Deserción escolar

Por Antonio Miglianelli

Por Redacción

Las últimas cifras referidas a la deserción escolar en Neuquén no sólo son una flagrante violación a los derechos del niño, ya que vulnera la propia Constitución Nacional y Provincial, donde se destaca la obligatoriedad de la enseñanza pública, laica y libre hasta la finalización del secundario, sino que como lo dictan los postulados del gran capital, hay que formar el ejército de reserva, esto es: chicos de baja capacidad creativa, poco o nada cuestionadores, reñidos con la inteligencia, mansos y dóciles. Todo esto, para obtener mano de obra barata y alejar cualquier intento de desafío al sistema.

Partiendo de la premisa que la crisis socioeconómica nacional, que hace décadas afecta a gran parte de los sectores más postergados de la población, es causa fundamental para que los chicos no sólo no vean futuro, sino que son utilizados por sus padres para salir a la calle en busca de dinero, hemos elevado una propuesta de acción directa que modificaría el sistema tradicional de becas que consiste en la entrega de dinero a la familia del estudiante.

En la actualidad, las becas (y de esto todos somos conscientes) ingresan al pozo común familiar como un paliativo a la crisis antes mencionada, impidiendo esto que el alumno disponga de una suma exclusiva para sus gastos educativos. Si logramos cambiar este sistema y apuntamos únicamente al alumno, nos permitiría una mejor captación de éste, un porcentaje mayor de permanencia en el sistema (por más que la obligatoriedad constitucional así lo determina, pero en los hechos no se cumple ni se puede controlar) y una sensible disminución en la inversión de recursos económicos educativos.

En tal sentido, la reorientación del gasto debería dirigirse a:

• Eliminar gastos de transporte escolar e implementar un abono gratuito para nivel inicial, primario y secundario durante los 14 años en el sistema.

• Instrumentar el otorgamiento de todos los materiales de estudio para impedir que la familia destine fondos para ello, para lo cual el Consejo de Educación deberá suministrar y garantizar dichos materiales dentro de la escuela.

• Instaurar en los colegios secundarios (que no tienen comedor) un sistema de viandas diarias para el desayuno o merienda y almuerzo, según el turno que asista. Privado o no, contratado o no, a instituciones especialistas como el Ejército o Gendarmería.

• No construir ampliaciones ni nuevos anexos que signifiquen destinar fondos para implementar comedores escolares, al menos, durante un tiempo.

Pensamos que de esta manera reorientamos las partidas, bajarían sustancialmente los niveles de deserción y becaríamos únicamente al alumno.

(*) Ecólogo Social


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