrió el jueves alrededor de las 14. María estaba con sus dos hijos en la vivienda y Néstor, su marido, trabajaba en la obra. El hombre se enteró del robo cuando su señora se pudo liberar y lo llamó. “Vinieron por diez mil pesos y se llevaron sesenta”, lamentaba María, aún conmocionada. Néstor explicó a “Río Negro” que 10.000 pesos corresponden al “pasanaku”, un sistema de ahorro informal que usan algunos trabajadores. Contó que el fondo se arma con aportes mensuales o semanales que luego se sortean entre el grupo de ahorristas. Los otros 50.000 pesos eran “de la venta de un terrenito” que su señora tenía en Chile. Pensaban usar los ahorros para terminar la casa que levantaron en la calle Puerto Argentino, a pocos metros del cruce con Malvina Soledad, en el barrio Nuestras Malvinas. Proyectaban las terminaciones de la vivienda, que por ahora sólo tiene un ambiente y un baño. Y hasta se ilusionaban con comprar un auto usado. “Cuando me pusieron las manos en el agua caliente trataba de no gritar para que no se despierten mis hijos”, relató la joven. Por fortuna, no sufrió quemaduras graves. El recuerdo del delincuente amenazando con lesionar con un cuchillo a su bebé aún la estremece. “Les dije que se lleven todo, pero que se vayan”, contó a este diario mientras su hija jugaba a probarse zapatos de su madre. “Hay que agradecerles a los chorros que no te maten y no lastimen a tus hijos. Es triste, pero es así y nadie ve nada”, lamentó María.
Bariloche
Alfredo Leiva
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