Denuncias secuestradas
Todos los gobiernos aprovechan las hazañas deportivas de sus compatriotas para desviar la atención de sus propias flaquezas, dando a entender que, pensándolo bien, se deben a sus propios esfuerzos, pero, con la eventual excepción de la dictadura militar encabezada por el recién fallecido Jorge Rafael Videla en 1982, el año en que la selección argentina se alzó con la copa mundial de fútbol, pocos han ido tan lejos en tal sentido como el de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner que, motivado por el deseo de perjudicar al Grupo Clarín, hace años liberó los goles de domingo, que según ella habían sido “secuestrados”, para entonces hacer del fútbol un vehículo propagandístico muy poderoso. Pues bien: ¿será capaz Fútbol para Todos de derrotar a su rival más temible, el programa también dominical, “Periodismo para Todos”, del periodista Jorge Lanata? Los estrategas mediáticos de Cristina apuestan a que sí logre hacerlo, ya que con el propósito no disimulado de tapar las denuncias acerca de la metodología atribuida al extinto expresidente Néstor Kirchner y otros personajes, como el actual vicepresidente Amado Boudou, para trasladar dinero del sector público a su propia subdivisión del privado, optaron por cambiar, con la colaboración de los jerarcas de la Asociación del Fútbol Argentino, el horario de los partidos para que se inicien a las 21:30, lo que, esperan, les permita quitar audiencia al periodista, cuya transmisión suele comenzar a las 22:15. Aunque muchos han protestado contra esta maniobra grotesca, señalando que ocasionará dificultades a quienes tendrán que trabajar el día siguiente y que de todos modos habrá problemas de seguridad, el gobierno se ha mantenido en sus trece. Fútbol para Todos, el programa más emblemático de la costosísima política de pan y circo del kirchnerismo, no sería concebible en una democracia “normal” en que las autoridades entienden que les resultaría contraproducente tratar de aprovechar las pasiones populares de manera demasiado impúdica, pero desde el punto de vista del gobierno de Cristina ha sido un éxito rotundo. Sin embargo, una cosa es usar Fútbol para Todos para recordarles a los telespectadores las bondades de la gestión kirchnerista y otra muy diferente, y mucho más grave, aprovecharlo para silenciar a quienes acusan a los allegados de la presidenta y, por lo tanto, a ella misma de haber cometido actos sistemáticos de corrupción en escala industrial, apropiándose de miles de millones de dólares o euros. Sea como fuere, la mayoría de los que prefieran mirar fútbol a enterarse de nuevas denuncias entenderá muy bien la razón por la que se postergó el comienzo de los partidos. Hasta los simpatizantes más fervorosos del “proyecto” que Cristina dice protagonizar se sienten desconcertados por la incapacidad oficial para reaccionar frente a la catarata de versiones acerca de bóvedas y bolsos llenos de dinero es de suponer mal habido y los mecanismos que se han perfeccionado para recaudarlo sin que se percaten de lo que está ocurriendo los organismos de control, si es que algunos siguen cumpliendo sus funciones. Con el propósito de defender al gobierno de la señora, intelectuales militantes se han visto reducidos a tratar la corrupción como un “tema abstracto” sin importancia en el mundo real, de tal modo haciendo suyo el principio ya tradicional sintetizado en el eslogan “roba pero hace”, lo que podría servir para tranquilizar las conciencias de ciertos oficialistas pero que, en una etapa en que la economía va de mal en peor y aumenta el desempleo, no ayudará a que la ciudadanía elija aplaudir a los presuntos ladrones por su astucia. A esta altura, indignarse con Lanata, tratándolo como un mercenario al servicio de Clarín, se asemeja demasiado a una confesión de culpa. Puede que hace algunos años, cuando parecía que la economía andaba bien, sólo una minoría se haya sentido perturbada por la rapacidad extraordinaria de ciertos personajes beneficiados por su proximidad al poder, pero a juzgar por las encuestas de opinión, una proporción creciente de la ciudadanía ha llegado a la conclusión de que los problemas alarmantes que enfrenta el país tienen mucho que ver con el saqueo de sus recursos por quienes anteponen sus propios intereses materiales al bienestar común y que, huelga decirlo, actúan en consecuencia.