Cuando la vejez en nuestras vidas molesta






Molestan los mayores, las personas especiales y no tan especiales, los animales y los árboles.

Cuando los arboles están viejos, secos, ya no dan sombra, se les caen las hojas, molestan. Por lo general molestan porque levantan las veredas, pero es más fácil y barato sacarlos que reacondicionar las aceras para que sigan su vida. Ya no mueren de pie, mueren por la mano del hombre al caer tras el paso de una motosierra o un hacha. Ya no se tiene en cuenta la función que cumple un árbol, pasó a ser un objeto.

Muchos son plantados por compromiso no por cariño. Cuando se planta un árbol se lo planta bien hondo donde el viento lo zamarree pero con el pasar de los años no lo arranque, asegurándonos que el agua nunca no les falte.

El árbol es único, es aquel que consume todo anhídrido carbónico para darnos aire puro, es un ánodo de sacrificio. Tan solo nos pide agua, pero ni eso siquiera le damos, por lo que recurre a la madre naturaleza para saciar su sed. Podarlos es acomodarles la copa y sus partes bajas, es dejarlos bellos para que en la primavera el sol les dé esas energías para embellecer nuestra ciudad y poder apreciar su aroma.

Hay un dicho: “los árboles no nos dejan ver cómo es todo el bosque”, yo diría que no queremos ver los árboles por miedo a un bosque.

Carlos Aníbal Zvitan

DNI 16.165.285

Neuquén


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Tercera edad

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