Dilemas sindicales



Los sindicalistas hablan como si a su juicio fuera posible defender el poder adquisitivo de los trabajadores elevando el mínimo no imponible para que menos paguen ganancias, además de darles un plus salarial de fin de año. Es lo que todos, tanto los aliados del gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner como los opositores, entre ellos el camionero Hugo Moyano, están reclamando, ya que ninguno puede tomar en serio las afirmaciones de funcionarios como el secretario de Comercio Interior Augusto Costa que, sobre la base de las estadísticas inventadas por el Indec, dice que “no hubo una pérdida de salario real” en lo que va del año. Así y todo, aunque a los dirigentes sindicales no les queda más alternativa que la de pedir aumentos destinados a impedir que siga cayendo el “salario real”, si bien prefieren pedir un “plus” de emergencia, un “bono” o una modificación del sistema impositivo, a esta altura entenderán que no les será dado cambiar el panorama económico empleando eufemismos, puesto que los beneficios eventualmente logrados merced a sus presiones no tardarían en verse anulados por la inflación, que ya supera el 40% anual y que, en vista de la voluntad oficial de impulsar la emisión monetaria, podría acelerarse en los meses próximos a pesar de una recesión que está obligando a los comerciantes a cuidar los precios. Asimismo, más de medio siglo de experiencia les habrá enseñado a los sindicalistas que los aumentos salariales generalizados siempre son inflacionarios, pero tienen que reclamarlos porque, si dejaran de hacerlo, perderían el apoyo de afiliados que los castigarían por su presunta falta de solidaridad, acusándolos de pensar más en sus propios intereses personales que en los de obreros que a duras penas llegan a fin de mes. La situación en que se encuentran es difícil no sólo en nuestro país sino también en todos los demás, en los que los sindicalistas están esforzándose, sin mucho éxito, por adaptarse a circunstancias que son muy distintas de las de algunas décadas atrás. El progreso tecnológico, la globalización, la tantas veces denunciada “desindustrialización” de la mayoría de las economías nacionales, la fragmentación de la vieja clase obrera y otros factores los han privado del poder decisivo que antes tenían, sin que hayan conseguido reemplazarlo concentrándose en ayudar a los afiliados a prepararse para enfrentar los desafíos planteados por las sucesivas olas de cambio. El resultado ha sido que, en aquellos países en que el sindicalismo institucionalizado sigue siendo fuerte, los dirigentes lideran campañas en contra de “la flexibilización” que plantea una amenaza a los derechos adquiridos de quienes cuentan con empleos formales, de tal modo perjudicando a los más jóvenes. Lo mismo que los políticos populistas, se afirman progresistas pero actúan como conservadores, ya que su prioridad consiste en preservar un orden socioeconómico propio de una etapa que ya ha terminado. Los sindicalistas suelen privilegiar, en teoría por lo menos, la unidad. En el sistema corporativo tradicionalmente reivindicado por el peronismo, una CGT monopólica se encargaría de la defensa de los derechos de los trabajadores en las negociaciones con las asociaciones empresarias, mientras que el Poder Ejecutivo desempeñaría el papel de árbitro, compatibilizando el deseo lógico de los asalariados a percibir más con la necesidad igualmente lógica del empresariado a hacerse competitivo. Por desgracia, el esquema así supuesto nunca ha funcionado muy bien. Al contrario, a juzgar por los resultados, ha contribuido mucho a frenar el desarrollo del país al institucionalizar un grado excesivo de centralismo que puede haber beneficiado a algunas personas determinadas –miembros del gobierno, sindicalistas y lobbistas empresariales–, pero que ha perjudicado al conjunto. Sea como fuere, no existen motivos para suponer que mucho esté por cambiar en el futuro inmediato. Antes bien, es de prever que sigan organizando paritarias en que los participantes se resistan a distinguir entre empresas precarias al borde de la bancarrota y otras que están en condiciones de pagar mucho más a sus empleados y que los sindicalistas más fuertes pongan en marcha “planes de lucha” parecidos a los que, a través de los años, nunca han producido mejoras duraderas.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Miércoles 22 de octubre de 2014


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