Descubrieron tala ilegal de cipreses para hacer tablas en Otto
La madera estaría destinada a un aserradero de la zona de San Carlos de Bariloche y se presume que se la utilizaría para la construcción. La depredación incluye el saqueo de tierra negra. En la zona donde la patrulla ambiental de Gendarmería Nacional detectó el daño, se yerguen unos pocos cipreses en una especie de isla de tierra. El daño es irreversible. Recientemente un juez había recomendado suspender el apeo de madera hasta que haya un control más eficaz.
SAN CARLOS DE BARILOCHE- La ladera sur del cerro Otto sigue sufriendo la depredación indiscriminada que producen los buscadores de tierra negra y los que talan añosos cipreses en pie que luego son reducidos en forma clandestina por aserraderos de la región.
Ya no se trata del daño habitual que producen los recolectores de leña, que siempre cargan con las peores culpas, sino de una explotación comercial intensiva en tierras que no se sabe si pertenecen a la provincia, al ejército o a un particular.
Ayer a las 12, mientras los motociclistas de la «patrulla ambiental» de Gendarmería Nacional detenían a un camionero y secuestraban unos 20 rollizos de ciprés que habían sido volteados en las últimas horas, se escuchaban los golpes de hacha de otros depredadores en las estribaciones superiores del Otto.
La zona en cuestión está ubicada detrás del barrio 34 Hectáreas y parece ser tierra de nadie. Los cipreses con tronco recto son los preferidos por los dueños de aserraderos.
Los comerciantes los marcan con un corte superficial, que «Río Negro» pudo observar en muchos de ellos, para que durante la noche o en la madrugada los leñadores los apeen con sus motosierras. Después los bajan por virtuales toboganes realizados sobre las picadas, hasta la base del cerro, y las madereras aguardan el momento oportuno para cargarlos en sus camiones y reducirlos a tablas.
Cuando llegaron los gendarmes a la zona el único que no pudo escapar fue un camionero que había estacionado su vehículo sin chapas patentes en un socavón, y ya había alcanzado a cargar tres metros cúbicos de tierra negra.
Los dos muchachos que paleaban la tierra se fueron a la carrera con sus herramientas eludiendo a los motociclistas. Escaparon quizá sin haber cobrado los 10 pesos que le hubiesen correspondido a cada uno por hacer el trabajo completo. Trabajo que en ocasiones también realizan las mujeres del barrio.
Uso de la tierra
Cada camión de tierra se paga entre 100 y 150 pesos y sirve para cubrir algún jardín de los nuevos barrios del este de la ciudad, donde crecen urbanizaciones de categoría, pero sobre suelo pedregoso y de tierra muy pobre.
Para los camiones sin trabajo fijo el negocio es excelente. Antes extraían la tierra de madrugada pero la desidia oficial es tan evidente que ayer lo estaban haciendo a las 12 y sin ningún reparo.
Las consecuencias de la depredación también están a la vista. Los cipreses que quedan en pie se yerguen sobre una especie de isla de tierra que apenas le cubre las raíces. En algunos lugares la base de los cipreses están a más de dos metros de altura y el paisaje es inverosímil. El impacto ambiental es irreversible y ningún marco regulatorio parece ser suficiente para corregirlo.
Hace muy poco el ombudsman rionegrino, Juan Kugler, condenó la extracción de leña en terrenos del Ejército.
Recomendó que se realice un marco regulatorio adecuado para ese tipo de explotaciones, pero el gobierno provincial no tiene medios ni personal para controlar la degradación del ecosistema y fiscalizar alrededor de 25.000 hectáreas.
«Es impracticable un control efectivo», se lamentó un funcionario, cansado de solicitar la afectación de recursos materiales y humanos suficientes para prevenir y sancionar la extracción de madera en los bosques.
Hace pocos días, el juez Miguel Angel Lara ordenó al Servicio Forestal Andino que «evite la tala indiscriminada» de árboles y «suspenda los permisos de apeo» hasta instrumentar un sistema de control más eficiente.
La resolución incluyó severas críticas a la «desidia inaudita» de quienes deberían proteger la vegetación natural y dedicó varios párrafos a la importancia de conservar «el tesoro confiado a esta generación».
El bosque termina en obras muy de moda
Exitosos y muy promocionados emprendimientos gastronómicos y hoteleros deslumbran al turista con su ambientación de perfil regional.
La piedra y la madera del lugar le dieron a San Carlos de Bariloche su carácter de pueblo de montaña desde sus orígenes, pero en los últimos años se comenzaron a utilizar para la construcción y decoración cipreses tallados de manera artesanal y apenas industrializados.
La moda y la cantidad de obras con ese estilo inquietó a los ecologistas porque «a la corta o a la larga exigirá el raleo del bosque», pero el delegado del Servicio Forestal Andino, Germán Fritz, relativizó el impacto ambiental que se podría generar.
En algunos casos es necesario voltear árboles para construir viviendas o edificios en lotes con abundante vegetación.
Fritz explicó que «en el caso de existir un proyecto edilicio, el SFA exige planos de la construcción aprobados por el municipio, un relevamiento arbóreo y planimétrico y el dictamen de la dirección municipal de Medio Ambiente» antes de autorizar el apeo de ejemplares.
De esta forma el organismo provincial busca minimizar el daño y salvar, de ser posible preservando siempre a los ejemplares de mayor valor por su edad, porte y estado sanitario.
Pero las normas no alcanzan para proteger el bosque en zonas más amplias y despobadas.
Aunque se prevén multas mínimas de 5.000 pesos y clausuras de aserraderos, ante la falta de control sus efectos son ilusorios ahora y en el mediano plazo.
El SFA tiene en Bariloche apenas cinco empleados (entre ellos un solo inspector), la mitad que hace diez años.
SAN CARLOS DE BARILOCHE- La ladera sur del cerro Otto sigue sufriendo la depredación indiscriminada que producen los buscadores de tierra negra y los que talan añosos cipreses en pie que luego son reducidos en forma clandestina por aserraderos de la región.
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