“Corrupción y educación: nuestros grandes males y nuestro futuro”



Generalmente se entremezclan los tremendos problemas/carencias que afectan nuestra calidad de vida, la de todos en mayor o menor proporción según nuestra condición socioeconómica: pobreza, desocupación, inseguridad, pésima salud pública, educación deficiente (pública y también privada), corrupción, mala transportación, mala infraestructura vial, carencia de viviendas, justicia ineficiente e inconfiable, narcotráfico, etc. Creo que es necesario desagregar dos situaciones que son “madres” u “origen” o “primarias” de las demás que son su consecuencia, o sea que, por más que se combatan las otras, si no se atacan a la par o antes estas “primarias” el resultado será casi nulo. Me refiero a corrupción y educación. No es casual que los países líderes en corrupción sean los más rezagados en educación y viceversa. Es decir que estas calamidades no solamente actúan sobre las demás, sino que también se potencian entre sí. Triste ejemplo: nuestra Argentina. La corrupción malversa recursos y esfuerzos necesarios para mejorar en cualquier orden, incluso en la educación. Y la falta de enseñanza apropiada impide a las mayorías juzgar correctamente y condenar y rechazar lo realmente malo y apoyar y fomentar lo realmente bueno en términos pensados para la sociedad. En consecuencia, ningún candidato que omita referirse enfáticamente a la forma en que combatirá a fondo la corrupción y además a cómo mejorará drásticamente la educación puede ni debe ser creíble en todas sus promesas de mejoras en cualquier otro orden. En las circunstancias actuales, uno solo de los candidatos a ser nuestro presidente repite claramente cómo luchará contra la corrupción: “delitos imprescriptibles”, “todos presos”, etc. De los otros dos candidatos más sonados, uno está bien considerado en lo personal pero amenaza continuar un gobierno acusado de corrupciones de todo tipo; el otro puede temer ser él mismo o sus familiares directos juzgados y sancionados, debiendo explicar fortunas familiares explosivas en pocas décadas. En Australia, país que hace décadas inauguró la tolerancia cero (a la corrupción), se demostró que lo que está afectando no es solamente el recurso “robado” directamente, sino que generalmente se priorizan las inversiones en función de las mayores posibilidades de desvío de fondos, resultando que en general las elegidas son las peores o poco útiles para la sociedad. Como ejemplo cercano me pregunto: ¿por qué se gastaron enormes recursos en hacer autovía en calle Esandi de bariloche, donde alcanzaba con avenida o ruta de dos manos para el paso de pocos automotores por hora, en lugar de hacer, al menos parcialmente, autovía en el desastroso acceso este de la ciudad que es nuestra bochornosa presentación a visitantes como “ciudad turística”? Respecto a educación, Finlandia, es uno de los países que lidera los “rankings”, y entre otras actitudes otorga a sus educadores el mayor status (económico y de prestigio) dentro de su administración y como contrapartida exige permanente calidad y capacitación. Es decir que no hay nada para inventar, y la referencia anterior no incluye “países centrales”, como no lo somos nosotros. En cualquier buscador pueden encontrarse listados de países por calidad educativa y por percepción de corrupción. Dinamarca, Nueva Zelanda y Finlandia encabezan los primeros; la Argentina, otrora líder mundial en alfabetización, está muy detrás del medio de la tabla. En Latinoamérica la mayor corrupción se percibe en Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Argentina; mientras que Chile y Uruguay son percibidos, lejos nuestro, como los de menor corrupción. (Ver www.datosmacro.com/estado/indice-percepción-corrupción). La medición de la educación en general se basa en los exámenes PISA. Pablo Guillermo Frisch DNI 4.575.281 Bariloche

Pablo Guillermo Frisch DNI 4.575.281 Bariloche


Comentarios


“Corrupción y educación: nuestros grandes males y nuestro futuro”