Dos madres relatan cómo se vive con una hija en salud pública de Cipolletti

Nélida Esther, de 87 años, y Carmen Sepúlveda, de 66, detallan qué se siente tener un familiar en la primera línea contra el coronavirus. Ambas prestan servicio en el hospital de Cipolletti.




Nelida de 84 años tiene su hija trabajando en el hospital de Cipolletti (Florencia Salto)

Nelida de 84 años tiene su hija trabajando en el hospital de Cipolletti (Florencia Salto)

Miedo y orgullo. Más miedo que orgullo. Dos de las sensaciones que comparten Nélida Esther Baier de 87 años y Carmen Sepúlveda de 66. No se conocen, nunca se cruzaron y viven a más de 130 kilómetros de distancia. Pero algo las une: una hija en el sistema sanitario de Cipolletti.

Esther tiene una vitalidad envidiable. Tan lúcida que en tiempos de pandemia aprendió a usar la tablet para poder ir al casino aunque sea de forma virtual. Vive en Neuquén junto a su hija Sabina Garrido de 65 años, médica en la guardia del hospital de Cipolletti.

Carmen es de Neuquén pero conoció un pionero de Catriel, se casó y allí vive desde la década del setenta. Su hija mayor, Mónica Espinoza, es enfermera en el centro de salud cipoleño . Solo pudieron verse una vez desde que inició la pandemia, antes lo hacían cada 15 días. El contacto físico y la calidez de cara a cara es lo que más extrañaba. Carmen tuvo que dejar de ir a trabajar, lo hacía en el municipio, por ser grupo de riesgo. Ahora se preocupa mucho por su hija que día a día hace frente a la pandemia del coronavirus.

“ Tengo mucho miedo por mi hija. Cuando se va me quedo preocupada hasta que vuelve. Estoy preocupada por ella y por todos los médicos y enfermeros que están trabajando. Ojalá esto termine pronto”, relató Eshter. La mujer vive hace más de 50 años en la región. Nació en Coronel Suárez. Es una zona del sur de Buenos Aires donde se radicaron, a comienzo del siglo pasado, las colonias alemanas.

Sabina podría haberse jubilado antes del inicio de la pandemia pero decidió seguir “cómo voy a dejar el barco en este momento”, dijo la médica. “Es un orgullo para mí. Yo extraño, salir, voy al patio, salgo con mi hija, cuando tengo fecha de salida. A mi edad mirá lo que tengo que pasar” , se lamentó.

Esther tiene un gran sentido del humor y mucha vitalidad, se sube a una escalera para bajar y cortar dos limones del limonero que tiene en su jardín. La mujer recordó que esto solo se compara con la epidemia del poliomielitis en la década del 50. “Eso también fue tremendo, pero esta pandemia está siendo muy larga”, indicó.

Esther es muy creyente y diariamente reza por su familia, pero también por todas las personas que están expuestas al contagio. “Todos estamos expuestos y por eso tenemos que cuidarnos ”, finalizó.

Me acuerdo que cuando mi marido me iba a buscar al hospital con Mónica, ella tenía seis años, ya decía que iba a ser enfermera”.

Carmen, mamá de Mónica Espinoza, enfermera del hospital de Cipolletti

Carmen es oriunda del norte neuquino. Hace 55 años se instaló en Catriel. Tiene cuatro hijas. Mónica, la mayor, es empleada hace muchos años en el hospital de Cipolletti. Carmen trabajó dos décadas en el hospital de Catriel . Contó que cuando Mónica era muy chica ya decía que iba a ser enfermera. “Tenía 6 años y cuando me iban a buscar se sentaba y decía que iba a ser enfermera”, recordó.

La mujer de 66 años atraviesa con dificultad este proceso de pandemia y con mucha “preocupación. “Es difícil porque a Mónica no la vemos hace muchos meses, nunca estuvimos tanto tiempo sin vernos. Es una situación difícil para mí”, expresó la mujer.

Además de la preocupación por su hija, Carmen detalló que la tiene mal la situación que atraviesa Catriel. En las últimas semanas el número de contagios creció y también tiene familiares en el sistema de salud público de esa localidad. “La verdad que la estamos pasando mal. Cada vez me preocupa más la situación de Mónica en Cipolletti”, contó la mujer que aseguró que no tiene miedo pero que evita cualquier tipo de aglomeración.

“Estamos cansados, no somos superhéroes”

Una de las principales preocupaciones en el sistema sanitario es el estado físico y emocional del personal de salud. La falta de camas es una consecuencia de la falta de recurso humano en el sistema público y privado. La responsable del sector en Cipolletti, Rita Martín, agregó que las jornadas son extenuantes y que hay mucho agotamiento .

“Tengo mucho miedo por mi hija. Estoy preocupada por ella y por todos los médicos y enfermeros que están trabajando”.

Nélida Esther Baier, mamá de Sabina Garrido, médica del hospital de Cipolletti

“Estamos muy cansados, es muy difícil pero seguimos firmes, ningún trabajador del sector presentó certificado, seguimos. Es muy difícil porque la demanda es muy grande y se siente. No sé hasta cuándo vamos a poder resistir”, detalló Patricia Colipe, jefa de enfermeros de la guardia del hospital.

Vamos a estar hasta que el personal empiece a caer”, agregó Sabina Garrido, médica del centro de salud público. Mónica Espinoza, enfermera del hospital, hizo hincapié en la importancia de evitar las reuniones sociales y que se valore el trabajo que hace el sector. “Nosotros no somos superhéroes, somos personas que sufrimos y estamos viviendo una situación muy complicada. No queremos que nos aplaudan si después se juntan a comer un asado”, afirmó.


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