Adrián Varas, el hombre incansable del Patagonia Run: corre 21K, 42K y 100 millas y revela por qué la montaña se vuelve un “vicio”

Es de Viedma, químico de profesión pero corredor por pasión y enfrenta uno de los mayores desafíos del Patagonia Run al correr 21K, 42K y 100 millas en una misma edición. Su historia revela por qué el trail running se vuelve una experiencia adictiva.

Por Walter Rodriguez

Hay corredores que buscan marcas, también desafíos, para otros la misión es medirse contra sí mismo. Y después están los que encuentran algo más difícil de explicar: esa especie de imán que los empuja a volver, una y otra vez, a la montaña. Adrián Varas pertenece a ese grupo.

Esta será la octava edición del Patagonia Run para este viedmense, químico de profesión pero corredor por pasión. Pero no lo hace de cualquier manera: llegó para correr tres distancias. Ya tomó parte el miércoles de los 21K, para el jueves recuperó un poco el físico y se largó a disputar los 42K (terminó haciendo podio en su categoría), y hoy será uno de los que se animan al desafío mayor: 100 millas. Una seguidilla que para muchos sería impensada. Para él, en cambio, es parte del camino. “Es mi carrera preferida”, dice sin dudar. Y no parece una frase hecha.

Su historia en realidad es bastante reconocida entre quienes pisan habitualmente los senderos de montaña. Por segundo año consecutivo Adrián corre las tres distancias. Y si fuera por él hubiese corrido cuatro. «Hoy (el martes) me enteré que se podía correr en el mismo día, dos distancias», nos contaba al momento de la acreditación para la carrera. «Si el miércoles los 21K largan a las 9:00, tranquilamente podría haber largado a correr los10K a las 12:00».

De los 10K a los 21K, del medio maratón al maratón, y de ahí al universo ultra. El camino de ida de Adrián en el Patagonia Run. (Foto Alejandro Carnevale)

Como la gran mayoría que llega por primera vez al PR, Adrián empezó de a poco, con distancias cortas, probando sensaciones. Pero algo cambió. “No se puede escapar”, dice entre risas, al intentar describir esa especie de adicción que genera este evento, cuando cuerpo y paisaje se juntan para pedir ser uno todo el tiempo que sea posible.

El proceso tiene su propia lógica: cada año un paso más. De los 10K a los 21K, del medio maratón al maratón, y de ahí al universo ultra. «Hasta que un día, sin saber muy bien cómo, estás frente a la largada de las 100 millas».

Pero Varas no corre solo. Llega desde Viedma con un grupo de más de 20 corredores, alumnos que entrena y acompaña. Un equipo que creció entre cerros modestos y mucha técnica, porque si algo tiene claro Ádrián es que en la montaña no se improvisa. Licenciado en Química, con formación en educación física y especializado en trail running, su mirada combina ciencia y experiencia. Habla de nutrición, de ritmos, pero sobre todo de algo clave: la biomecánica.

Adrián, al momento de acreditarse para correr tres distancias en el Patagonia Run 2026. (Foto/Alejandro Carnevale)

El secreto es fluir”, explica. «No pelear contra el terreno, sino acompañarlo. Dejar que el cuerpo copie la geografía, adaptarse y moverse con naturalidad. En la montaña no gana el más fuerte, sino el que mejor entiende cómo moverse. Con el grupo practicamos otra cosa además de subir y bajar senderos. Analizamos la postura, el centro de gravedad del cuerpo en pendiente, desplazando el peso hacia la montaña para evitar caídas. Hemos formado un lindo grupo de trail que ya tiene 4 años y medio. Se llama Animal Run, trail running team», nos cuenta este viedmense que no ha escapado al «vicio» PR.

«Patagonia Run es mi preferida porque acá hice todas las distancias, sin contar la organización que es impecable, la gente que trabaja con ellos, los chicos que están en los puestos de hidratación, la gente que está alrededor, que te ayuda, que te motiva, que te dice: ‘dale, dale, un kilómetro más y vos podés’. Todo eso engloba a que te sientas bien en todo momento».


El reto que encaró Adrián no es menor: ya corrió los 21K, los 42K, y hoy desde las 14 estará en la linea de largada de las 100 millas, en el Regimiento de Caballería 4. Deberá administrar el cuerpo, la energía, saber cuándo apretar y cuándo conservar. Pero para Varas hay un aspecto que es sumamente clave en esta distancia: la cabeza.

«Juega mucho, desde que largás hasta que llegas a la meta, porque las 100 millas te labura kilómetro a kilómetro la cabeza. Pero vos tenés que saber ir para adelante y superar esos momentos difíciles. Porque si te sentís mal en algún momento, eso pasa. Si vas a correr las 100 millas no abandones, porque esa sensación de que algo te tira para atrás, vas a tener muchas en la carrera. Hay que meterle para adelante», aconseja Adrián.

«El secreto es fluir. En la montaña no gana el más fuerte, sino el que mejor entiende cómo moverse». (Foto/Alejandro Carnevale)

“Las 100 millas se corre con el corazón y lo que te queda en las piernas”, sintetiza. Sin embargo, incluso en ese límite, hay algo que permanece intacto: el disfrute. Porque para Varas, como para tantos otros, el verdadero logro no está en la meta. Está en el proceso. En esa transformación silenciosa que empieza con una carrera y termina convirtiéndose en una forma de vida. Una historia que no tiene final. Como ese “vicio PR” que siempre invita a volver.



Hay corredores que buscan marcas, también desafíos, para otros la misión es medirse contra sí mismo. Y después están los que encuentran algo más difícil de explicar: esa especie de imán que los empuja a volver, una y otra vez, a la montaña. Adrián Varas pertenece a ese grupo.

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