El día del juicio por un robo anterior, lo asaltaron otra vez

La víctima fue la despensa “Nahuelito” de calle 9 de Julio. El miércoles se conoció la condena por un asalto del año pasado, y la misma noche ingresó un joven armado y se apoderó de la recaudación.

Redacción

Por Redacción

SEGURIDAD

Marcos observó por la ventana de su comercio que un sujeto miraba para el interior del local. Ya estaba de noche y el comerciante intuyó que algo raro pasaba. Resolvió salir al exterior para ver de cerca al extraño, pero cuando se aproximaba a la puerta de acceso, el desconocido entró portando un arma y lo sorprendió.

Marcos se preparó para lo peor. Recordó el violento asalto que sufrió el 16 de agosto del año pasado. En esa ocasión, dos jóvenes ingresaron al comercio “Nahuelito”, que está ubicado en la intersección de 9 de Julio y Brown. Uno de los asaltantes le aplicó un culatazo, que le causó una herida en el cuero cabelludo, le gatilló el arma que portaba y le aplicó algunos puntazos en la espalda con un cuchillo. Además, a la joven empleada la obligaron a arrojarse al suelo y la patearon.

Por ese hecho, la Cámara Criminal Segunda condenó a 4 años de prisión a Sandro Fabián Bonefoi y Aníbal Miguel Riquelme y le impuso 3 años de cárcel a Maximiliano Betancurt, quien fue excarcelado porque ya cumplió una parte de la pena.

La sentencia se conoció el miércoles al mediodía y homologó un acuerdo alcanzado en un juicio abreviado. Marcos ni se enteró del acuerdo. Horas más tarde, dos sujetos asaltaban el comercio. “Ahora, tenemos que agradecer que no nos agredieron”, señaló el comerciante.

Dijo que el robo ocurrió el miércoles alrededor de las 19.30. En el comercio estaba con la empleada y una clienta. El asaltante que portaba el arma obligó a la empleada y a Marcos a tirarse al suelo. Luego, se dirigió a la caja registradora y se apoderó de la recaudación de la jornada. Antes de retirarse les robó los celulares. El sujeto no le robó nada a la clienta. Ni siquiera la amenazó. El comerciante no pudo identificar al sujeto porque ocultaba su rostro con una bufanda, un gorro y una capucha. Tampoco pudo observar al cómplice.

Marcos ya sufrió tres asaltos en un año. También soportó robos en su casa. “Lamentablemente tenés que seguir porque tengo una hija y una señora y es la única fuente de trabajo que tengo”, explicó. En cambio, la empleada dijo basta y renunció. “Por la inseguridad, la empleada se quedó sin trabajo”, lamentó Marcos.

Personal de la comisaría 28 concurrió al lugar, pero no pudo ubicar a los autores del robo. El comerciante no cuestionó a la Policía. Sin embargo, responsabilizó a los jueces “porque hacen lo que quieren. La Policía los detiene y los largan al poco tiempo”.

DeBariloche


Temas

Bariloche

SEGURIDAD

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora