Del “continente de la esperanza” para afrontar la crisis
Hace ya décadas que el corazón de la Iglesia Católica es latino, al menos en lo que a las estadísticas se refiere. A partir de ahora, lo es también su cabeza. Después de una larga tradición de papas italianos, uno polaco y otro alemán, el jesuita argentino Bergoglio es con el nombre de Francisco I el primer pontífice procedente de América Latina, un continente clave para el futuro de la Iglesia.
Actualmente, el 46% de los 1.200 millones de católicos del mundo viven en América Latina, y su proporción dentro de la cristiandad crece ante la progresiva secularización, la caída en el número de fieles y la escasez de vocaciones en Europa, el centro tradicional de la cristiandad y durante siglos principal impulsor de las misiones y la evangelización.
Juan Pablo II bautizó a América Latina como el “Continente de la Esperanza” y le dedicó numerosos viajes. También para su sucesor fue una prioridad. Benedicto XVI viajó a Brasil, Cuba y México pese a su avanzada edad y su frágil estado de salud. Ambos nombraron también a tantos cardenales latinos como nunca antes.
Con la elección del nuevo papa los cardenales han reconocido el progresivo desplazamiento del centro geopolítico de la Iglesia.
El nuevo papa realizará con toda probabilidad a América Latina su primer viaje fuera de Europa. Cuando el alemán Benedicto XVI fue elegido, ya había sido convocada la Jornada Mundial de la Juventud de Colonia, pensada inicialmente para su predecesor, y que se convirtió en el primer viaje del nuevo papa. Y ahora, a Francisco I le espera la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro, del 23 al 28 de julio, y en la que se “va a encontrar con una Iglesia joven y viva”, en palabras de Guzmán Carriquiry.
Francisco I se encontrará con grandes retos al frente de la Iglesia católica, sin ir más lejos en la misma América Latina.
La Iglesia en el continente afronta una progresiva migración de sus fieles a Iglesias evangélicas y neopentecostales. Además, debe hacer un gran esfuerzo para atender a los fieles, ante el rápido crecimiento de las grandes ciudades.
Y eso en momentos en los que exporta cada vez más sacerdotes a países de Europa que se vacían de vocaciones y en Estados Unidos crece el número de católicos gracias a la migración latina.
Pero tampoco más allá de América Latina los retos no son menores, para empezar en el mismo Vaticano, donde se respira la crisis. Francisco I se convierte en papa después de que Benedicto XVI presentara su renuncia en un contexto marcado por las intrigas y las luchas de poder en la central del catolicismo mundial, tal y cómo ha revelado el escándalo de filtraciones “Vatileaks”.
A ello se le unen los escándalos de abusos sexuales por parte del clero que se destapan en cada vez más países y que han dañado fuertemente la imagen de la Iglesia, que ya de por sí debe luchar contra la rápida pérdida de fieles y de presencia pública en sus bastiones tradicionales. Las expectativas al nuevo papa son por ello grandes: la reforma de la curia, la renovación interna de la Iglesia y “la presencia más viva de la Iglesia en el mundo”.
Grandes esperanzas depositadas en un papa del “continente de la esperanza”.
Vicente Poveda
DPA
Análisis
Hace ya décadas que el corazón de la Iglesia Católica es latino, al menos en lo que a las estadísticas se refiere. A partir de ahora, lo es también su cabeza. Después de una larga tradición de papas italianos, uno polaco y otro alemán, el jesuita argentino Bergoglio es con el nombre de Francisco I el primer pontífice procedente de América Latina, un continente clave para el futuro de la Iglesia.
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