Eduardo Sacheri: confesiones de un escritor

El también profesor universitario atrajo gran cantidad de público, que colmó el salón de la librería Cultura.

Por Redacción

CHARLA EN BARILOCHE

TERESITA MÉNDEZ

Pasión de multitudes, una referencia futbolística puede motivar una respuesta plena de significado y develar profundos sentimientos. A requerimiento de una madre que expresó su deseo de comprender las lágrimas derramadas por su hijo ante el descenso a la B Nacional de Independiente, el escritor Eduardo Sacheri manifestó que “como casi todos los amores, si los mirás desde afuera, sin una mínima empatía, no los entendés”.

“Y lo digo en general. Te confieso que hay otros amores donde veo gente muy involucrada. Los políticos (por ejemplo) en cuanto a los que soy mucho más crítico, más desapegado. Discuto, me meto pero no idealizo. En cambio a Independiente lo idealizo, y lo sé”.

“Creo -agregó- que esos amores nos sirven para poner en algún sitio las cosas profundas que sentimos, para que afloren de alguna manera. Sobre todo en el mundo de los tipos, que somos, por mandatos culturales, por limitaciones de género, más básicos, más cerrados, más estructurados en general. Que a partir de un equipo de fútbol puedas mostrar tus debilidades, largarte a llorar, o ponerte a cantar… Pensalo completo, los cincuenta mil tipos que saltan en una cancha y gritan no lo hacen en ningún otro lado. Son cosas que vale la pena vivirlas. No digo que todo vale. No comparto la delincuencia, la violencia de los barras. Soy recontra, iba a decir fanático pero no me siento así, para mí es algo feo y está lleno de fanáticos el fútbol. Soy un hincha definitivo, enfermo total de un equipo”.

Profesor y licenciado en Historia, Sacheri presentó su último libro “Ser feliz era esto” el miércoles en un colmado salón de la librería Cultura. También novela fue “La pregunta de sus ojos” llevada al cine por Juan José Campanella con el título “El secreto de sus ojos”, ganadora del premio Oscar a la mejor película extranjera en 2010.

Acompañado por Martín Zubieta y consultado sobre su definición de escritor, Sacheri respondió que en su caso “es continuar escribiendo, ponerte a escribir y seguir. Por lo menos yo no estoy siempre haciéndolo, sobre todo después de terminar un libro. Durante un tiempo no me sale nada; entre que estoy cansado, que tengo la cabeza pegada al libro que acabo de terminar, que estoy haciendo el duelo de despedirme de esos personajes, porque son meses o años que has estado con esa gente. Y superada esa etapa de silencio, volver a engancharte con otra cosa. La otra (razón), que confieso que no sé si está bien o mal, es que mi familia empezó a comer de eso”.

Publicado el primer libro en 2000 aún no escribía la palabra ´escritor´ en el espacio destinado a señalar la profesión “porque vivía sobre todo de dar clases de historia. Recién hace algunos años terminó siendo más fuerte lo de los libros. Y las películas, porque no se venden tantos libros en Argentina, salvo en Bariloche que tengo en tendido que…”, bromeó. Ahora “sí puedo decir que soy escritor pero por ese razonamiento tan básico, tan de familia de inmigrantes, que sos aquello que te da de comer”.

Lucas, uno de los personajes de “Ser feliz…” no lo siente así. “Es un tipo de cuarenta y pico. Sofía, tiene 14 años. Ella toma un micro desde Villa Gesell hasta Morón. Toca un timbre, él atiende, Sofía le dice que es su hija. Cosas que pasan. Lucas no tenía la menor idea de que tenía una hija. Tiene una vida aparentemente exitosa, está casado con Fabiana y han convenido no tener hijos.

“Me gusta jugar de vez en cuando a qué hubiera pasado si… en mi caso, digo: si de repente ésto se corta. Empecé escribiendo cuentos para mí, por insistencia de mi mujer y amigos terminan en Radio Continental leídos por Alejandro Apo, puedo publicar un libro que se vende. En la vida de cada uno son muchas las casualidades que conducen a donde terminás. En este caso, un lugar muy lindo a donde terminan conduciendo”.

Interviene el azar, “cuánta gente labura bien y las cosas no le salen. Hay un montón de buenos escritores” que no son conocidos.

En esta novela no hay referencias al fútbol. “De novela en novela me gusta decir vamos a hacer algo distinto. Si en “La pregunta…” no las había, fueron agregadas para la película, ¿por qué escribo después “Papeles en el viento”? Es una historia chiquita, cuatro tipos que son hinchas de Independiente. Si bien los personajes no se me parecen necesariamente, son gente que está muy cerca de mi propia vida. Y vuelve el fútbol. Por eso para “Ser feliz…´dije: un padre y una hija, fin. Se me ocurrió que fuera contada desde Sofía, un laburo de locos” ponerse en la piel de una mujer y de 14 años”.

“Escribir es una manera de leer -añade-. Escribo el libro que tengo ganas de leer. Es una sensación muy placentera porque cuando lo hacés vas para donde vos querés. Por ahí te gusta mucho un libro pero las riendas las tiene otro”.

La apuesta “es ser sencillo y al mismo tiempo profundo. Me gusta cuando lo que me están contando me hace demorarme en cosas profundas de los seres humanos. Porque una cosa es ser sencillo y otra superficial”.

Resumió su sensación ante la novela llevada al cine en la palabra “raro”. Uno, agregó, “tendría que decir que es espectacular, es fantástico, es inolvidable, pero es raro. Porque nos ponemos a hablar de un libro y cada uno tiene uno en la cabeza, son distintos. Ahora, cuando decimos vamos a hacer una película, significa sintetizar, escoger. Benjamín no tiene la cara de Ricardo Darín. Cuando escribí el guión y Campanella me dice que los actores son Darín y Soledad Villamil hasta a mí mismo se me imponen sus caras, pero cuando leo la novela él es un tipo gastado, medio viejo, mucho más alto, canoso, con el pelo medio raleado, mucho menos buen mozo que Darín. Soledad Villamil se parece más a mi Irene. Entonces la sensación es de extrañeza”.

En la escena final en el campo, donde queda develada “una tragedia, una venganza muy loca, muy dura”, impresiona escuchar cómo en el cine los espectadores “sueltan el aire, cientos aunados en una expresión”. Sin embargo, “no me gusta la frase ´dígale que por lo menos que me hable´. La escribió Campanella a sugerencia de Aída Bortnik, estupenda guionista y una de las primeras personas que leyó el texto. Yo hubiera preferido que el espectador lo dedujera, esas son cosas de escritor. Me gusta que vos vengas, si voy a tu encuentro capaz que funciona pero si te la dejo picando y venís vos, funciona perfecto”.

Otras sensaciones aguardan a Sacheri a partir del 8 de enero, fecha prevista para el estreno de “Papeles…” en versión cinematográfica bajo la dirección de Juan Taratuto.

DeBariloche


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