El big data no es el demonio

Por Redacción

Muchos de ustedes habrán escuchado la expresión “big data”. La acumulación de información es inevitable. Cada persona tiene un celular en su bolsillo, una notebook en cada mochila y sistemas informáticos funcionando en las oficinas de todo el mundo conectados a la nube. Pero esa enorme acumulación de datos no es el demonio. Corría el 2009 y aparecía un nuevo virus de la gripe llamado gripe aviar (H1N1), que se expandió rápidamente por todo el mundo con temor a que se convirtiera en pandemia. Como no había vacunas disponibles, una de las soluciones era ralentizar su propagación, pero para ello debían saber hacia dónde se estaba propagando; es decir, necesitaban tener esa información con la misma rapidez con que se movía el virus. En Estados Unidos los centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) obtenían la información de los propios médicos, pero el retraso que generaba procesar esa información y el hecho de que muchas personas acudían al doctor días después de haberse contagiado dificultaban la predicción de hacia dónde se estaba propagando el virus. Ingenieros de Google descubrieron que tenían la capacidad de predecir la propagación del virus no sólo en el mundo sino en regiones más acotadas, como ciudades o pueblos. ¿Cómo lo lograban? Analizando las búsquedas de las personas en internet, aprovechándose de los casi tres mil millones de consultas diarias que recibía el buscador. Diseñaron un sistema que buscaba correlaciones entre la frecuencia de ciertas búsquedas de información y la propagación de la gripe a lo largo del tiempo y el espacio. Es decir, primero buscaron las palabras clave que pudieran tener alguna relación con la enfermedad sin caer en el facilismo de utilizar “gripe” o “remedio para la tos y la fiebre”. Procesaron un total de cuatrocientos millones de modelos matemáticos para poner a prueba los términos de búsqueda comparándolos con los casos de gripe registrados por la CDC dos años antes (2007 y 2008). De ese modo, y aprovechándose de la enorme información que tenían, hallaron cuarenta y cinco términos de búsqueda y lograron predecir la propagación de la enfermedad en tiempo real. Entonces, la acumulación de datos que hacen las empresas no es el problema, sino cómo se usan. Para ello debemos exigir transparencia. Simplemente debemos saber qué información nuestra tienen las empresas, qué están haciendo con los datos y para qué los usarán. (*) Abogado especializado en derecho informático

SEBASTIÁN A. GAMEN (*)