Corrupción compartida

Redacción

Por Redacción

No bien iniciaron su gestión conjunta, Néstor Kirchner y su esposa Cristina se pusieron a “construir poder” aprovechando el manejo del dinero aportado directa o indirectamente por los contribuyentes para conseguir la adhesión de políticos de procedencia diversa, empresarios cortesanos, académicos progresistas, periodistas y, desde luego, la fracción de Madres de Plaza de Mayo encabezada por Hebe de Bonafini que, para extrañeza de muchos, a cambio de su colaboración propagandística, recibió muchos millones de dólares para hacer viviendas sociales. Fue de prever que el negocio resultante no tardaría en producir tantos escándalos como casas baratas. La Auditoría General de la Nación acaba de presentar un informe en el que se agregan más detalles a los que, hace un par de años, provocaron un revuelo muy grande y que, entre otras cosas, puso fin a la relación amistosa de los hermanos Sergio y Pablo Schoklender con Bonafini, la que, para defenderse, los calificó de “estafadores y traidores”. Según el titular de la AGN, Leandro Despouy, hay exfuncionarios del gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner que cobraban cheques de Sueños Compartidos, el nombre dado al “plan social” que fue confiado a las Madres, por dar el visto bueno a las obras propuestas. Aunque el jefe de Gabinete y vocero kirchnerista principal Jorge Capitanich trató de desacreditar el informe atribuyéndolo a la mala voluntad de quienes a su juicio han hecho de la AGN “una herramienta de oposición política con el sentido de atacar al gobierno”, lo aprobaron los cuatro integrantes oficialistas del organismo. En opinión de uno, Oscar Lamberto, los investigadores encontraron un gran “desorden” contable en Sueños Compartidos que imputó a la escasa experiencia de las Madres “en un tema en el que interactúan tantísimos gremios, factores y sectores como es la construcción”. Tendrá razón el auditor, pero la inoperancia no puede servir para eximir de responsabilidad a quienes aceptaron encargarse de una repartición estatal importante sin preocuparse por su falta evidente de idoneidad. Así y todo, no cabe duda de que quienes más merecen estar en el banquillo son aquellos políticos, comenzando con Cristina, que para congraciarse con las Madres las hicieron responsables de un programa que, en un país mejor gobernado, hubiera quedado en manos de especialistas. Que personajes vinculados con el kirchnerismo sean acusados de actos de corrupción no es exactamente una novedad. El “proyecto” político que ha protagonizado la pareja de abogados santacruceños siempre ha sido intrínsecamente corrupto por basarse en la compra de lealtades. Es un ejemplo de clientelismo llevado a su extremo lógico. De no haber sido por la atracción magnética de “la caja” de la que salen subsidios multimillonarios, el gobierno no contaría con el apoyo vehemente de centenares de medios de difusión, gobernadores provinciales e intendentes municipales de trayectoria no peronista, “artistas”, empresarios contratistas, grupos de piqueteros que le sirven de fuerzas de choque y organizaciones juveniles. En cuanto a las Madres de Plaza de Mayo, el gobierno pudo haber logrado incorporarlas a su “proyecto” limitándose a adularlas, pero parecería que no pudo con su genio, de ahí la decisión de fortalecer la “alianza estratégica” con quienes para muchos simbolizaban la lucha por los derechos humanos entregándoles el control de muchísimo dinero público, sin preocuparse por el hecho evidente de que las “militantes” ya ancianas de la agrupación así privilegiada no estuvieran en condiciones de encargarse de algo tan complicado como la construcción en gran escala de viviendas sociales. Para más señas, los responsables de tamaño disparate no pueden sino entender que no sólo aquí, sino también en el resto del mundo, el negocio inmobiliario siempre ha sido propicio para las actividades de funcionarios corruptos que venden autorizaciones a cambio de sobornos suculentos y de sujetos deseosos de lavar dinero mal habido. Fue por lo tanto inevitable que pronto comenzaran a multiplicarse las irregularidades. Por cierto, no exagera el jefe del gobierno porteño, Mauricio Macri, cuando afirma que Sueños Compartidos es “algo bochornoso” que, de aclararse, figuraría entre “las grandes estafas de la historia argentina”, lo que es mucho decir.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.124.965 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Jueves 20 de febrero de 2014


No bien iniciaron su gestión conjunta, Néstor Kirchner y su esposa Cristina se pusieron a “construir poder” aprovechando el manejo del dinero aportado directa o indirectamente por los contribuyentes para conseguir la adhesión de políticos de procedencia diversa, empresarios cortesanos, académicos progresistas, periodistas y, desde luego, la fracción de Madres de Plaza de Mayo encabezada por Hebe de Bonafini que, para extrañeza de muchos, a cambio de su colaboración propagandística, recibió muchos millones de dólares para hacer viviendas sociales. Fue de prever que el negocio resultante no tardaría en producir tantos escándalos como casas baratas. La Auditoría General de la Nación acaba de presentar un informe en el que se agregan más detalles a los que, hace un par de años, provocaron un revuelo muy grande y que, entre otras cosas, puso fin a la relación amistosa de los hermanos Sergio y Pablo Schoklender con Bonafini, la que, para defenderse, los calificó de “estafadores y traidores”. Según el titular de la AGN, Leandro Despouy, hay exfuncionarios del gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner que cobraban cheques de Sueños Compartidos, el nombre dado al “plan social” que fue confiado a las Madres, por dar el visto bueno a las obras propuestas. Aunque el jefe de Gabinete y vocero kirchnerista principal Jorge Capitanich trató de desacreditar el informe atribuyéndolo a la mala voluntad de quienes a su juicio han hecho de la AGN “una herramienta de oposición política con el sentido de atacar al gobierno”, lo aprobaron los cuatro integrantes oficialistas del organismo. En opinión de uno, Oscar Lamberto, los investigadores encontraron un gran “desorden” contable en Sueños Compartidos que imputó a la escasa experiencia de las Madres “en un tema en el que interactúan tantísimos gremios, factores y sectores como es la construcción”. Tendrá razón el auditor, pero la inoperancia no puede servir para eximir de responsabilidad a quienes aceptaron encargarse de una repartición estatal importante sin preocuparse por su falta evidente de idoneidad. Así y todo, no cabe duda de que quienes más merecen estar en el banquillo son aquellos políticos, comenzando con Cristina, que para congraciarse con las Madres las hicieron responsables de un programa que, en un país mejor gobernado, hubiera quedado en manos de especialistas. Que personajes vinculados con el kirchnerismo sean acusados de actos de corrupción no es exactamente una novedad. El “proyecto” político que ha protagonizado la pareja de abogados santacruceños siempre ha sido intrínsecamente corrupto por basarse en la compra de lealtades. Es un ejemplo de clientelismo llevado a su extremo lógico. De no haber sido por la atracción magnética de “la caja” de la que salen subsidios multimillonarios, el gobierno no contaría con el apoyo vehemente de centenares de medios de difusión, gobernadores provinciales e intendentes municipales de trayectoria no peronista, “artistas”, empresarios contratistas, grupos de piqueteros que le sirven de fuerzas de choque y organizaciones juveniles. En cuanto a las Madres de Plaza de Mayo, el gobierno pudo haber logrado incorporarlas a su “proyecto” limitándose a adularlas, pero parecería que no pudo con su genio, de ahí la decisión de fortalecer la “alianza estratégica” con quienes para muchos simbolizaban la lucha por los derechos humanos entregándoles el control de muchísimo dinero público, sin preocuparse por el hecho evidente de que las “militantes” ya ancianas de la agrupación así privilegiada no estuvieran en condiciones de encargarse de algo tan complicado como la construcción en gran escala de viviendas sociales. Para más señas, los responsables de tamaño disparate no pueden sino entender que no sólo aquí, sino también en el resto del mundo, el negocio inmobiliario siempre ha sido propicio para las actividades de funcionarios corruptos que venden autorizaciones a cambio de sobornos suculentos y de sujetos deseosos de lavar dinero mal habido. Fue por lo tanto inevitable que pronto comenzaran a multiplicarse las irregularidades. Por cierto, no exagera el jefe del gobierno porteño, Mauricio Macri, cuando afirma que Sueños Compartidos es “algo bochornoso” que, de aclararse, figuraría entre “las grandes estafas de la historia argentina”, lo que es mucho decir.

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