El Bicentenario, un antes y un después

Por Redacción

–Probablemente, los millones que los vieron en los festejos por el Bicentenario hayan salido transformados y tal vez el objetivo primigenio del arte sea ése. ¿Para ustedes cómo fue? –Claro. Había hecho teatro callejero antes y la calle es una locura. Es algo que no pasa arriba de un escenario. Por cómo está el espectador, por cómo llega, por cómo se queda… –Tal vez se involucra de otro modo, en un plano más cercano, más de igualdad… –Totalmente. Por eso no tenemos escenario ni esa formalidad del artista arriba de un escenario. Acá no hay “arriba”. Terminamos una función y salimos a tomar una birra. Somos gente que está trabajando, amamos lo que hacemos, la pasamos extremadamente bien, pero somos gente normal. Y mantenemos eso. Por eso laburamos codo a codo con el técnico. Por eso cuando hicimos lo del Bicentenario, lo que iba a ser una pasada de 45 minutos terminó siendo una pasada de cuatro horas, con Diqui parado en la calle pidiendo a la gente que nos deje pasar. No es un director sentado en el palco al lado de Cristina. Es un artista para la gente y por suerte podemos juntar la guita para seguir haciendo lo que queremos. –¿Sienten que los instaló haber participado en el Bicentenario? –Totalmente. Lo añorábamos mucho. Afuera éramos una de las compañías más importantes de teatro físico del mundo, con reconocimiento de la prensa y la rompimos en todos lados. Londres, la cuna del teatro, fue increíble para nosotros y la crítica nos alabó. Estuvimos tres meses y medio en la calle. Nunca se había hecho una gira tan grande. Pero en Argentina no nos conocía ni el loro y explotó con el Bicentenario. Es nuestra idiosincrasia y es un show nuestro: queríamos que en nuestro país pasara esto, queríamos llegar acá. De hecho, tenemos un par de integrantes que son de esta zona.


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