En una conferencia del último Congreso de Medicina Interna celebrado en la UCA de la CABA la semana pasada un brillante expositor introdujo un término novedoso. “Desculturización”Lo definió como el proceso sociocultural que sufre una persona que migra desde una zona rural a una urbana, en nuestro caso, en condiciones de pobreza. Desde ya que al tratarse en un congreso médico solo se refirió a las repercusiones sobre la salud de los grupos migratorios y no de lo estrictamente social.

Así como sucedió con la migración de esclavos africanos u orientales a ciudades más desarrolladas en términos de cambio de hábitos y sus repercusiones en la salud este fenómeno se instaló en las migraciones de trabajadores rurales y sus familias a las grandes ciudades (básicamente las villas de emergencia de Buenos Aires, Rosario, etc.) en condiciones sanitarias mucho peores de las que padecían en sus pueblos de origen.

En el caso de los africanos y orientales que emigraron a EE.UU. se notó una gran vulnerabilidad a enfermedades como obesidad, hipertensión arterial, diabetes y trastornos de los lípidos directamente relacionados al aumento del consumo de la comida americana llámese exceso de ingesta de grasas saturadas, sal y carbohidratos.

Desde el advenimiento del populismo sea de derecha (Peronismo ortodoxo) o de izquierda (Kirchnerismo) esa migración fue incesante.

Según el observatorio social de la UCA en 1991 el 2% de la población de la CABA residía en los mencionados asentamientos, hoy, 26 años después, los habitan el 8% de los porteños.

El 26% de los jefes de hogar son extranjeros (básicamente bolivianos y paraguayos), un 13% proceden de otras provincias, pero el 61% nacieron y se criaron en Buenos Aires, hijos y nietos de aquellos campesinos desculturizados en los gobiernos populistas del peronismo.

La mala alimentación, las condiciones sanitarias, la pobre cobertura asistencial médica y social, la exposición al delito, las adicciones y el narcotráfico han producido sobre estos Argentinos un dramático empobrecimiento del pronóstico de vida .

Sin estudios

No hay estudios comparativos estadísticamente serios pero se puede afirmar sin ninguna duda que la mortalidad por todas las causas es mucho mayor en estos compatriotas e inmigrantes que en los sectores humildes pero arraigados y medios de nuestra sociedad.

No nos hemos referido a accidentes viales u hogareños mortales o muertes violentas donde también somos pioneros en América.

Las consecuencias fulminantes que han tenido sobre vastos sectores de nuestra sociedad estas políticas populistas cuyos votantes, a modo de síndrome de Estocolmo, han votado precisamente, a sus ideólogos gobernantes no salen en los diarios.

Este asesinato silencioso de individuos de todas las edades que genéticamente, en sus tranquilos pueblos del interior aún en condiciones de pobreza, podrían haber vivido muchos años más (podría aventurarse en un 20% de años más) no ha sido evidenciado por ninguna estadística ya que la eventual metodología es prácticamente imposible.

Pero no solamente hablemos de enfermedades y mortalidad sino también del deterioro moral, las emociones y las limitaciones al crecimiento, que este condicionamiento implica desculturización, un desarraigo asesino silencioso. Una deuda interna en default.

Santiago Durán

DNI 11.120.071

La mala alimentación, condiciones sanitarias, la pobre cobertura médica y social, la exposición al delito, las adicciones produjeron sobre estos argentinos un dramático descenso del pronóstico de vida.

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La mala alimentación, condiciones sanitarias, la pobre cobertura médica y social, la exposición al delito, las adicciones produjeron sobre estos argentinos un dramático descenso del pronóstico de vida.

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