El ascenso de Sumo: 40 años de Llegando los monos

El 22 de mayo de 1986, la banda liderada por Luca Prodan editaba su segundo disco, acaso su punto más alto en cuanto a su desempeño en el estudio y de producción.

Por Juan Mocciaro

El 22 de mayo de 1986, un raro paquete caóticamente atado anunciaba que los monos estaban llegando. Pero los monos habían llegado hacía rato y eran otros, no muy distintos, pero otros. ¿O acaso aquellos monos, que eran cinco, apenas estaban saliendo y los que llegaban eran estos seis?


En el verano de 1984, los monos de Sumo intentaban sobrevivir a una temporada en la costa que estaba resultando como esperaban. Los shows en Villa Gesell se interrumpieron abruptamente por ciertas “diferencias” entre Luca y los dueños de los locales.


Lo cierto fue que tuvieron que salir a buscar fechas para sostener la permanencia de la banda en la Costa Atlántica. Pautaron un puñado de shows en pequeños lugares de la villa balnearia y para promocionarlos, los propios músicos recorrían la playa con un cono de cartulina propalando “¡Llegando los monos!”, que no eran otros que ellos mismos.


En aquel verano de 1984, los monos de Sumo eran un quinteto conformado por Luca Prodan, Diego Arnedo (bajo), Germán Daffunchio (guitarra), Roberto Pettinato (saxo) y Alejandro Sokol (batería).


Dos años después, los monos ya eran otros: se había ido Sokol y en su lugar ingresaba Alberto Superman Troglio, mientras que Ricardo Mollo se sumaba como segundo guitarrista y terminar de darle forma al sexteto definitivo. Esos monos fueron los que llegaban, “empaquetados”, en 1986.


Por alguna razón aquella ocurrencia de Arnedo durante el verano del ‘84 fue a parar al segundo disco de Sumo. Grabado entre marzo y abril de 1986 y editado el 22 de mayo de aquel glorioso e inolvidable año, Llegando los monos fue el momento de más alta popularidad de Sumo. Fue, al igual que para muchos, el mejor año. Luego de eso, al igual que para muchos, todo se iría inexorablemente al diablo.

Sumo & Breuer: encuentro en el estudio

Luego de Corpiños en la madrugada, editado en 1983 de manera independiente y artesanal y solo en formato casete; y de Divididos por la felicidad, primer disco oficial de Sumo, editado en 1985 por CBS, la banda estaba lista para su segunda incursión a los estudios de grabación.


Pero esta vez las cosas iban a ser diferentes porque, aunque seguían bajo la órbita de CBS, la banda pudo elegir dónde grabar y con quién: Llegando los monos se registró en los estudios Panda bajo el mano de Mario Breuer.

En su libro Rec&Roll: Una vida grabando el rock nacional, Breuer cuenta cómo el propio estudio de grabación determinó el modo en que Luca iba a trabajar: “En esa época Panda tenía un control y desde allí podían verse tres salas: una grande en la que se grababan casi todos los instrumentos, una más chica al medio y al final, una sala mediana. Todos estaban separados por vidrios, así que desde el control podías ver hasta el fondo (…) el día que entró Luca decidió que quería estar en la sala del fondo, así que apenas entraba se instalaba ahí y salía sólo cuando terminaba la sesión. Muy pocas veces pasó al control”.


“Yo soy algo así como el director musical, tenemos mucha creatividad”, dirá Luca de sí mismo en una entrevista con la revista Pelo, a propósito de la grabación de Llegando los monos y, de alguna manera, dando crédito al recuerdo de Breuer.


“Mollo, Arnedo y Pettinato eran los más activos durante aquellas sesiones y con los que más interactué”, revela el ingeniero de sonido de aquellas sesiones abonando aquella idea de director musical con la que se percibía a sí mismo Luca. “Ellos iban a la salita contigua donde estaba Luca a consultarle qué le parecía cada toma. Si a él le gustaba, la toma se guardaba; y si no, se desechaba”.

Las canciones del disco


Llegando los monos sigue el derrotero postpunk de su antecesor con apoyatura en el funk, reggae, rock y cierta new wave que mira de reojo a los New Order que no era otra cosa que Joy Division sin Ian Curtis, nada menos. Pero, a diferencia de Divididos por la Felicidad (vaya guiño de Luca sus admirados Joy Division), Llegando los Monos estuvo en mejores manos, las de Mario Breuer, claro. Algo que Pettinato había intentado para Divididos por la Felicidad pero que la discográfica le había negado.

“Este álbum surgió de una cuestión íntima para mí; no sé para los demás, Yo sólo soy algo así como el director musical aunque todos tenemos mucha creatividad».

Luca Prodan a la revista Pelo, en junio de 1986.


Llegando los monos empieza y termina con … “Llegando los monos”, un track instrumental que mostraba el lado humorístico de Sumo. Volvamos una vez más a Breuer: “Los Sumo tenían un grabador Fostex de 8 canales, muy simple. Habían traído unas pistas grabadas en él y querían sumarle ‘ambiente’: un chiflido, un uhh-ahh, y para eso necesitábamos gente. Un día en el que estaban todos los integrantes de la banda más invitados y asistentes, aprovechamos para grabar eso; como no había auriculares para todos, dejé abiertas las puertas del control y de la sala y pasamos esas pistas al grabador de 24 canales. Puse a grabar y me fui a la sala con el resto de la gente a hacer bardo. La idea era que el uhh-ahh fuera un loop que durase unos pocos minutos, pero, cuando fui a parar el grabador, el ambiente que se había generado estaba tan bueno que lo dejé seguir corriendo. Hasta que Diego Arnedo gritó desde adentro: ‘Pará, Mario’. Eso es lo último que se escucha en Llegando los monos”, dice Breuer.


El “Llegando los monos que abre Llegando los monos dura 35 segundos y pegado los palillos de Superman Troglio anticipan el estallido que es “El ojo blindado”, uno de los clásicos de la banda. El postpunk tal como lo concebía Luca y como eso era comprendido y ejecutado por sus compañeros de banda aparece en su máxima expresión en “Estallando desde el océano”.


En TV Caliente”, una oda a la actriz italiana Virna Lisi, Sumo se pone moderno al ritmo de la guitarra rítmica de Daffunchio para ir ganando en densidad a partir del saxo de Pettinato. “Nextweek” y su paranoica combinación de bajo y punteo de guitarra. “Cinco magníficos” es otra singular composición en la que Luca enumera ciertas cuestiones del ser nacional entre otras ocurrencias al ritmo de la caja Yanaha RX-11 programada por Chofi Faruolo, uno de los pocos invitados del disco. “Rollando” y “No Good” son los dos reggaes del álbum.


“Los viejos vinagres” es el hit explícito que Sumo se dio a sí mismo para sonar en las radios y vaya si lo logró. Un funky bailable que contó con un solo de saxo del Gonzo Palacios, el otro invitado. “Que me pisen” es otra de las lecturas que Luca hacía de la argentinidad con una lucidez inexplicable tratándose de un italiano educado en Gran Bretaña y que apenas llevaba un puñado de años en el país. O quizás por todo eso.


Punto aparte para “Heroína”, la sentida canción que Luca toma de Lou Reed para narrar su propia tragedia personal alrededor de la heroína. Él mismo, cuando llegó a la Argentina, en marzo de 1980, lo hacía escapando de si propia adicción. En cambio, no podía escapar del fantasma de su hermana Claudia y su novio, quienes, en julio de 1979, se suicidaron inhalando monóxido de carbono luego de haberse inyectado heroína. Luca había sido inició a su hermana en el consumo.


La versión de “Heroína” incluida en Llegando los mondos tiene una particularidad: es la toma original con Alejandro Sokol en batería grabada en estudios Del Jardín en octubre de 1983. ¿El motivo? Nunca pudo ser mejorada.


Editado hace cuarenta años, Llegando los monos funcionó. Funcionó entonces y sigue funcionado ahora. Sumo fue y será ese rayo seco que sacudió la primavera alfonsinista y preludió su ocaso


El 22 de mayo de 1986, un raro paquete caóticamente atado anunciaba que los monos estaban llegando. Pero los monos habían llegado hacía rato y eran otros, no muy distintos, pero otros. ¿O acaso aquellos monos, que eran cinco, apenas estaban saliendo y los que llegaban eran estos seis?

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