El delito deja marcas en los barrios neuquinos

Las vecinos hablan de los momentos traumáticos. Hay un antes y un después entre las víctimas.

Por Redacción

NEUQUÉN

NEUQUÉN (AN).- El delito deja huellas físicas y psicológicas. Las víctimas que viven para contarlo tienen un antes y un después. Así se desprende del relato de los traumáticos episodios vividos.

Marisa es vecina del barrio Banco Provincia, ubicado entre Melipal y Villa Ceferino. El 15 de mayo de 2009, cuando su hija de 17 años volvía de la escuela, a plena luz del día, a las 13:30, fue interceptada por un joven. La chica bajó del colectivo que pasa por la esquina de su casa y al ingresar a su morada lo hizo acompañada de una persona de 25 años.

“Era un pibe lindo, pensé que un compañero de ella, nunca me imaginé lo que iba a pasar. No me voy a olvidar nunca más. Le pregunté qué pasaba y me hacía gestos; ahí me di cuenta. Le grité al tipo que la deje, que se vaya, pero la agarró del cuello”, recuerda.

Marisa es madre de seis hijos. Ese día, en la casa solo estaban dos de los chicos: el mayor de 20 y una pequeña de 10. “Mi hijo estaba estudiando en la mesa y se levantó para ver lo que pasaba. En ese momento el desconocido nos empezó a empujar para el baño, nos pedía la plata. Cuando mi hijo lo quiso agarrar sacó un machete enorme y me lo partió en la cabeza”, comentó. Marisa muestra la cicatriz que se extiende desde su ceja izquierda, unos diez centímetros hacia su cuero cabelludo.

Luego de un forcejeo, su hijo redujo al agresor y le dio una paliza. Desde entonces la vida fue diferente para ella. “Vivís con miedo, con incertidumbre, hice tratamientos psicológicos por años. Siento vértigo por cualquier cosa”, concluyó.

Delia, del barrio Belgrano, explicó cómo fue el “después” de un violento robo que sufrió una inquilina suya sobre calle Libertad al 1200. El pasado 11 de diciembre, un joven de 16 años ingresó al departamento que se ubica al fondo de la casa, construido sobre un quincho.

Aún no saben cómo hizo, pero el ladrón ingresó por una ventana que está a cuatro metros de altura y en el interior se encontró con la joven de 31 años. La atacó con un cuchillo y le produjo profundo corte de 30 centímetros de largo en el brazo derecho. “El agresor- no había consumido drogas, ni alcohol, estaba lúcido”, relató Delia. Agregó que “mientras la chica estaba internada, al pibe ya lo liberaban”.

Sobre Pedro Moreno al 2300, en Villa Ceferino, vive Carlos. Hace 6 meses robaron en su casa. “Fue un hecho aislado, pero no te podes confiar. Uno cree que nunca le va a pasar. Por algunos días no podés dormir (…) así como digo que esta parte es tranquila, haces una cuadra y te podés encontrar cualquier cosa”.


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