Natalidad y reformas
Argentina atraviesa una transformación demográfica profunda. Los nacimientos cayeron casi a la mitad en una década: de un promedio cercano a 737.000 nacimientos anuales entre 2003 y 2015 se pasó a 413.000 en 2024. La tasa global de fecundidad llegó a 1,23 hijos por mujer, muy por debajo de los 2,1 necesarios para el reemplazo poblacional, lo que obliga a repensar políticas de población, educación, vivienda, salud, cuidado y empleo en el país.
Este cambio estructural merece una mirada menos simplista que atribuirla a una falta de interés de los jóvenes en la familia o a la ley que legalizó el aborto.
Existe un cambio cultural mundial. Debido a las profundas transformaciones económicas y tecnológicas, las nuevas generaciones valoran de otra manera su autonomía, postergan la maternidad y la paternidad y ya no consideran necesariamente que los hijos sean una condición indispensable para una vida plena.
Sin embargo, una reciente encuesta nacional realizada por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) y Voices! revela que la baja natalidad no significa necesariamente que los argentinos hayan decidido no ser padres o madres. En nuestro país el 57% de las personas de entre 18 y 45 años todavía no alcanzó la cantidad de hijos que desearía si no existieran limitaciones. Las condiciones económicas y los problemas de cuidado explican el 62% de los casos en los que se tuvieron menos hijos de los deseados. Según datos de UNICEF, la pobreza infantil en Argentina sería 44,4% este año.
Por eso, más que intervenir sobre decisiones privadas, la responsabilidad del Estado debería ser garantizar que quien quiera formar una familia pueda hacerlo sin que la precariedad laboral, la falta de vivienda o la desigual distribución de los cuidados lo conviertan en un proyecto inaccesible.
La educación es quizá el primer ámbito donde el cambio golpea las puertas. Tradicionalmente el desafío en Argentina fue atender una población infantil creciente: construir escuelas, ampliar aulas y sumar docentes, pero en muchas provincias hoy la realidad es distinta. El número de ingresantes a la primaria disminuye y desde 2028 también se proyecta una reducción en el secundario. Esta aparente mala noticia podría ser una oportunidad, como señalan los expertos Rafael Rofman y Carola Della Paolera en su libro “La revolución demográfica”. Menos alumnos permitirían a los gobiernos nacional y provinciales concentrar recursos en ampliar la jornada escolar, fortalecer la formación docente y ofrecer una atención más personalizada, llevando el foco de la cantidad a la calidad. Una menor matrícula debería transformarse en mejor inversión educativa.
El mercado laboral plantea otro gran desafío, advierten estos investigadores. Señalan que el “bono demográfico” argentino durante años permitió contar con una elevada proporción de personas en edad activa respecto de niños y mayores, pero esa ventana comenzará a cerrarse en los próximos 10 o 15 años. Agregan que hay un margen limitado pero todavía suficiente para elevar niveles de productividad, incorporar tecnología, mejorar la capacitación laboral y reducir la informalidad antes de que el envejecimiento haga más pesada la carga sobre los trabajadores.
La discusión previsional es todavía más urgente, aseguran economistas. Un sistema de reparto depende de una relación razonable entre quienes aportan y quienes reciben prestaciones. Menos nacimientos significan menos futuros trabajadores y, simultáneamente, una población que vivirá más años. La mayor informalidad agrava el problema porque reduce la cantidad de aportantes efectivos. Y se suma un problema institucional. Argentina tiene un sistema previsional fragmentado entre el régimen nacional y numerosas cajas provinciales, municipales y profesionales. Cualquier reforma exigirá acuerdos entre jurisdicciones y, sobre todo, un consenso social que permita modificar el sistema sin descargar el costo sobre trabajadores o jubilados que ya sufren penurias.
Para Río Negro y Neuquén, donde las distancias, la distribución territorial de la población y las dificultades para atraer y retener trabajadores agregan complejidad al escenario, la discusión tampoco puede demorarse. La planificación de escuelas, hospitales, infraestructura y empleo necesitará incorporar esta nueva realidad demográfica.
La caída de la natalidad ya está modificando la Argentina y la peor respuesta sería seguir haciendo lo mismo que durante décadas. El país todavía tiene una ventana para prepararse. Convertirla en una oportunidad dependerá de si es capaz de transformar menos cantidad en mayor calidad, inclusión, productividad y mejores instituciones.
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