Los números detrás de la renuncia de Marco Lavagna al Indec

El gobierno busca mantener el relato de que la inflación está a la baja. Mientras vuelven los fantasmas de la intervención de 2007, las consultoras revelan cómo hubiera funcionado la nueva metodología de IPC que desecharon Luis Caputo y Javier Milei.

Por Facundo Iglesia

La renuncia de Marco Lavagna a la dirección del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) reveló que el Gobierno no solo está preocupado por bajar la inflación, sino que también está dispuesto a ir a la guerra por “cómo se cuenta”.


El Indec estaba a punto de actualizar la herramienta que usa para medir los precios, acaso el tema más sensible para la Casa Rosada. Pero apenas ocho días antes del debut del nuevo Índice de Precios al Consumidor (IPC), la administración libertaria puso el freno de mano y precipitó la salida de Lavagna, que comandaba el organismo desde la presidencia de Alberto Fernández.


El cambio metodológico consistía en dejar de calcular la evolución de los precios en base a una canasta elaborada en 2004, para comenzar a usar una encuesta realizada en 2017-2018.


“Obviamente, ha sido una clara intervención”, dijo a RÍO NEGRO Christian Buteler, economista y analista financiero. “El Indec había decidido aplicar un nuevo índice, pasó todo el mes de enero midiendo y haciendo el cálculo con esa metodología, y se decidió dar marcha atrás desde el desde el Ejecutivo”, agregó.


Ni bien Lavagna pegó el portazo el lunes 2, desde Casa Rosada filtraron que el responsable de las estadísticas nacionales respondía al ex candidato presidencial Sergio Massa y que “medía mal” indicadores como la balanza turística, objeto de una polémica con el secretario de Turismo, Daniel Scioli.

“Parece un déjà vu: en una fecha parecida del 2007, se intervino políticamente nuestro organismo porque no gustaba el dato del IPC de enero 2007. Esperamos que el próximo 10 de febrero salga el IPC con las nuevas ponderaciones de la Encuesta 2017/18”

Raúl Llaneza, delegado de ATE en Indec

Mientras, los trabajadores del Indec sentían el déjà vu de la intervención del instituto durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, a cargo del entonces secretario de comercio, Guillermo Moreno.

“Estamos consternados”, dijo ese día a RÍO NEGRO Raúl Llaneza, delegado de ATE en Indec. Y agregó: “Parece un déjà vu: en una fecha parecida del 2007, se intervino políticamente nuestro organismo porque no gustaba el dato del IPC de enero 2007. Esperamos que el próximo 10 de febrero salga el IPC con las nuevas ponderaciones de la Encuesta 2017/18”.


Cuando Caputo finalmente agarró el micrófono horas después de la salida de Lavagna, echó por tierra esa posibilidad. “La visión nuestra es que no hay necesidad de cambiar el índice ahora. De hecho, da prácticamente igual”, dijo el ministro a Radio Rivadavia.

Y blanqueó la interna: admitió que Lavagna había renunciado porque quería actualizar la próxima medición, “y con el presidente siempre tuvimos la visión de que había que implementar un cambio una vez que el proceso de desinflación ya estaba totalmente consolidado”.


No obstante, la del lunes no fue la única renuncia reciente de alto perfil en el organismo. El año pasado, se fueron dos directores clave: Guillermo Manzano (Estadísticas de Condiciones de Vida) y Georgina Giglio (Índice de Precios al Consumidor). Lavagna fue reemplazado por el número dos del Indec, Pedro Lines, que trabaja en el organismo desde 2016 y fue su director técnico desde 2018.

El nuevo índice


Durante gran parte del año pasado, varios analistas ya habían puesto en discusión la forma en que el Indec mide los precios.


El primer anuncio oficial del cambio metodológico llegó el 1° de agosto de 2025. En la primera revisión del programa económico de Milei, el Fondo Monetario Internacional (FMI) avisó que esperaba que Indec lanzara a fines de ese año el “Índice de Precios al Consumidor (IPC) actualizado, basado en la encuesta de gastos de los hogares de 2017-18, con el fin de reflejar mejor los cambios estructurales en los patrones de costos y mejorar la calidad de los datos”.


Luego, el 14 de octubre, el propio organismo anunció que haría la actualización para medir la inflación desde enero de 2026. Asimismo, el Informe de Política Monetaria del Banco Central de diciembre también daba por hecho el cambio, advertiendo que el mismo “no debería afectar significativamente la tendencia inflacionaria esperada” porque, siguiendo el mantra libertario, “la inflación es un fenómeno monetario”.
En otras palabras, lejos estaba el cambio de ser una sorpresa.

La diferencia entre el nuevo y el viejo IPC radica en la canasta de consumo y la estructura de ponderadores que utilizan: es decir, cuánto peso tiene cada bien o servicio.


La diferencia entre el nuevo y el viejo IPC radica en la canasta de consumo y la estructura de ponderadores que utilizan: es decir, cuánto peso tiene cada bien o servicio. El viejo índice (actualmente en uso y que el gobierno mantendrá) se basa en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares realizada en 2004.


Estamos midiendo la inflación usando una canasta de bienes y servicios de cuando no existía la conexión masiva a internet ni los celulares inteligentes, pero sí se incluía medir el precio del fax, de diskettes y Compact Discs y del alquiler de películas en videoclubes”, dice un informe de la consultora Epyca.


Según el documento del Central, se esperaba que “el nuevo IPC aumente significativamente la cantidad de precios relevados y de informantes, mejorando así su representatividad”.

La Encuesta de Gastos de los Hogares 2017/2018 aumenta el porcentaje de las tarifas de servicios públicos de 9,4% a 14,5%, del gasto de transporte de 11 a 14,3% y de comunicaciones de 2,8 a 5,2%.


El nuevo índice, que se hubiera basado en la Encuesta 2017/2018, presenta cambios sustantivos en la canasta de consumo y sus ponderadores: principalmente, aumenta el porcentaje de las tarifas de servicios públicos de 9,4% a 14,5%, del gasto de transporte de 11 a 14,3% y de comunicaciones de 2,8 a 5,2%.


Según un informe de la consultora PxQ, de Emmanuel Álvarez Agis, si bien la metodología detallada del nuevo IPC no está publicada, estimando los ponderadores de la Encuesta 2017-2018, la inflación de enero de 2026 hubiese dado 3%, por encima del 2,5% que según Caputo esperaba el gobierno, y por arriba del 2,8% de diciembre.

Para PxQ, el número se debe principalmente a los aumentos tarifarios en las provincias, que fueron publicados esta semana y que, al comprobarse su peso en el nuevo índice, pueden haber sido el catalizador de la renuncia de Lavagna.


El lunes, el periodista Eduardo Feinmann dijo en Radio Mitre que “el nuevo índice iba a dar entre 3,1 y 3,5% de inflación” para enero. Caputo le respondió en X: “Eso es falso. De hecho daba una décima menos que el índice actual. Al menos eso me dijo Marco y también Pedro Lines”. El post de la radio con los dichos de Feinmann desapareció poco después.


Según las consultoras, no solo la inflación de enero hubiera sido más alta con la nueva metodología. El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) calculó, aplicando las ponderaciones de la Encuesta 2017/2018, una inflación acumulada 38,7 puntos porcentuales más alta entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025 en comparación con la metodología actual (288,2 % frente a 249,5%).

Además, con el método vigente, el índice de salario privado registrado muestra una caída real del 1,2% en comparación con noviembre de 2023. Pero, según el nuevo índice, el derrumbe sería mayor: del 5,5% desde la asunción de Javier Milei.

Hacia adelante


Hasta diciembre (el último dato disponible) la inflación llevaba ocho meses seguidos sin bajar y cinco subiendo. Ese mes, Milei dijo que, a partir de agosto de 2026, la inflación será del 0%.
Según publicó Infobae, el Banco Central comenzaría a elaborar su propio índice de inflación para definir el nivel de emisión monetaria: se llamará “inflación subyacente”.


En una entrevista con La Nación +, Caputo afirmó que la Encuesta de Gastos de 2018 estaba más desactualizada que la de 2004, que se utiliza ahora. “Probablemente los patrones de comportamiento de consumo de hoy difieren más con los de 2018 que los de 2018 con los de 2004”, dijo, sin dar mayores explicaciones. También adelantó que se realizaría un nuevo relevamiento, por lo que el índice que iba a debutar la semana que viene probablemente nunca vea la luz del día.

«El gran daño está en la credibilidad. El impacto que pueda llegar a tener la medida no es algo inmediato que se pueda ver, como muchas veces pasa en el mercado. Se va a ver en el tiempo”

Christian Buteler, economista


Caputo también dijo que, como en su equipo están “muy confiados en que el proceso de desinflación va a continuar”, cambiar la metodología podría “dar lugar a especulaciones”. Para Llaneza, el argumento es “torpe”. “No tiene fundamento técnico lo que está diciendo el ministro: es un fundamento político. Por eso, seguimos exigiendo la independencia del Indec de los gobiernos de turno”, agregó el dirigente sindical.


Según Buteler, “más allá de si el nuevo índice podría dar tres, cuatro, cinco, seis puntos anuales más que el anterior, el gran daño está en la credibilidad”. “Donde más puede puede afectar es si los agentes económicos empiezan a dejar de creer en los indicadores del Indec”, dijo a RÍO NEGRO, y añadió que, de seguir así, los inversores podrían buscar “indicadores alternativos”. “El impacto que pueda llegar a tener no es algo inmediato que se pueda ver, como muchas veces pasa en el mercado, en los precios de bonos y acciones. Se va a ver en el tiempo”, afirmó.


La renuncia de Marco Lavagna a la dirección del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) reveló que el Gobierno no solo está preocupado por bajar la inflación, sino que también está dispuesto a ir a la guerra por “cómo se cuenta”.

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