Decepcionados y sin miedo
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EL CAIRO.- “¿Dónde está el pan? ¿Dónde está la dignidad?”, dice uno de los grafitis pintados en una pared cerca de la plaza Tahrir, en El Cairo. Pero antes de que nadie pudiera responder, un manifestante agregó: “Sólo habrá todo eso después de una segunda revolución”. Dos años después del levantamiento popular contra el presidente Hosni Mubarak, el malestar político y económico continúa en Egipto, el país del mundo árabe más poblado, con 85 millones de habitantes. La oposición secular acusa a Mohamed Morsi, el primer presidente elegido democráticamente de Egipto, de gobernar según los dictados del poderoso movimiento que lo llevó al poder, los Hermanos Musulmanes, y de fallar a la hora de reanimar la economía. “El régimen debe darse cuenta de que Egipto cambió y que la gente hizo la revolución y sacrificó su alma para ver cumplidos los objetivos de la revolución”, afirmó Mohamed El Baradei, uno de los opositores más famosos de Egipto, ex director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). El Baradei lidera el Frente de Salvación Nacional, el principal bloque de oposición, que encabezó las masivas protestas de ayer en El Cairo y otras grandes ciudades contra las políticas de Morsi y su gobierno apoyado por los islamistas. Miles de egipcios llenaron ayer la plaza Tahrir de El Cairo rechazando la Constitución delineada por los islamistas y adoptada en un controvertido referéndum en diciembre. La oposición afirma que ésta mina derechos fundamentales y que la votación estuvo marcada por irregularidades. Reviviendo un eslogan de la época de la revolución contra Mubarak, los manifestantes coreaban ayer: “La gente quiere cambiar el régimen”. Los aliados islamistas de Morsi mantuvieron ayer un bajo perfil, aduciendo que temían provocar enfrentamientos con los opositores. Dos recientes accidentes de tren también caldearon los ánimos de la oposición, que acusa a Morsi de fallar en la reforma de la decrépita infraestructura del país. Además, la libra local cayó a un nivel histórico frente al dólar en las últimas semanas, lo que aumentó el costo de vida. Más del 70 por ciento de los alimentos de Egipto son importados, de acuerdo con los economistas. Una caída del turismo ha quitado además a Egipto una fuente clave de divisas, lo que no contribuye a mejorar la situación económica. Los argumentos de Morsi son insostenibles para Diaa Rashwan, experto en el Centro Al Ahram para Estudios Estratégicos estatal. “Los egipcios sienten cada vez más que los objetivos por los cuales salieron a las calles el 25 de enero de 2011 no fueron cumplidos”, señaló Rashwan a DPA. “El único objetivo hasta el momento es haber desmantelado la barrera de miedo”, añadió. “Los ciudadanos egipcios ya no temen a quienes están en el poder y están listos para confrontar cualquier injusticia. Y eso es lo que estamos viendo en las calles”. (DPA)
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