Corrupción, el peor trago para Fernández en el debate presidencial

"¿Usted no vio nada cuando fue jefe de Gabinete?", le inquirió Macri. El candidato kirchnerista le devolvió la estocada: "Usted les llenó el bolsillo a sus amigos. Le esperan 100 causas".




Estaba escrito. El duelo más esperado del debate fue el capítulo de la corrupción. Y en ese terreno, el candidato del Frente de Todos padeció el aguijón de los dardos de Macri.

“Es imposible creer que usted, como jefe de Gabinete, no vio nada”, incomodó el presidente a Fernández. Aprovechó para enumerar la larga lista de los casos oscuros durante la gestión K: los contratos de Lázaro Báez, el enriquecimiento de Daniel Muñoz, los bolsos de López, Antonini Wilson…

También José Luis Espert le apuntó a Alberto con vehemencia: “En su gobierno lo que ocurrió fue una verdadera asociación ilícita. ¿No vio nada o fue cómplice?”. Alberto Fernández buscó salir del paso con una justificación de baja consistencia: “Cuando tuve diferencias me fui a mi casa. (La corrupción) no es mi problema. No tengo nada que ver con ella. Puedo dar clases de decencia”. Y entonces buscó aplicar con Macri la misma medicina: “(al presidente) le esperan 100 causas. Lo que hizo fue llenar los bolsillos de los amigos. Así como no vi la corrupción; ¿no vio lo que pasaba en su familia con la obra pública?”, le espetó al presidente.

Como la corrupción es el mal que corroe escandalosamente al país, el capítulo de federalismo y calidad institucional dio una nueva oportunidad para volver a la carga.

Fernández planteó una suerte de preceptos: “Hay que terminar con los funcionarios que corrompen y empresarios que se dejan corromper. Hay que prevenir la corrupción”.

Terció Gómez Centurión y sumó un dardo contra Cristina (a la que Macri no mencionaba): recordó que tiene ocho procesamientos y ocho años de liderar una verdadera cleptocracia”.

Macri aprovechó para ponderar su propia gestión en el plano del federalismo y confrontarla con el “látigo y la prepoteada del kirchnerismo a gobernadores y diputados”. Y tuvo unos segundos para enfrentar a Fernández en el tema libertad de prensa, particularmente sensible (por el procesamiento de Daniel Santoro y el informe de la Comisión Provincial de la Memoria que atribuye a un grupo de periodistas actividades asociadas al delito). “Fantasean con una Conadep para periodistas y tratan a éstos como si fuera terroristas de Estado”, dijo.

Fernández intentó una defensa de la actividad. “En toda la campaña me ocupé para que todos pudieran entrevistarme. El presidente se ocupó de exigirle a dueños de medios que sigan incurriendo en sus errores. La prensa corre peligro con Macri, no conmigo”.

Fernández no perdió la oportunidad para insistir con dardos que le suponen rédito: la corrupción vinculada a familiares de Macri.

Lo mismo hizo el presidente. “El kirchnerismo y Alberto Fernández son los mismo. (…) Ellos quieren una justicia y periodismo militante y no les molesta la corrupción. No somos lo mismo evidentemente”.

La revancha la tuvo Fernández en el siguiente bloque al hablar de la pobreza y la “multiplicación del hambre” y prometer viviendas. Macri retrucó como pudo en ése, su más débil costado: “Ellos ocultaron la pobreza (por la falta de índices) y siempre usaron a los pobres”.


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