De comedor comunitario a albergue

Iris Miñoz reacondicionó Gotitas de Esfuerzo para recibir a personas en situación de calle, familias que hayan perdido todo en incendios y mujeres víctimas de violencia. Los que se alojaron en algún momento allí son los que colaboran con este espacio.

Iris Miñoz, la impulsora del comedor Gotitas de Esfuerzo en el barrio Malvinas, al sur de la ciudad, inauguró un albergue destinado a personas en situación de calle, familias que hayan perdido todo en incendios y mujeres víctimas de violencia.

La apertura contó con la presencia de funcionarios municipales que se comprometieron a colaborar con los servicios de gas, luz y agua. “Este albergue lo pusimos en marcha hace 10 años pero estaba en muy malas condiciones. Las paredes estaban destruídas, las alfombras muy sucias. Y lo cierto es que acá viene gente que la está pasando muy mal. Un grupo de mujeres del programa Argentina Trabaja comenzó a reacondicionarlo y mucha gente se sumó a colaborar. Nos donaron colchones, una cuna, frazadas, toallas”, resumió Miñoz.

Alberto Torres Foltyn siguió de cerca la reinauguración. Este joven abandonó La Plata tiempo atrás para radicarse, junto a su esposa, en Bariloche. Pero la casa en la que se instalaron se prendió fuego en julio del 2016, debido a un problema en la salamandra. “No teníamos a nadie. Iris nos alojó hasta que pudimos rearmar nuestra casa. Decidimos devolver lo que nos dieron; mi señora da clases de inglés y apoyo escolar y yo, clases de computación”, relató el joven.

Muchas de las personas que actualmente colaboran con el albergue se alojaron en él en algún momento. “No es más que una cadena de favores”, definió Miñoz.

La mujer reconoció que el año pasado, debieron alojar a gran cantidad de mujeres -muchas, con niños- por situaciones de violencia. “Últimamente, la Casa Amulén colapsa por tantas situaciones de violencia y terminan derivando a muchas de esas mujeres a nuestro albergue. Del mismo modo, el área social de la municipalidad, en más de una ocasión, nos deriva casos complejos para ver si se pueden quedar acá”, añadió Miñoz.

El comedor comenzó a funcionar en el 2000 y actualmente, entrega mercadería a 60 familias cada viernes. El sueño fue creciendo poco a poco y comenzaron a implementarse talleres de inglés, apoyo escolar, repostería, zumba y arte que, son acompañados por una suculenta merienda para los chicos.

El comedor se sostiene gracias a las donaciones de la comunidad.

“No teníamos a nadie. Iris nos alojó hasta que pudimos rearmar nuestra casa. Decidimos devolver lo que nos dieron”

Alberto Torres Foltyn, que perdió su casa en un incendio.

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“No teníamos a nadie. Iris nos alojó hasta que pudimos rearmar nuestra casa. Decidimos devolver lo que nos dieron”

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