El budismo tibetano: una alternativa para el buen morir

BUENOS AIRES (Télam).- El libro «Vivir sin arrepentimientos», de Arnaud Maitland, parte de la experiencia del autor frente a la muerte de su madre por el mal de Alzheimer y profundiza en las enseñanzas del budismo tibetano como una alternativa para acompañar de la mejor manera a las personas moribundas.

Recién publicado por Grupo Editorial Norma, el libro está prologado por el maestro tibetano Tarthang Turku, quien menciona estos tiempos de incertidumbre y duda para proponer al lector el descubrimiento de un saber «más genuino» basado en las enseñanzas de Buda.

De paso por Buenos Aires, ciudad donde estos días da una serie de conferencias, Maitland hizo hincapié en la forma de acompañar a alguien querido que se muere: «Los pensamientos ya no importan más, es la presencia. La persona que está enferma se relaja si se siente querida y cuidada». Pero no se trata del otro, «el cambio nos involucra a nosotros», afirmó el instructor de una práctica milenaria que lo ayudó a superar los sentimientos de impotencia, culpa, rabia, confusión y miedo por la muerte de su madre.

«El Buda no enseña a aprovechar la oportunidad que nos brinda la vida para ser más plenamente humanos enfrentando las experiencias sin culpa ni acusación», reflexiona el autor en el libro.

En una entrevista realizada en la librería Grand Splendid-El Ateneo, Maitland contó que lo interesante de las enseñanzas «es que te sensibilizan, con la mente uno piensa pero cuando algo es realmente importante se produce un calentamiento físico. El punto es que estás excitado por la vida, feliz de estar vivo».

Uno de los conceptos que el autor maneja a lo largo del libro es la noción del tiempo: «Es mucho más poderoso de lo que somos nosotros», definió.

«Es la única cosa más poderosa porque un día la muerte llega y eso es el tiempo. No es oscuro pensar en esto. El que sabe que el final llega se despierta a la vida. Es tu última oportunidad. Vivir con el tiempo lo vuelve a uno mas vivo», aseguró Maitland.

«El tiempo se encuentra siempre presente y podemos aprender a abrazarlo como un aliado -escribe-. Así como nos alegra la presencia del sol, podemos también recibir bien al tiempo, agradecidos por un día más de vida. Prestando atención al reloj, podremos apreciar mejor el poder del tiempo y su estrecha relación con nuestra vida».

También, el autor desarrolla la idea de la lentificación del tiempo: «Nuestra idea habitual del tiempo es una secuencia lineal desde-hacia. Pero si observamos el espacio temporal entre el 'desde' y el 'hacia' y somos conscientes de sus ínfimas fracciones de tiempo descomponiendo cada momento en muchos otros, descubrimos nuevos mundos de vivencias».

Maitland insiste en que no hay transiciones entre momentos y el tiempo no tiene divisiones entre pasado, presente y futuro. El tiempo para moverse únicamente cuando estamos desconectados de su vivencia. Es entonces cuando pensamos que transcurre».

«Cuando condensamos la vivencia del tiempo en unidades cada vez más pequeñas, los huecos entre conciencia y tiempo se disuelven. Es difícil tratar de describir en palabras la vivencia del tiempo, pero quizá la que más se acerque sea: el punto cero», explica el instructor y sugiere al lector distintas ejercitaciones. El tiempo cambia, «pero está siempre ahí y de esa forma sentimos la belleza de la vida», menciona.

El budismo tibetano alienta a interesarse en el proceso de la muerte cuando uno goza de buena salud para ayudar a otros cuando se están muriendo. Desde esa perspectiva, cada capítulo del libro va enhebrando el proceso de la enfermedad de la madre del autor hasta su muerte con las enseñanzas lo que le da al texto un tono didáctico y poético a la vez.


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