Trump y Xi: entre la tregua estratégica y los negocios

La cumbre concentró la atención internacional no porque fuera un “reinicio de la relación” entre EE.UU. y China, sino porque confirma un interés por ordenar la competencia estratégica entre las dos mayores potencias del planeta.

Por Leonardo Herreros

Alfombra roja y despliegue militar para resaltar la importancia del visitante, uno de los gestos que dio China.(Photo by Kenny HOLSTON / POOL / AFP)

La mayoría de los analistas que siguieron de cerca la reciente visita de dos días del presidente de EE.UU. Donald Trump a China, donde se reunió con su par Xi Jinping, coinciden en que no hubo avances de fondo sobre los principales puntos que actualmente tensan la relación entre las dos superpotencias, aunque desde las formas hubo intentos por encauzar una disputa que genera repercusiones globales.

Fue una cumbre donde destacó los gestual. Alfombra roja, un desfile militar y 300 niños que cantaron y ondearon banderas de ambos países. Según reportó la agencia AP, Xi recibió a Trump ayer en su residencia oficial, Zhongnanhai, para el último compromiso de la cumbre antes del regreso del estadounidense a Washington. Ayer, los dirigentes pasearon por los jardines de árboles antiguos y rosas chinas y recorrieron un pasadizo cubierto con columnas verdes y arcos pintados con aves y paisajes montañosos tradicionales de ese país. Trump elogió la belleza de las flores y Xi prometió enviarle unas semillas para los jardines de la Casa Blanca. La cálida recepción fue una clara señal de que China quería halagar a su invitado y consideró que la visita tenía una importante carga estratégica.

La cumbre concentró la atención internacional no porque se esperara un “reinicio de la relación”, sino porque confirma un interés por ordenar la competencia estratégica entre las dos mayores potencias del planeta.

El peso global


Entre ambos países concentran más del 40% del PBI mundial, lideran el gasto militar global y dominan áreas decisivas de la economía y la tecnología. Cada gesto, acuerdo o tensión entre Washington y Pekín repercute sobre los mercados, las cadenas globales de suministro y los equilibrios geopolíticos.

La primera visita de un presidente estadounidense desde 2017 – cuando el propio republicano viajó durante su primer mandato- ocurre en un contexto delicado. La guerra comercial, la disputa tecnológica, la crisis energética derivada del conflicto entre EE.UU. e Israel con Irán y la tensión creciente sobre Taiwán formaron parte de una agenda cargada de desconfianza mutua, aunque atravesada por una necesidad inevitable de convivencia.

“La cumbre está lejos de ser un punto de inflexión”, sostuvo en su cuenta de X el analista internacional Esteban Actis, profesor de Relaciones internacionales de la Universidad de Rosario.

Consultado por Río Negro, Patricio Giusto, director del Observatorio Sino-Argentino, coincidió en que era improbable que se dieran avances significativos en cuestiones sensibles como los semiconductores o la competencia tecnológica. Sin embargo, estima sí hubo acuerdos parciales en materia comercial, arancelaria y de minerales críticos.

“La clave del encuentro fue la estabilización de una relación que es estratégica para ambos países y totalmente decisiva para el resto del mundo. El foco se puso en lograr un acuerdo comercial amplio, con negociaciones en los meses previos que fueron exitosas. La llegada de Trump con los CEOs de las principales empresas tecnológicas es todo un mensaje: es imposible prescindir del mercado chino y, mucho menos para este sector, desacoplarse de China en los procesos de innovación” dijo Giusto.

Trump llegó a Pekín complicado en varios frentes: la inflación impulsada por el aumento del petróleo, las dificultades derivadas del conflicto con Irán y una guerra arancelaria cuyos costos también golpearon a las empresas norteamericanas.

“Trump llegó muy golpeado y necesitado a esta cumbre y China lo supo aprovechar muy bien, dándole oxígeno en lo comercial, con compromisos compras agrícolas y oportunidades de negocios para empresas de EE.UU., y también con un mensaje de acuerdo sobre la necesidad de desmilitarizar Ormuz, aunque sin ningún compromiso de parte de China en ese sentido” destacó el analista internacional.

“China estaba interesada en descomprimir la relación y que Trump se vuelva satisfecho a Washington. Pero Xi defendió con firmeza las posiciones chinas y muchos de los temas quedarán pendientes de resolución hasta el 24 de septiembre, fecha en la que Xi fue invitado a visitar EEUU.” agregó Giusto

Xi Jinping y Donald Trump se reunieron en China. Foto: AP.

Delegación empresarial


La composición de la delegación estadounidense reforzó esa idea. Trump viajó acompañado por empresarios y ejecutivos de firmas como Tesla, Nvidia, Boeing y ExxonMobil. Xi los recibió personalmente y prometió una mayor apertura del mercado chino. “El planteo de la visita es claramente empresarial”, coinciden varios analistas.

Pero si para Washington la prioridad inmediata es económica, para Pekín, en cambio, el eje central sigue siendo Taiwán.

Ese fue el único punto donde Xi endureció públicamente el tono. Durante la reunión bilateral evocó incluso el concepto de la “trampa de Tucídides”, la teoría que describe el riesgo de guerra entre una potencia dominante y otra emergente.

La referencia no fue casual. China considera que Taiwán es el principal factor capaz de hacer descarrilar la relación bilateral y busca limitar el respaldo militar estadounidense a la isla.

Xi reclamó “prudencia” y advirtió que una mala gestión del tema podría conducir al conflicto. El gobierno chino aspira, al menos, a que Washington reafirme que no apoya la independencia taiwanesa.

Desde la Casa Blanca intentaron equilibrar el mensaje. El secretario de Estado, Marco Rubio, destacó a canales de televisión estadounidenses que la política estadounidense hacia Taiwán “no ha cambiado” y advirtió que sería “un terrible error” que China intentara tomar la isla por la fuerza. La cuestión es especialmente sensible porque Trump ha mostrado posiciones ambiguas sobre Taiwán. Mientras exige que Taipéi aumente su gasto militar y autorizó ventas récord de armamento (que no concretó), también criticó a la isla por “robar” a Estados Unidos la industria de los semiconductores y sugirió que debería “pagar más” por la protección norteamericana.

“Los tiempos juegan en contra de Trump y Xi jugó como siempre muy bien en ese sentido. Alfombra roja, gestos importantes en lo comercial y firmeza para presionar sobre Taiwán. Veremos si Trump retribuye y finalmente no activa el paquete pendiente de US$ 14.000 millones en ventas de armas a Taiwán. Seguramente a partir de eso China pueda hacer más para ablandar la posición de Irán y ayudar a Trump a salir del desastre de la guerra. Pero difícilmente haya cambios importantes en el corto plazo”, destacó Giusto.

Guerra y energía, otro eje clave


El otro tema que atravesó la cumbre fue la guerra en Irán y su impacto energético global. Ambos gobiernos coincidieron en la necesidad de reabrir el estrecho de Ormuz, prácticamente paralizado desde el inicio del conflicto y clave para el comercio mundial de petróleo.

China también busca garantizar estabilidad energética y reducir riesgos sobre su abastecimiento. Funcionarios estadounidenses sostienen que Xi pretende ampliar las compras de petróleo norteamericano para disminuir la dependencia china del Golfo Pérsico.

En paralelo, algunos analistas creen que Washington espera que Pekín utilice su influencia sobre Irán para facilitar una salida negociada.

En definitiva, la cumbre no redefinirá el escenario mundial actual, pero confirma la lógica geopolítica dominante de esta época: una rivalidad estructural entre dos potencias obligadas a negociar mientras al mismo tiempo compiten por el liderazgo global.

El viaje de Caputo a Washington y el dilema de balancear las relaciones


El asesor presidencial Santiago Caputo viajó a Washington, Estados Unidos, para tener una serie de reuniones con funcionarios de la administración Donald Trump.
De acuerdo a lo que trascendió, el consultor arribó el miércoles al país norteamericano.

Su primer encuentro con autoridades oficiales de la gestión Trump fue el miércoles por la tarde, cuando concurrió al Departamento de Estado junto a Alec Oxenford, embajador argentino ante el gobierno republicano. El portal Infobae aportó que los representantes de la gestión Javier Milei conversaron con Chris Landau, vicesecretario de Estado, un funcionario norteamericano que conoce de cerca la política argentina.


En las reuniones, la Casa Blanca habría transmitido su preocupación por el avance de China sobre los recursos estratégicos en Sudamérica, específicamente por las inversiones en litio, tecnología y el funcionamiento de la base espacial china en Neuquén. Allí, Santiago Caputo ratificó la postura de Balcarce 50 de consolidar una “relación sistémica” con Estados Unidos, por encima de cualquier otro vínculo comercial.


Al respecto al analista Patricio Giusto buscó matizar sobre la relación entre China y Argentina y los reclamos de Washinton. “Hubo mucha especulación en la previa del viaje de Trump a China sobre que tras ello Milei finalmente viajaría a China. No creo que ambas cosas estén directamente conectadas, pero seguramente para Milei ver a Trump en China con los principales CEOs del país haciendo negocios será algo revelador para él. Quizás ahora haya menos sobreactuación con EE.UU y Milei pueda iniciar una etapa de relacionamiento también político con China, más allá del pragmatismo en el plano comercial”, destacó el analista.

(Con fuentes propias y reportes de AP, AFP y NA)


Alfombra roja y despliegue militar para resaltar la importancia del visitante, uno de los gestos que dio China.(Photo by Kenny HOLSTON / POOL / AFP)

La mayoría de los analistas que siguieron de cerca la reciente visita de dos días del presidente de EE.UU. Donald Trump a China, donde se reunió con su par Xi Jinping, coinciden en que no hubo avances de fondo sobre los principales puntos que actualmente tensan la relación entre las dos superpotencias, aunque desde las formas hubo intentos por encauzar una disputa que genera repercusiones globales.

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