El ascenso del Leeds en “modo Bielsa”

Marcelo Angriman *

Para algunos es un vendehúmos que nunca ganó nada importante. Para otros Carlos Gardel y Alfredo Lepera juntos.


Sus largos razonamientos, en los que evidencia una denodada búsqueda por cada palabra a utilizar, son para sus adeptos cátedras magistrales, mientras que para sus detractores el preámbulo de una siesta.


De lentes, entrado en kilos y con una incipiente calvicie, su imagen dista de los estereotipos de belleza y velocidad que el marketing actual exige.
Sin embargo, Marcelo Bielsa es un influencer de la vieja guardia. Serio, trabajador y reconcentrado, es uno de los escasos técnicos a nivel mundial que tiene hinchas propios.


Por ello no es extraño que gran parte de la afición argentina e internacional hayan estado tan pendientes de la EFL y de la suerte de su club, el Leeds, al que pudo devolver a primera tras 16 años de permanecer en el ostracismo.
Un equipo que supo ser leyenda en las grandes ligas europeas por la década del 60 y que venía de un traspié en otro, en su intento de retornar a la discusión mayor.


Es que la segunda división inglesa es un extenuante torneo, muy físico, donde la regularidad es clave. Víctima de tal maratón fueron los propios “whites” de Bielsa, quienes tras liderar la edición anterior durante casi todo su desarrollo, sucumbieron a centímetros de la orilla.
Tan impactante desilusión fue el germen de un nuevo intento, en un claro voto de confianza de la dirigencia y de la comunidad, hacia el técnico y sus jugadores.


Con sus ideas y comportamientos, el rosarino motoriza no solo las piernas de sus jugadores, sino también a la sociedad de la que forma parte el club al que dirige. Ello no es nuevo; lo logró en Chile cuando dio a su fútbol un salto cualitativo, reforzando así la autoestima deportiva del pueblo trasandino.


En Bilbao o Marsella, tras muy buenas campañas, también dejó su huella indeleble. En nuestro medio es un conductor admirado por sus ex dirigidos y colegas, Diego Simeone, Nelson Vivas, Germán Burgos, José Luis Chilavert, Juan Sebastián Verón o Javier Zanetti, entre otros.


Creador inconsciente de una escuela de entrenadores de la que forman parte Pochettino, Martino, Berizzo, Vivas, Sampaoli, Llop o Pautasso, sus métodos de entrenamiento son apreciados internacionalmente por su rigor e intensidad, habiendo sido el Estadio de Newell’s bautizado con su nombre.
El francés Salim Lamrani, doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos, quien ha decidido seguirlo como intérprete, tanto en el Lille como en el Leeds United, lo ha definido como “un personaje atípico en el mundo del fútbol. Intelectual y apasionado, que se compromete cabalmente con su vocación que consiste en preconizar un hermoso juego de ataque, que llena de alegría a sus aficionados”.


Referente de Pep Guardiola, Cachito Vigil, Julio Velazco, el santafesino es un hombre que se cuestiona, argumenta y detecta permanentemente paradojas, tanto del deporte como de la vida.


Con sus ideas y comportamientos, el rosarino motoriza no solo las piernas de sus jugadores, sino también a la sociedad de la que forma parte el club al que dirige.



Pero hay tres hechos puntuales que lo marcan en esta última etapa inglesa. Uno fue el de obligar a sus jugadores que permitan a Albert Adomah del Aston Villa anotar, luego de una conversión propia mal habida. Dos, el tener que reintentar conseguir el objetivo tras la malograda recta final sufrida. Tres, haber asumido su participación en el espionaje al Derby County y otros adversarios, deslindando la responsabilidad de su club y aceptando la decisión impuesta por la Federación.


Por otra parte, han tomado estado público las donaciones de Bielsa para los trabajadores del Leeds durante el paréntesis de la cuarentena, tal como en otras oportunidades lo hiciera con la selección chilena o su querido Ñuls, demostrando así, una inusual sensibilidad social.


Son todas estas cuestiones las que mimetizan al deporte con la cultura del lugar, hasta convertirlos en una misma cosa.
A esta altura cabe preguntarse: ¿cuál es la clave de la empatía que genera un personaje tan circunspecto?


Podríamos arriesgar a que es alguien que da identidad de juego a su equipo, que es ofensivo, intenso y que potencia a cada uno de sus dirigidos. Alguien más audaz sugerirá que encolumna a toda una comunidad detrás de su club y no faltará quien diga que es un líder positivo. Es probable que cualquiera de tales razones sean ciertas.


Particularmente, prefiero volcarme por una respuesta más sencilla. En tiempos donde se pondera lo efímero y banal, muchos queremos que alguna vez triunfe el que trabaja duro, el que mordiendo el polvo de la lona aún atina a levantarse, el que no negocia sus ideales. Que gane por fin el sufriente, el obsesivo en lo suyo; el que cultiva esperanzadamente, en tiempos de tierra yerma.


*Abogado. Profesor Nacional de Educación Física. Docente Universitario.


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