El carnaval del modelo
MIGUEL ÁNGEL ROUCO (*)
Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos”, Mateo 7:17. El final del ciclo kirchnerista está llevando el país a un verdadero caos. Desde el Palacio de Hacienda no se acierta en las medidas económicas y la confianza va acentuando su deterioro. Los únicos lazos que atan al gobierno a la realidad pasan dramáticamente por el magnicidio del fiscal que va colocando al gobierno más cerca de la tormenta política. El resto es un desconcierto absoluto. Mientras el gobierno da señales para que se recupere la confianza en el peso, los agentes económicos definieron su preferencia por la moneda extranjera, en momentos de escasez de dólares. Hasta el propio presidente del Banco Central, Alejandro Vanoli, desafía el llamado a pesificar liderado por la propia presidenta Fernández y sube las tasas de referencia para las Lebac, en dólares, para las colocaciones de los bancos y de los ahorristas. Los pocos recursos en divisas se esfuman. En nueve días de febrero, los ahorristas se llevaron casi 300 millones de dólares y el BCRA tuvo que vender en el mercado mayorista otros 140 millones de dólares adicionales. Esto pone al descubierto la política económica del ministro Kicillof, las consecuencias de devaluar sin hacer un ajuste fiscal y mantener tasas de interés en pesos negativas. Hay más pesos en el mercado que nadie quiere y que el BCRA debe absorber con títulos. Las letras del BCRA alcanzan casi 30% del pasivo total de la entidad. Si el stock de letras es elevado, el BCRA se verá obligado a subir las tasas de esos títulos, entrando en un círculo perverso. El esfuerzo que hace el BCRA es enorme, pero la administración Kirchner no acompaña con una baja del déficit, lo cual hace estéril la absorción de liquidez. Si el BCRA paga las letras –capital más intereses–, habrá más pesos en la calle y otra vez habrá que absorber liquidez con más letras, aumentando el pasivo. Los problemas se complican cuando los activos del BCRA empiezan a disminuir aumentando la ponderación del pasivo sobre el patrimonio neto. La utilización de las reservas superará largamente, en el 2015, la libre disponibilidad y es probable que se extingan hacia fin de año. El mercado está advirtiendo esto y va tomando posiciones. El dato no es menor, ya que esta asfixia de reservas puede llevar a una nueva crisis bancaria como en el 2001. La persistencia del déficit fiscal va a provocar que el BCRA quede vacío. Las señales siguen siendo confusas, ya que el gobierno no baja el gasto público y ahoga al sector privado negándole divisas para importar insumos. El galimatías es absoluto. La administración Kirchner va llevando la economía a una parálisis con alta inflación, con severas consecuencias para el empleo y el salario. A la aguda recesión se le suman los acuerdos firmados con China que amenazan con desplazar a las empresas locales de la participación en obras financiadas por el imperio chino. Las objeciones planteadas por la Unión Industrial Argentina no son menores. “Si los términos de los convenios firmados nos dejan de lado, no quiero pensar lo que dice el acuerdo en la letra chica”, confió un integrante de la central fabril. La reunión entre miembros del gabinete nacional y la mesa de la UIA resultó muy áspera y en duros términos por ambos lados. “Si ustedes no quieren participar, lo harán los chinos por sí solos, pero los acuerdos los vamos a cumplir”, amenazaron los funcionarios. Los industriales no se quedaron atrás y replicaron que denunciarían “los términos del acuerdo porque esto afectaba la ley de Compre Nacional y dejaría de lado a empresas y a trabajadores de las grandes obras”. Esto elevó la temperatura de la reunión hasta un límite insostenible, lo que llevó al presidente de la UIA a llamar a la calma a los presentes y a convocar a los técnicos para analizar más en detalle los documentos. El clima de tensión se vio alimentado porque el gobierno terminó de reglamentar la ley de Abastecimiento y depositó en Kicillof –vía Augusto Costa, secretario de Comercio– el poder sancionatorio sobre las empresas. Hay inflación. No hay divisas y sobran pesos que nadie quiere. El déficit fiscal va en aumento. La economía está en recesión y el gobierno amenaza a las empresas con sanciones. Son las consecuencias del modelo. (*) Analista económico de DyN