Diccionario apócrifo del tango

Redacción

Por Redacción

Una luz enjundiosa y visceral que sin pedir permiso se mete en el arrabal penumbroso de las letras y los nombres de los tangos.

• Bien macho, llorón y desgraciado: los tangos son así, desilusión, abandono y alcohol. No existen los tangos saludables y si quisiéramos hacerlos en esta época new age ayogurtada podrían salirnos cosas parecidas a éstas. «Esta noche amiga mía, / Gatorade nos ha hidratado…/ ¡Qué me importa que se rían / y nos llamen los proteinizados» o cantarle al viejo cafetín de Buenos Aires convertido en pub: «En tu mezcla milagrosa / de sabiondos y Hare Krisnas / yo aprendí filosofía, tirar las runas, Reiki / Y la poesía cruel / de no reflexionar más en mí».

• Complejos: madre hay una sola cantaban los guapos y en una cuasi-depravada elección deciden abandonar el portaligas y los tacos aguja por el batón y las pantuflas de franela de la vieja. «Que nadie venga a arrancarme del lado de quien me adora, de quien con fe bienhechora se esfuerza por consolarme». Verso que sonrojaría al mismo Edipo y podría relegarlo a un segundo puesto en miles de libros de psicología. «Si soy así, /¿qué voy a hacer? / Nací buen mozo y embalao para el querer.» dijo aquel hombre tan enamorado de sí mismo como Narciso. «Es Juan Tenorio que hoy ha vuelto a renacer», vuelve a repetir este adonis porteño que si Narciso lo viera lo atacaría salvajemente a rasguños en el rostro.

• Cosmogonía numerológica: las primeras décadas del siglo veinte eran un caldo de cultivo de ciencias que teorizaban sobre el origen del universo. Algunos nombres de tangos casi como La Kábala rioplatense representaron aquellas inquietudes filosóficas. Al principio fue la «Nada» y «Ninguna» materia. Después del Big Bang fue «Huno» pero unos micronésimos de segundos antes «A media luz». «Uno y Uno» le siguió por lógica matemática.

• Falsedades: «Si yo tuviera el corazón, el corazón que di…». Ese verso de «Uno» es totalmente erróneo que fue una frase escuchada a un donante de órganos arrepentido que en su desesperación acuñó el dicho: hagamos de tripas corazón. También es falso de toda falsedad que el tango «Muñeca brava» tenga relación con pecaminosas y solitarias costumbres adolescentes. Poco veraz es la leyenda de aquella mujer desdentada que acostumbraba a reírse como un camionero mientras masticaba ajo remojado en ajenjo a la que el poeta le habría cantado en «Nostalgias»: «Nostalgias / de escuchar su risa loca / y sentir junto a mi boca / como un fuego, su respiración.

• Para horario de protección al menor: en «A la luz del Candil» el engañado dice «arrésteme sargento y póngame cadenas» mostrando un fingido arrepentimiento que podría conseguir la figura de asesinato por emoción violenta, sobre todo para atenuar la tétrica estrofa siguiente: Las pruebas de la infamia / las traigo en la maleta: / ¡las trenzas de mi china / y el corazón de él…! «Yo soy la rubia», tanguito ideal para que se lo cante la patrona mientras se saca la enagua: «Soy la palmera de esbelto tallo y soy la sensitiva para querer. / Soy cariñosa, soy hacendosa…/ ¡Y sé hacer unas cosas…! /Que sí…/Que no…

Horacio Licera


Una luz enjundiosa y visceral que sin pedir permiso se mete en el arrabal penumbroso de las letras y los nombres de los tangos.

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