El 35 por ciento de los trabajadores neuquinos está en negro



Son 26 mil personas que no hacen aportes ni tienen cobertura social. Es una multitud equivalente a la población de los barrios del oeste de la capital, y es el porcentaje más alto entre las provincias patagónicas. Tomando como base los sueldos mínimos que se registran en la capital, son cerca de 170 millones de pesos que no hacen ningún tipo de tributo a las arcas públicas.

NEUQUEN (AN).- De cien neuquinos que vuelvan a su empleo el lunes, 35 saben que su sueldo no les garantiza obra social, jubilación ni cobertura con-tra accidentes ocurridos durante su horario de trabajo y que su empleador evade al fisco. Son la multitud de trabajadores que cobra su salario en negro y equivale a la población del oeste de esta capital. Estas 26 mil personas constituyen la mayor fuerza laboral sin protección social de la Patagonia, donde esa proporción llega al 27,2%.

Si se calcularan sus ingresos sobre la base del sueldo mínimo de los empleados públicos -500 pesos mensuales, algo menor que la media de 617,7 pesos para Neuquén- la masa salarial equivaldría a 169 millones de pesos anuales por los cuales el Estado no percibe ninguna clase de ingreso. Un cálculo conservador permite establecer que la pérdida de recursos fiscales solamente en esta capital y Plottier asciende a 61 millones de pesos por año: 30 millones correspondientes a aportes del empleado y descuen-tos por jubilación y obra social, y 31 millones más por año si se trata de solamente los aportes patronales.

El trabajo en negro en el país -otra cara de la pauperización de la clase media y de la desprotección laboral creciente- aumentó desde la puesta en marcha de la convertibilidad, y según cálculos publicados por el diario “Clarín”, la rebaja de los a-portes patronales impuestas por el ministro de Economía Domin-go Cavallo durante la presidencia de Carlos Menem, significó una merma en la recaudación del Estado nacional de unos 18 mil millones de pesos. Sin embargo, ese beneficio para los empleadores no se tradujo en un inmediato aumento del empleo en blanco. Las autoridades esperaban que ese beneficio implicaría el blanqueo automático de un millón de trabajadores en el país.

En la región patagónica -excluida la provincia de Río Negro, donde el Indec realiza otra clase de medición debido a su característica mixta de rural y urbana-, la Encuesta Permanente de Hogares registró un 79% de asalariados y un 21% de no asalariados. Neuquén -acaso por su perfil comercial y de servicios, que son las actividades donde hay más evasión- está a la cabeza de la Patagonia, y a menos de cuatro puntos de la media nacional. Santa Cruz -la encuesta se realiza en Río Gallegos- es la más baja del país, con 17,4%, aunque es muy superior a mediciones anteriores.

De todas maneras, los registros patagónicos están muy lejos de los “récords” nacionales que obtuvieron las provincias del norte argentino .

Los datos oficiales de Neuquén -proporcionados por Juan Zaldarriaga, director de Trabajo-, son de 1999, cuando se calculó un 38% de asalariados en negro en la provincia. En esa época, dijo el funcionario, la subsecretaría que conduce el sindicalista petrolero Guillermo Pereyra recibió la instrucción de realizar el blanqueo de personal en las empresas, por lo cual “estoy seguro que el índice está actualmente muy por debajo” de ese registro.

Zaldarriaga indicó que las inspecciones se hacen en las zonas críticas: Villa La Angostura, San Martín y Junín de los Andes, donde “llegan muchos trabajadores de Chile para emplearse en las obras”. Se realizaron operativos porque “recibimos muchas quejas”.

Junto con comercio y servicios -especialmen-te en trabajadoras domésticas-, el renglón de la construcción es el de mayor incidencia en el trabajo en negro.

La cartera laboral instrumentará la metodología de “alta temprana”, importada de España y que consiste en cruzar los datos del CUIT -Código Unico de Inscripción Tributaria- y CUIL -Código Unico Identificación Laboral- con la base de la ANSeS de los trabajadores en negro. Zaldarriaga dijo que está en vías de aplicación en la provincia y servirá para controlar las empresas, reempadronarlas y actualizar sus datos con las nóminas actualizadas de los empleados.

Con el programa se sabrá “quiénes están inscriptos y quié-nes no”, porque actualmente “es muy difícil detectar cuándo pa-gan una parte en negro y otra en blanco”, pero, aunque generalmente se declara el mínimo, se pueden obtener los montos no blanqueados por los cheques que firman los empleadores.

Aumentó desde la convertibilidad

NEUQUEN (AN).- El aumento del trabajo en negro desde que se sancionó la convertibilidad peso-dólar en el país constituye otra coincidencia del desempeño del mercado laboral neuquino con el nacional. En el país, el incremento desde 1990 fue de diez puntos, mientras que en Neuquén creció del 25,9% al 34,6%, es decir, poco menos de nueve puntos. Pero ese año inicial, el registro en esta capital era casi un punto más alto que la media nacional.

La traducción de esos porcentajes a números reales indica una indetenible precarización laboral en el país: en los 28 aglomerados urbanos donde se mide la Encuesta Permanente de Hogares, el registro de octubre pasado indica que “salieron” -muchos nunca entraron- del sistema de seguridad social 3,4 millones de trabajadores. En Neuquén, si bien la cifra es más modesta -se trata de unos 26 mil asalariados excluidos de todo beneficio social- son mucho más que los desocupados que pueblan las listas de la ley 2.128 y los programas nacionales de empleo.

Al comienzo de la convertibilidad -ya en 1991-, el trabajo en negro llegó al 30 % de los asalariados del país, y en el área Neuquén-Plottier tenía dos puntos más que el año anterior.

La segunda gran coincidencia fue con el efecto Tequila, cuando ya las curvas comenzaron a separarse: el promedio del país superó en más de dos puntos al neuquino y se mantuvo prácticamente igual durante la década, hasta llegar a las cifras actuales. El índice nacional trepó al 30% en los últimos años y llegó al récord de 38,6% registrado en octubre de 2000.

El caso neuquino marcó su techo hace dos años y medio cuando, en octubre de 1998 se registraron 25.020 trabajadores en negro en el área de compulsa. A partir de entonces, el índice -que había llegado al 35,4%- descendió 0,8%.

El aumento en números reales se debe a la incorporación de los jóvenes a la población económicamente activa.

El salario promedio tuvo una caída de cien pesos desde 1993

NEUQUEN (AN)- Desde 1993 la erosión salarial para el trabajador neuquino fue de cien pesos, aunque su sueldo promedio subió en un año un escaso 8%. En octubre de 1993 los asalariados de esta capital y Plottier llevaban a sus hogares un promedio de 714 pesos. Siete años después, ese promedio cayó 13,5%.

La curva salarial descendente se dibujó en forma paralela con la transformación de la actividad económica del área Confluencia desde, por lo menos, 1995. El desembarco de las grandes cadenas de consumo, la poda de los salarios de los empleados públicos provinciales durante el gobierno de Felipe Sapag -que restringió el circulante y causó la redefinición del gasto para las familias- y la flexibilización laboral -fundamentalmente en el sector servicios y comercio, que fue el de mayor crecimiento de la década reciente- modificó profundamente el perfil de la capital provincial.

El piso salarial fue en 1999, cuando la media era de 572,50 pesos -con una amplia brecha salarial entre varones y mujeres- pero la caída más brusca ocurrió entre 1994 -con un promedio de 718,15 pesos mensuales- y 1996, fecha en que el salario llegó a 577,40 pesos.

Según un estudio del Idep -Instituto de Estudios sobre Estado y Participación-, vinculado con la Central de Trabajadores Argentinos, CTA, el sueldo promedio de 1999 representaba, a valores constantes, el 38,5% del que un asalariado cobraba, por las mismas funciones e igual carga horaria, en 1975.

En el mismo trabajo, titulado “La economía argentina luego de la dictadura”, el Idep explicó que en las 500 empresas de mayor tamaño en el país se produjo entre 1993 y 1998 una evolución positiva del salario en un 20%.

Simultáneamente, la productividad laboral durante esos cinco años creció el 50%, por lo cual “se infiere una significativa transferencia de ingresos” desde el sector asalariado al patronal.


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