El arte y la tradición de la esquila de ovejas
“Río Negro” presenció paso a paso la actividad. Fue en la estancia San Lucas de la Línea Sur.
TEXTOS: JOSE MELLADO @rionegro.com.ar FOTOS: ALEJANDRO CARNEVALE alejandroc@rionegro.com.ar
Es 1 de octubre y comienza la esquila de la zafra 2005/2006 en Estancia San Lucas, en el corazón de la Región Sur rionegrina.
Faltan pocos minutos para las 6. Amanece. Los primeros rayos de sol comienzan a asomarse detrás de los cerros para descongelar la gruesa escarcha que dejó en las aguadas los 13 grados bajo cero de la noche y calentar la fría mañana.
El humo de las chimeneas anuncia el comienzo de una larga jornada cargada de trabajo.
Unos pocos mates con tortas fritas son suficientes para darle calor a cuerpo y prepararse para encarar lo que resta del día con energías.
En el viejo galpón de chapas y tirantes de pinotea, Julio Gudiño afila los peines y las cortadores, cuenta las “latas” que ganará cada esquilador por sacarle la lana a las ovejas y prepara cada uno de los elementos que se utilizarán. Es el propietario de la máquina esquiladora “La Charita”, integrada por una comparsa de 18 personas. Comenzaron la zafra esquilando en el primer campo el 14 de setiembre y no volverán a sus casas hasta enero.
A medida que se acerca la hora señalada, y mezclados con los peones de la estancia, los esquiladores van llegando de uno al lugar.
Unos para comenzar a esquilar y otros ensillan los caballos y salen al campo.
Después de cinco o seis vueltas el viejo motor “Industrial Plus” se pone en marcha y 11 HP de potencia comienzan a mover las correas y los “movimientos” que, como si fueran brazos humanos, parecen cobrar vida.
Siete esquiladores ocupan sus puestos y enganchan las “manijas” a los “movimientos”. Queda un lugar libre que ocasionalmente suele ocupar el propietario de la máquina. Puntualmente a las 6.15, con un grito, Gudiño anuncia el comienzo del primer cuarto de esquila que terminará estrictamente a las 9.15.
Una gran máquina compuesta por hierro y humanos se pone en marcha. Cada engranaje debe funcionar a la perfección y en forma sincronizada porque si una pieza falla, perjudica a las demás y retrasa parte del trabajo.
Rápidamente, los “agarradores” salen al corral en busca de una oveja para cada esquilador. El peine se hunde en el pecho del animal y tres minutos después queda sin lana. El “playero” le toca la espalda al esquilado para indicarle que le depositó la “lata” en el latero. Recoge el vellón de lana y se dirige a la mesa de clasificación. Detrás de él alguien barre los pedazos de fibra y los coloca en el cesto de “recortes”.
Después de dos o tres vueltas en la mesa, donde se le quitan las partes de lana con “punta amarilla” –orín del animal-, el “vegetal” y la “pintura”, el vellón se deposita en la prensa. Varios minutos después quedará enfardelado y listo para pesar y estibar. Son las 9.15 y termina el primer cuarto.
Lejos, hacia el oeste, los ladridos de unos perros y la polvareda indican que se aproxima una “punta” ovejas que los peones salieron a juntar antes del amanecer.
Mientras tanto, en la cocina, don Besabé Del Castillo tiene listo el desayuno y se prepara para faenar un capón para el almuerzo. En los corrales, los peones embretan las ovejas del arreo bajo la atenta mirada del capataz de la estancia: don Timoteo Castillo o “Tata”, como lo conocen sus amigos.
Luego de 45 minutos de descanso, los esquiladores vuelven a ocupar sus puestos. El sol se esconde entre unas nubes pasajeras y una leve brisa deja en su paso un poco de aire fresco. Nuevamente la máquina se pone en marcha para el comienzo del segundo cuarto que terminará dos horas y cuarto después. Es mediodía. En el fogón está listo el asado. Después de asearse, un esquilador corta una costilla de la media res de capón cocinada a las llamas en el asador. Le siguen los demás y en pocos minutos solo quedan los huesos.
Sin perder tiempo, los más jóvenes juntan trapos viejos para una pelota y arman un “picado” al costado del rancho.
Notas asociadas: Un trabajo sacrificado que recorre campo por campo
Notas asociadas: Un trabajo sacrificado que recorre campo por campo MAS FOTOS: fotos I fotos II
TEXTOS: JOSE MELLADO @rionegro.com.ar FOTOS: ALEJANDRO CARNEVALE alejandroc@rionegro.com.ar
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