Donald Trump, el fenómeno que incomoda

Actos de campaña que “proyectan poder”, insultos y burlas que cautivan a los espectadores. Una puesta en escena millonaria que suma adeptos en cada lugar donde se presenta.

AP

El empresario convoca a una gran multitud cada vez que se presenta.

MANCHESTER, Estados Unidos (AFP).- Desde la distancia, no tiene sentido. ¿Cómo explicar que una exestrella de un programa de TV, famoso por hacer dinero y hacer el pedido de no permitir el ingreso de musulmanes al país, pudo haber ganado una primaria en New Hampshire? Pero quienes se hacen esa pregunta no han estado nunca en un acto público de Donald Trump. El público comienza a hacer las colas de acceso más de una hora de antes de que abran las puertas, aguantando temperaturas próximas a los cero grados. Al momento en que Trump se sube al escenario una multitud de entre 3.000 y 4.000 personas ya enfrentaron condiciones peligrosas para poder ver al ídolo. Jeb Bush logró reunir apenas el 10% de ese número en el comedor de una escuela, dos días antes. Marco Rubio logró atraer alrededor de 1.000 personas, pero con la oferta de panqueques calientes, aunque en realidad haya servido café y galletas. “Supongo que vine por el entretenimiento”, dijo un estudiante de 19 años que esperaba por Trump. “¡Será fenomenal!”, comentó Brian Carey, propietario de una compañía de construcción y quien mandó a instalar en el techo de su empresa un cartel que dice: “Make America Great Again!” (Recobrar la grandeza de Estados Unidos). Lejos está Trump de preferir los locales pequeños que agradan al senador Ted Cruz en un intento por parecer más cercano a los electores. Poco importa si la tradición política en New Hampshire es la de estrechar manos y hacerse fotos con electores en pizzerías y restaurantes. Fiel a su estilo, Trump simplemente alquiló el mayor espacio de la ciudad, el estadio Verizon Wireless Arena, con capacidad para 10.000 espectadores. En otros países, los políticos hacen todo el esfuerzo posible para fingir que son personas normales, pero a Trump nada le gusta más que recordarle a todo el mundo cuán rico y exitoso es. Más que cualquier otra cosa, su acto de campaña proyecta poder. El escenario es decorado con un cartel que en rojo, blanco y azul repite su lema de campaña (Make America Great Again!) y una serie de banderas estadounidenses que se ven muy presidenciales. Cuando ya todos están sentados, el presentador pide al público que por favor no use la violencia en caso de protestas. Y en el instante en que Trump aparece, el público parece perder la razón. Están cautivados. Cuanto más insulta a países y personas a quienes culpa por los males de Estados Unidos, más lo aman. ¿Puede uno imaginarse a un político llamar a otro “cagón”? Trump lo hizo con Cruz. Sus propuestas son tan conocidas como usadas. “¿Quién va a pagar el muro?”, preguntó al público. “¡México!”, respondió el estadio entero en una sola voz, para luego iniciar el coro “¡USA! ¡USA!” .


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